Dalai Lama, El arte de la compasión, PDF

El budismo define la compasión como el deseo de que todos los seres queden libres de sufrimiento. Desgraciadamente, acabar con la miseria del mundo no está en nuestras manos. No podemos cargar esa tarea sobre nuestros hombros, tampoco disponemos de una varita mágica que transforme la aflicción en felicidad. Lo único que podemos hacer es desarrollar esta virtud en nuestra mente y a partir de ahí ayudar a que los demás hagan lo mismo.

Tomar una actitud mental positiva significa disfrutar de la paz interior, aunque a nuestro alrededor nos rodee la hostilidad. Por otro lado, si nuestra actitud mental es más negativa, influida por el miedo, la sospecha, la desesperación o la autocompasión, la felicidad nos esquivará aun cuando estemos rodeados de nuestros mejores amigos en un ambiente armónico y en un entorno placentero. Así pues, la actitud mental resulta decisiva para marcar la diferencia en nuestro estado de felicidad.

Es un error esperar que nuestros problemas puedan resolverse con dinero o bienes materiales. Resulta poco realista pensar que algo positivo pueda surgir desde el exterior y llegar hasta nosotros. No cabe duda de que nuestra situación material es importante y que nos resulta útil. Sin embargo, nuestras actitudes mentales, internas, son tanto o más trascendentes para nuestra felicidad.

A veces tengo la sensación de que está de moda entre la gente poner demasiado énfasis en el desarrollo material, y se olvidan los valores internos. Debemos, pues, desarrollar un mayor equilibrio entre las inquietudes materiales y el crecimiento espiritual interior.

Dalai Lama, El arte de la felicidad, PDF

El concepto de felicidad siempre ha parecido estar mal definido en Occidente, siempre ha sido elusivo e inasible. «Feliz», en inglés, deriva de la palabra Islandesa happ, que significa suerte o azar.

Tal parece que este punto de vista sobre la naturaleza misteriosa de la felicidad está muy extendido. En los momentos de alegría que trae la vida, la felicidad parece llovida del cielo.

Realizada esta objeción, el Dalai Lama se apresuró a explicar; Al decir «entrenamiento de la mente» en este contexto no me estoy refiriendo a la mente simplemente como una capacidad cognitiva o Intelecto. Utilizo el término más bien en el sentido de la palabra tibetana Sem; que tiene un significado mucho más amplio más cercano al de «psique» o espíritu, y que Incluye intelecto y sentimiento, corazón y cerebro. Al imponer una cierta disciplina interna podemos experimentar una transformación de nuestra actitud de toda nuestra perspectiva y nuestro enfoque de la vida.

Factores que conducen a la felicidad

Hablar de esta disciplina interna supone señalar muchos factores y quizá también tengamos que referirnos a muchos métodos. Pero, en términos generales, uno empieza por identificar aquellos factores que conducen a la felicidad y los que conducen al sufrimiento. Una vez hecho eso, es necesario eliminar gradualmente los factores que llevan al sufrimiento mediante el cultivo de los que llevan a la felicidad. Ése es el camino.

Nuestros días están contados. En este momento, muchos miles de seres nacen en el mundo, algunos destinados a vivir sólo unos pocos días o semanas; para luego sucumbir a la enfermedad o cualquier otra desgracia. Otros están destinados a vivir hasta un siglo, incluso más; y a experimentar todo lo que la vida nos puede ofrecer: triunfo, desesperación, alegría, odio y amor. Pero tanto si vivimos un día como un siglo, sigue en vigor la pregunta cardinal: ¿cuál es el propósito de nuestra vida?

La mente en serenidad , PDF – Dalai Lama

Meditacion, Dalai Lama Mente y conciencia

La persona que quiere cambiar, !lo hace! nada es imposible para quien abre su corazón, las respuestas buscadas serán halladas.

Las leyes esta escritas en la mente y el corazón del hombre, solo hay que dejar que nuestra conciencia trabaje y nos ilumine para hacer lo correcto.

Las cualidades que se basan en al conciencia se pueden desarrollar sin limites, ; el soporte en el que se bas no degenera no tiene principio ni tiene fin.

No podemos pensar que nuestra mente cambiara si simplemente nos sentamos a esperar que así sea.

Si hacemos un inventario de los elementos negativos que hay en nuestra mente, podremos resumirlos en tres categorías; deseo, aversión e ignorancia, llamados también los tres venenos contaminantes.

Durante mucho tiempo nuestras mentes se han habituado e inoculado estos tres venenos, que ahora están profundamente introducidos en ellas.

Transformar la mente requiere de esfuerzo, interés y compromiso, que desde lo profundo del corazón exista esa motivación, de lo contrario todo se tornara extremadamente difícil.

Cambiar es una decisión personal, nadie puede obligarnos, ni tan siquiera «DIOS» obliga al hombre, le dio «El libre albedrío», pero si dejó claro: «Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá«. Así que, !depende de cada persona!