Krishnamurti, Relaciones sin conflicto, PDF

Es un deber que tenemos los humanos de investigar cual es la mejor manera de vivir. Cada conflicto que surge a nuestro alrededor proviene de nuestro interior. nuestras relaciones se deben convertir en relaciones sin conflicto, armonía con todo lo que nos rodea.

Leemos mucho acerca de lo que otra gente ha pensado; por televisión vemos lo que está pasando; siempre son los demás quienes dicen lo que debemos hacer. Como consecuencia de eso, la mente de uno está paralizada y por eso vivimos siempre de segunda mano.

Nunca nos preguntamos: ¿Puedo ser una luz para mí mismo, no la luz de otra persona, la luz del SEÑOR JESUS o de Buda?. ¿Podemos ser nuestra propia luz? Lo cual significa que no hay ninguna tiniebla, porque ser nuestra propia luz quiere decir que nunca se apaga por medios artificiales, por circunstancias, por accidente o por aflicción alguna. ¿Podemos ser esa luz para nosotros mismos? Es posible que seamos esa luz para nosotros mismos cuando la mente no tiene retos, porque está completamente atenta.

Estamos dormidos y creemos que es lo normal.

Pero la mayoría de nosotros necesita retos, porque generalmente estamos dormidos, dormidos porque los filósofos, todos los santos, todos los dioses, sacerdotes y políticos nos adormecieron; y no sabemos que estamos dormidos, creemos que es lo normal.

Un hombre que desea ser una luz para sí mismo debe liberarse de todo esto. Podemos ser nuestra propia luz sólo cuando no hay ego; entonces esa luz es la luz eterna, imperecedera, inconmensurable.

Tener conocimientos de uno mismo también es limitado, si deseo saber de mí mismo, puedo estudiar psicología, puedo comentarlo con psicólogos, psicoanalistas, psicoterapeutas y biólogos, pero ese conocimiento siempre será limitado.

Si profundizamos dentro de esta entidad llamada ‘yo’, hay una posibilidad de ir infinitamente más allá. Es algo muy importante sin lo cual la vida tendria poco sentido, más allá de ser un ciclo de placer y dolor, de recompensa y castigo, ya que ése es el modelo en el cual vivimos. Ese conocimiento psicológico que hemos adquirido ha creado los modelos en los que estamos atrapados. Sea fisiológico o psicológico, el conocimiento siempre será limitado.

Debemos averiguar por nosotros mismos, aparte de las opiniones, percepciones y experiencias personales, que siempre son relativas, si hay una percepción, un ver, que sea la verdad absoluta no relativa. ¿Cómo lo averiguamos? Si decimos que las opiniones personales y las percepciones son relativas, entonces no nada como la verdad absoluta; todo es relativo. Por consiguiente, nuestro comportamiento, nuestra conducta, nuestra manera de vivir es relativa, es informal e incompleta; no es total y, por tanto, es fragmentaria.

Porque a la gente buena le pasan cosas malas, PDF

Son muy pocas las personas plenamente satisfechas: unas son infelices porque están gordas y quieren ser flacas; otras tienen el cabello noondulado y lo quieren tener liso; es frecuente oír comentarios acerca del clima: si está haciendo mucho calor, ¡Ay, qué dicha que hiciera frío! Y si está haciendo frío, ¡Ay, qué dicha que hiciera calor! Estos son meros ejemplos, ya que una lista completa sería interminable. Lo que sucede es que no nos damos cuenta de que a veces “nuestros principales enemigos somos nosotros mismos”.

Individuos en conflicto consigo mismos crean una sociedad en conflicto. Cuando un problema nos desequilibra por dentro y algo nos fastidia, cuando con nada nos sentimos a gusto, cuando nada nos complace y nos convertimos en jueces permanentes de todo lo que ocurre a nuestro alrededor; bien sea que todo mejore o empeore, detrás de cada una de estas situaciones hay un antecedente y un porqué que lo explica, una raíz.

La crisis social de valores que se volvió común

Un malestar generalizado encuentra, sin duda, su origen en una creciente crisis social de valores que se volvió común; ha ido minando la felicidad y la paz verdadera y de la cual ya no parece escaparse nadie, ni siquiera el perro de la casa. Sí, leyó bien, el perro de la casa; porque hoy en día es muy normal oír que a Firulays le dio estrés o depresión y también toca llevarlo al psicólogo.

