Tónico para el alma, Reflexióes, Meditación

En el mundo moderno la mente tan sólo conoce un templo vacío ya que se ha olvidado completamente de aquel que lo habita, de tal forma que adoramos al templo pero no recordamos a Dios.

Sin conocimiento alguno acerca del verdadero centro de la vida, no dejamos de movernos ni de ser indulgentes en su periferia.

La gloria del cuerpo humano no está en sí mismo dado que éste es sólo el anfitrión. La verdadera gloria está en el invitado, en aquel que lo habita.

Si te olvidas del invitado, entonces es pura indulgencia tuya. Por el contrario, si recuerdas y procuras al invitado, amar y celebrar al cuerpo, se hace parte de tu adoración a la vida.