Tras La Virtud, PDF, Alasdair Macintyre

Tras La Virtud

MacIntyre y un clásico de la filosofía moral contemporánea. El texto satisface con maestría dos objetivos: hacer un diagnóstico brillante de la moral de nuestro tiempo. Y erigirse en pionero de una corriente que no ha dejado de extenderse desde entonces el comunitarismo.

El autor, sin embargo, posiblemente rechazaría cualquier intento de clasificarlo en una u otra corriente de pensamiento. Su estilo filosófico es el de un provocador y crítico radical incluso consigo mismo.

Cuenta en el prólogo, a Tras la virtud que lo que le movió a escribirlo fue principalmente el disgusto ante el quehacer filosófico al uso.

Esa manera de hacer filosofía como una investigación independiente del resto de las ciencias sociales. Válida por sí misma, al margen de la historia y de los datos empíricos.

Opina MacIntyre, que por lo menos, la filosofía moral no se puede hacer así. Puesto que no existe la moral en abstracto, sino morales concretas, situadas en tiempos y espacios determinados. En culturas y entornos sociales específicos.

La filosofía moral no es una disciplina separada de la historia, la antropología o la sociología. Es ilusorio ese punto de vista imparcial desde el que supuestamente se alcanzan los principios y las verdades universales.

La tesis de MacIntyre está explícitamente resumida en el título, Tras la virtud, un título que recoge la ambivalencia característica en muchos fenómenos de nuestro tiempo. El diagnóstico que nuestro autor hace de la moral en las postrimerías del siglo XX es desalentador: el ethos configurado por la modernidad ha dejado de ser creíble, el proyecto ilustrado ha sido un fracaso, es inútil proseguir la búsqueda de una racionalidad y de una moralidad universal, como pretendió hacer el pensamiento moderno.

Nuestra modernidad o postmodernidad se encuentra en un estado caracterizable como más allá o después de la virtud. Lo cual significa que hoy ya no es posible un discurso como el de Aristóteles sobre las virtudes de la persona.

Porque, entre otras cosas, carecemos de lo fundamental: un concepto unitario de persona. De hecho, hace siglos que perdimos esa unanimidad sobre el telos humano que compartieron los griegos o los cristianos medievales.

Tampoco es posible demostrar, legitimar o fundamentar la universalidad de nuestros principios morales. La supuesta universalidad de los derechos humanos o la vigencia de la moral utilitarista son dos creencias morales de nuestro tiempo se sustentan en una ficción.

En realidad, nuestro mundo es caótico y desordenado en lo que a creencias morales se refiere, una mezcolanza de doctrinas. Ideas y teorías que provienen de épocas y culturas lejanas y distintas.

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