Cuando notamos que algo no funciona bien en nuestra vida y entramos en crisis solemos reaccionar con pañitos de agua tibia y; por el efecto de las presiones de seguir para adelante, muchos nos refugiamos en lo primero que nos ofrezca el deslumbrante y exquisito consumismo.

Lo que no hemos aprendido es cómo remediar los males de manera completa y verdadera sino que, casi siempre; nos cubrimos con máscaras para posar en cada lugar de una manera diferente o nos disfrazamos de apariencias con orgullo injustificado, como dice la frase de Napoleón Bonaparte: “El orgullo es el arma de los débiles”…

Ken Robinson, El Elemento, PDF

Es muy posible que Ken Robinson, el que más ha insistido en la necesidad de estimular el talento, la creatividad y la vocación artística, el que más claramente apostó contra viento y marea por la no jerarquización de las competencias no tiene sentido que en los sistemas educativos, la Física figure siempre en primer lugar y la Danza en el último, intuyera sin ser consciente de ello que los últimos descubrimientos científicos iban a revolucionar los sistemas educativos.

En los últimos veinte años, los investigadores más tenaces pero no necesariamente los más conocidos han aflorado tres grandes tipos de sorpresas. La primera fue la magnitud insospechada del inconsciente; se acumulaban allí procesos cognitivos de una complejidad inigualada por el pensamiento consciente.

El segundo gran descubrimiento que aportó las bases para que Robinson pudiera hacer de las suyas y revolucionar la gestión del talento, vino de la mano de una gran científica inglesa empeñada en saber por qué la experiencia individual podía incidir y transformar, incluso, las estructuras cerebrales y genéticas.

El «elemento» es, posiblemente, el mensaje central del libro que lleva ese nombre. Como explica con enorme claridad el autor, vale la pena invertir el tiempo que haga falta en encontrarlo y el esfuerzo para adecuarse al nuevo entorno, cuando se constata que no era el habitual.

Ahora bien, no basta solamente con hallar el «elemento» y ese es un mensaje cuy o valor no puede sobreestimarse; es preciso dominarlo, profundizar en su conocimiento, controlarlo. Eso requiere esfuerzo continuado y mucho talento.

10 cualidades del auténtico valiente, Sandra Cerro

Por mucho que nos empeñemos en negarlo o tratemos de huir de ello, la vida es un sendero empedrado; un río de aguas turbulentas, un reparto de bofetones constante, y nosotros podemos elegir… Podemos elegir quedarnos sentados en una piedra con los zapatos en la mano, al borde del sendero, pensando si seguir caminando o cómo seguir; podemos bracear como locos,
hasta quedarnos sin aliento, para tratar de llegar a la orilla del río a salvo, o dejarnos llevar por la corriente sin más; podemos quedarnos quietos recibiendo porrazos o tratar de liberarnos de ellos o, al menos, tratar que estos inevitables nos lleguen más suavecitos. La diferencia entre una elección y otra está en el coraje, en el valor…

Salvo los héroes de película nadie, en la vida real, es tan temerario como para que no le tiemblen las canillas en alguna ocasión. Sí que es cierto que hay personas más o menos propensas al temor, más o menos indecisas; personas que se ahogan en un vaso de agua y otras que se remangan para cruzar el océano a pie. El miedo, el temor, como todo, es relativo.

Las fobias son detonantes del miedo

Eso sí, hay miedos catalogados como comunes, que nos afectan a todos en mayor o menor medida. Las fobias, la muerte, la enfermedad, el fracaso, el dolor; la pérdida de aquello que valoramos o amamos, y estos miedos constituyen a su vez detonantes; o causas para que la medida de valentía que todos tenemos dentro, sea mayor o menor, se despierte y se dispare. Esa fuerza es, como el miedo, relativa, pero lo que sí es seguro es que la tenemos dentro todos.

A lo largo de la historia, de la literatura y la leyenda, nos han llegado ecos de grandes héroes, de valientes guerreros, de valerosos príncipes, y también de pequeños grandes vencedores que; sin pretender ganar grandes batallas o salvar al mundo, han tenido valor para salir airosos de las constantes adversidades de la vida no sólo siendo fuertes, sino y lo que es más importante- convirtiéndose por ello en honradas y buenas personas con una mochila llena de sabiduría de vida a su espalda.