El doctor Chopra comienza por examinar algunos de los interrogantes más urgentes con los que se enfrentan los médicos:

¿Por qué algunos pacientes hacen “todo lo correcto” y no mejoran?

¿Por qué los enfermos terminales a menudo parecen aliviados, casi felices, como si morir les enseñará por primera vez cómo vivir?

El ser humano, ¿aprende solamente a través del sufrimiento o hay otra forma de encontrar sentido y plenitud en la vida? Vida sin condiciones
relata infinitos casos reales, abordando disciplinas que van desde la física moderna y la neurociencia a las tradiciones antiguas de la sabiduría de la India.

En los diez o veinte últimos años, la medicina ha debido abrirse a temas que, en el pasado, nunca pudo enfrentar a gusto. Los pacientes quieren saber por qué sufren, lo que no es novedad, por cierto; pero cuando plantean la pregunta, sus implicancias más profundas se niegan a permanecer sepultadas.

No se conforman con saber por qué les duele el estómago, los intestinos o el pecho. “¿Por qué sufro yo?” es la disyuntiva. Y aun después de apaciguar la
úlcera, desbloquear el intestino o extirpar el tumor de mama, el paciente vuelve con la aflicción en los ojos.

Llevado hasta el límite de mi supuesta pericia, he pensado en ese sufrimiento y tratado de observar con la mayor atención a las personas que tienen la franqueza de enfrentarme a él.

Así he efectuado algunos descubrimientos sorprendentes. En el medio de la vida cotidiana parece haber un agujero, como si alguien hubiera arrojado una piedra a través de un vidrio blindado.