PDF, El gran yogui milarepa del tibet

Milarepa observaría el modo en que vive actualmente la humanidad en medio de los múltiples aparatos que en Europa y en América consideran indispensables hasta los monjes que enseñan la vida santa. Para él la explotación y la conquista física del mundo por parte de la ciencia no es lo que realmente interesa, sino la conquista de uno mismo y la destrucción de todas las cadenas que atan a los hombres a la rutina de la existencia encarnada.

Para Milarepa, como para todos los santos de todas las religiones, en todas las civilizaciones y épocas de la historia humana, la ausencia de deseo y el completo renunciamiento al estilo de vida mundano más bien que el deseo omnidevorador y la adquisición de las perecederas cosas mundanas, conducen hacia el logro de una norma de vida que es lo supremo realizable en este planeta.

Milarepa percibió muy temprano en su vida, cuando la mayoría de los hombres lo logra demasiado tarde, que «Todos los propósitos mundanos no tienen sino una conclusión inevitable: la aflicción: las adquisiciones terminan en dispersión; las construcciones, en destrucción; los encuentros, en separación; los nacimientos, en muerte.

Sabiendo esto habría que renunciar, desde el principio mismo, a la adquisición y la acumulación, a la construcción y al encuentro; y fiel a los mandatos de un gurú eminente, proponerse la realización de la Verdad (que no tiene nacimiento ni muerte). Esa sola es la mejor ciencia.

Krishnamurti, Relaciones sin conflicto, PDF

Es un deber que tenemos los humanos de investigar cual es la mejor manera de vivir. Cada conflicto que surge a nuestro alrededor proviene de nuestro interior. nuestras relaciones se deben convertir en relaciones sin conflicto, armonía con todo lo que nos rodea.

Leemos mucho acerca de lo que otra gente ha pensado; por televisión vemos lo que está pasando; siempre son los demás quienes dicen lo que debemos hacer. Como consecuencia de eso, la mente de uno está paralizada y por eso vivimos siempre de segunda mano.

Nunca nos preguntamos: ¿Puedo ser una luz para mí mismo, no la luz de otra persona, la luz del SEÑOR JESUS o de Buda?. ¿Podemos ser nuestra propia luz? Lo cual significa que no hay ninguna tiniebla, porque ser nuestra propia luz quiere decir que nunca se apaga por medios artificiales, por circunstancias, por accidente o por aflicción alguna. ¿Podemos ser esa luz para nosotros mismos? Es posible que seamos esa luz para nosotros mismos cuando la mente no tiene retos, porque está completamente atenta.

Estamos dormidos y creemos que es lo normal.

Pero la mayoría de nosotros necesita retos, porque generalmente estamos dormidos, dormidos porque los filósofos, todos los santos, todos los dioses, sacerdotes y políticos nos adormecieron; y no sabemos que estamos dormidos, creemos que es lo normal.

Un hombre que desea ser una luz para sí mismo debe liberarse de todo esto. Podemos ser nuestra propia luz sólo cuando no hay ego; entonces esa luz es la luz eterna, imperecedera, inconmensurable.

Tener conocimientos de uno mismo también es limitado, si deseo saber de mí mismo, puedo estudiar psicología, puedo comentarlo con psicólogos, psicoanalistas, psicoterapeutas y biólogos, pero ese conocimiento siempre será limitado.

Si profundizamos dentro de esta entidad llamada ‘yo’, hay una posibilidad de ir infinitamente más allá. Es algo muy importante sin lo cual la vida tendria poco sentido, más allá de ser un ciclo de placer y dolor, de recompensa y castigo, ya que ése es el modelo en el cual vivimos. Ese conocimiento psicológico que hemos adquirido ha creado los modelos en los que estamos atrapados. Sea fisiológico o psicológico, el conocimiento siempre será limitado.

Debemos averiguar por nosotros mismos, aparte de las opiniones, percepciones y experiencias personales, que siempre son relativas, si hay una percepción, un ver, que sea la verdad absoluta no relativa. ¿Cómo lo averiguamos? Si decimos que las opiniones personales y las percepciones son relativas, entonces no nada como la verdad absoluta; todo es relativo. Por consiguiente, nuestro comportamiento, nuestra conducta, nuestra manera de vivir es relativa, es informal e incompleta; no es total y, por tanto, es fragmentaria.

Dalai Lama, El arte de la compasión, PDF

El budismo define la compasión como el deseo de que todos los seres queden libres de sufrimiento. Desgraciadamente, acabar con la miseria del mundo no está en nuestras manos. No podemos cargar esa tarea sobre nuestros hombros, tampoco disponemos de una varita mágica que transforme la aflicción en felicidad. Lo único que podemos hacer es desarrollar esta virtud en nuestra mente y a partir de ahí ayudar a que los demás hagan lo mismo.

Tomar una actitud mental positiva significa disfrutar de la paz interior, aunque a nuestro alrededor nos rodee la hostilidad. Por otro lado, si nuestra actitud mental es más negativa, influida por el miedo, la sospecha, la desesperación o la autocompasión, la felicidad nos esquivará aun cuando estemos rodeados de nuestros mejores amigos en un ambiente armónico y en un entorno placentero. Así pues, la actitud mental resulta decisiva para marcar la diferencia en nuestro estado de felicidad.

Es un error esperar que nuestros problemas puedan resolverse con dinero o bienes materiales. Resulta poco realista pensar que algo positivo pueda surgir desde el exterior y llegar hasta nosotros. No cabe duda de que nuestra situación material es importante y que nos resulta útil. Sin embargo, nuestras actitudes mentales, internas, son tanto o más trascendentes para nuestra felicidad.

A veces tengo la sensación de que está de moda entre la gente poner demasiado énfasis en el desarrollo material, y se olvidan los valores internos. Debemos, pues, desarrollar un mayor equilibrio entre las inquietudes materiales y el crecimiento espiritual interior.

Pema Chödron, cuando todo se derrumba, PDF

Cada persona tiene una gran responsabilidad en esta vida. De algo si podemos estar completamente seguros, y es que solo tenemos una vida, de ahí el gran compromiso.

Bíblicamente se dice que nuestro creador fijo los años de vida del ser humano en 70, eso sí, con la eventualidad que por este tiempo pareciera que son los jóvenes los que están muriendo.

Embarcarse en el camino espiritual es como meterse en un bote muy pequeño y aventurarse en el océano en busca de tierras desconocidas.

Cuando practicamos d tee todo corazón nos sentimos inspirados, pero antes o después acabamos encontrándonos con el miedo. Pensamos que al llegar al horizonte estaremos en el fin del mundo y nos caeremos al vacío.

Como todo explorador, nos sentimos atraídos a descubrir lo que nos está esperando ahí fuera, sin saber aún si tendremos el valor necesario para hacerle frente.

Cuando empezamos nuestra exploración, tenemos todo tipo de ideales y expectativas. Buscamos respuestas que satisfagan el hambre que hemos sentido durante largo tiempo, pero lo último que deseamos es que nos vuelvan a hablar del hombre del saco.

la próxima vez que te encuentres con el miedo, considérate afortunado. Aquí es donde el coraje entra en escena. Generalmente, pensamos que la gente valiente no tiene miedo, pero la verdad es que conocen el miedo íntimamente.

El truco consiste en seguir explorando y no abandonar aun cuando descubramos que algo no es lo que pensábamos, porque eso es lo que nos va a ocurrir una y otra vez. Nada es lo que pensábamos; esto es algo que puedo afirmar con toda confianza.