Sanidad Interior y liberación, PDF, Guillermo Maldonado

Los creyentes que están dispuestos a hacer la voluntad de DIOS, se esfuerzan por ser mejores cada día, reciben recompensa; DIOS les da Sanidad Interior y liberación, para que continúen cada día con alegría en su camino al cielo glorioso.

Cuando alguien conoce a Jesús como Señor y Salvador personal, se convierte en hijo de Dios, es lavado con su sangre y, si muere, va directo al cielo. Este hecho no significa que el creyente sea completamente libre y que todos sus problemas hayan terminado. Hay creyentes que tienen muchas conexiones con el pasado, tales como: heridas, amarguras y complejos.

La primera pregunta que viene a la mente es: ¿por qué, si somos creyentes, todavía usamos cosas del pasado? La razón es que lo que nace de nuevo es nuestro espíritu, pero nuestra alma debe ser renovada y transformada; Por lo tanto, en esta área necesitamos liberación y sanidad interior.

El hombre es un espíritu con alma y dentro de un cuerpo físico. Cada una de estas secciones tiene una división, que estudiaremos muy de cerca.

Muchas personas se confunden porque no saben con certeza si han nacido de nuevo, porque aún arrastran cosas del pasado que no han podido vencer. Realmente, lo que necesitan es renovar su alma, y esto se logra a través de la Palabra de Dios, la sanidad interior y la liberación. La mayor parte de los problemas de un creyente están en su alma, es decir, en su voluntad, en sus emociones y en su mente.

Hay creyentes que no han entendido lo que es el nuevo nacimiento. La palabra de Dios nos enseña que cuando un cristiano recibe a Jesús como su Señor y Salvador, su espíritu nace de nuevo, pero su alma no. La palabra de Dios enseña que el espíritu y el alma son diferentes.

El hombre tiene una voluntad soberana para escoger hacer lo bueno o lo malo. El hombre decide servir a Dios o al diablo. Dios no tiene prisiones en el cielo; por eso, es tan importante tratar con nuestra vieja voluntad para hacer lo que a Dios le agrada.

Con la voluntad, el hombre se va formando según lo que piensa y según su vivencia en el ambiente donde se desarrolla, emocional y culturalmente. Todo esto determina lo que el hombre será. El hombre no regenerado, siempre se inclina a pecar contra Dios.

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