Para que el mundo funcione bien debe existir un perfecto equilibrio en todo. El ser humano es una criatura diseñada con un tipo de perfección único; pero también su vida esta sujeta a un equilibrio, de lo contrario su existencia estará acompañada de infelicidad.

El gran interés suscitado por la autoestima, tanto en el ámbito científico como terapéutico; viene determinado porque se considera un factor clave en el desarrollo de un buen ajuste emocional y cognitivo, una buena salud mental y unas relaciones sociales satisfactorias.

Todos los individuos necesitan tener una autoestima saludable, independientemente de nuestro sexo, edad, cultura, trabajo y objetivos en la vida. Pareciera que si no se satisface esta necesidad de autovaloración, tampoco pueden cubrirse otras que supongan la realización de todo el potencial de desarrollo humano.

Las personas que se encuentran bien consigo mismas suelen sentirse a gusto en la vida; son capaces de afrontar y resolver con seguridad los retos y las responsabilidades que ésta les plantea.

Por el contrario, la baja autoestima es una fuente permanente de inseguridad e insatisfacción personal; y se considera como un importante factor de riesgo para el desarrollo de numerosos problemas psicológicos tales como trastornos de la alimentación, depresión, ansiedad, entre otros.

El análisis del comportamiento humano en la realidad circundante conduce; a la consideración de una serie de variables vinculadas con el comportamiento psicológico y biológico del individuo; las cuales incluyen factores de orden social, afectivo, físico e interpersonal.

Así, en el individuo como ser esencialmente biopsicosocial, confluyen diversidad de elementos, los cuales connotan su dinámica interna y su conducta en general.

Daniela Steiner Benaim.