El duelo es un proceso, y esa palabra reúne dos conceptos fundamentales: el de cambio y el de tiempo. Ninguna otra situación vivencial es tan clara expresión de la idea de proceso que el momento de vivir un duelo.

Crear un duelo no es olvidar lo perdido, ni despreciar lo que no esta. Crear un duelo es ser consciente de lo que dejo en mi aquello del pasado y agradecer a la vida el haberlo encontrado; haberlo vivido aunque sea por el corto o largo tiempo que estuvo a mi lado.

Crear un duelo no es hacer desaparecer la cicatriz, es encontrarme con ella casualmente al bañarme; acariciarla y darme cuenta de que ya no me dude al tocarla. No importan demasiado las circunstancias, un cambio, una ruptura, una muerte; siempre hay un duelo por delante cuando algo de lo vivido queda atrás. Y lo que sigue sera mejor o peor, o igual de bueno, de malo o de intrascendente.

De todos modos, habrá un duelo que crear por lo que ya no esta. Por supuesto que un divorcio no es un motivo de festejo, pero tampoco debería ser motivo de suicidio. Divorciarse es dejar de apostar por una pareja y, por lo tanto; es una perdida, por lo menos de una ilusión, de un sueño, de un proyecto.

Separación del vinculo

Pero no es dejar de apostar por la pareja en general: sobre todo si somos capaces de entender que es mas importante divorciarse del vinculo que separarse de la persona. Esto sera lo único que garantice la posibilidad de establecer un vinculo diferente la próxima vez, con otra persona o con la misma.

Cuando esta reconstrucción no es posible en un matrimonio, ademas de un divorcio hay una separación y, entonces; un fracaso luego un duelo y por ello un dolor.

La autora nos propone que dividamos ese dolor en dos grandes penas: El dolor que sentimos por todo lo que había y no hay, es decir, por todo lo que termino; y el dolor que sentimos por todo lo que no termina, esto es, por no poder desprendernos de algunas cosas, de algunos recuerdos, de algunas historias y aventuras compartidas.

Dolor que nos obliga a darnos cuenta de que no todo termina tan rápida ni tan fácilmente; que detrás de un final hay todavía demasiadas cosas de las que hacerse cargo; demasiadas vivencias que experimentar, demasiados vínculos que redefinir, demasiadas experiencias que capitalizar, demasiados estímulos que procesar, demasiadas ausencias que superar.

JORGE BUCAY, Granada, España, junio 2oo3.