Sentir la presencia de Dios a cada momento y configurar el mundo de manera positiva, mediante un equilibrio armónico entre el pensamiento, el lenguaje y el control de las emociones. 

Algunos autores sostienen que se puede escribir un libro como “experiencia” o un libro como “verdad”.La experiencia es siempre individual y subjetiva. La sabiduría popular dice que de poco sirve la experiencia ajena y que únicamente se aprende de la propia.

Esto significa, en realidad, que la experiencia para ser tal, hay que vivirla; es una “vivencia”. Cuando alguien nos transmite una experiencia, ésta se convierte más bien en un conocimiento intelectual. En cuanto a la “verdad”, se han escrito ríos de tinta para elucidar este concepto.

Algunas verdades, como “2+2 = 4” o “Si A es mayor que B, entonces B es menor que A” son puramente racionales y parten de axiomas convencionales y arbitrarios. Estas son las verdades de la matemática y de la lógica.

Otras verdades, como la de ciencias empíricas, son siempre provisionales y enmarcadas en la teoría que las explica. Se contrastan a través de la observación y la experimentación y deben confirmarse en todos los casos que se observe o se repita el experimento.

Hay verdades, que se aceptan por revelación o porque quien las sostiene es autoridad reconocida en la materia. Son acatadas dogmáticamente. También hay verdades, o mejor dicho certezas, que emanan del corazón, la fe, la intuición, la fuerza interior de la convicción.

Pascal decía que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Parafraseándolo, podría decirse que hay verdades que se manifiestan sin explicación, ya que la explicación no puede manifestarlas. Son verdades inefables. Quizá la manera más viable de decirlas sea a través del Arte.