Russ Harris. La trampa de la felicidad, fragmentos

La felicidad, la describe Russ Harris como un sentimiento, a una sensación de placer, alegría o satisfacción. A todos nos gustan los sentimientos felices, así que no es raro que tratemos de alcanzarlos. Sin embargo, como sucede con nuestros otros sentimientos, el sentimiento de felicidad no dura gran cosa. De hecho, cuanto más nos empeñamos en perseguir sentimientos agradables, más probable es que suframos ansiedad y depresión.

El otro significado de felicidad es una vida rica, plena y llena de sentido; aquello en lo que creemos en la vida y actuamos en consonancia, nuestra existencia se vuelve rica, plena y llena de sentido; y experimentamos una poderosa sensación de No se trata de un sentimiento fugaz, sino de una profunda sensación de vida.

Claro que los sentimientos felices son muy agradables, y que deberíamos aprovecharlos al máximo cuando se presentan. Pero si intentamos ser siempre felices, estamos condenados al fracaso.

Como seres humanos, todos nos enfrentamos al hecho de que, tarde o temprano, sufriremos una incapacidad o caeremos enfermos y moriremos. Tarde o temprano todos nos veremos privados de relaciones que tenemos en mucha estima a causa del rechazo, la separación o la muerte. Tarde o temprano todos nos enfrentaremos cara a cara con una crisis, una decepción o un fracaso.

Lo bueno es que, aunque no podamos evitar ese dolor, sí podemos aprender a manejarlo mucho mejor; a hacerle sitio, superarlo y construir una vida que valga la pena vivir.

La mente humana nos ha proporcionado una enorme ventaja como especie. La ropa que llevas, los zapatos que calzas, el reloj que ciñe tu muñeca, la silla en la que estás sentado; el tejado que hay sobre tu cabeza, el libro que tienes en las manos… ninguna de estas cosas existiría si no fuera por la ingeniosidad de la mente humana. No es de sorprender que esta asombrosa capacidad de controlar nuestro entorno nos haga concebir altas expectativas de control también en otras esferas.

A medida que ibas creciendo, probablemente te dijeron en muchas ocasiones frases como: No llores, o te daré un motivo para llorar; No seas tan pesimista, míralo por el lado positivo, Quita esa mala cara», Ahora eres un niño mayor. Los niños mayores no lloran, Deja de sentir pena de ti mismo», No te preocupes, no hay por qué tener miedo.

Con palabras como ésas, los mayores que nos rodeaban nos transmitían; una y otra vez el mensaje de que teníamos que ser capaces de controlar nuestros sentimientos. Pero ¿Qué sucedía detrás de la puerta? Con toda probabilidad, a muchos de esos adultos no les iba demasiado bien con sus propios sentimientos de dolor. Tal vez bebían demasiado, tomaban tranquilizantes, lloraban hasta quedarse dormidos todas las noches, tenían aventuras; se refugiaban en su trabajo o sufrían en silencio mientras desarrollaban poco a poco úlceras de estómago.

Lo que todas estas frases implican es que deberías ser capaz de encender y apagar tus sentimientos a voluntad, como pulsando un interruptor. ¿Y por qué este mito es tan convincente? Porque la gente que nos rodea aparenta ser feliz. Parecen controlar sus pensamientos y sus sentimientos. Pero en esta frase, parece es la palabra clave.

¿Has visto alguna vez una de esas viejas películas; en las que el malo se cae a una piscina de arenas movedizas y cuanto más batalla por salir, más rápidamente parece hundirse? Si alguna vez caes en arenas movedizas, luchar es lo peor que puedes hacer. Lo que se supone que debes hacer es tumbarte, abrir los brazos y quedarte tan quieto como te sea posible, flotando en la superficie. Actuar de forma efectiva en esta situación es complicado, pues tu instinto te dice que intentes escapar; pero si no dejas de luchar, muy pronto te hundirás bajo la superficie. Claro, flotar sobre arenas movedizas no es lo que se dice divertido ¡pero le da mil vueltas a ahogarse en ellas!

El mismo principio puede aplicarse a los sentimientos difíciles: cuanto más intentamos luchar contra ellos, más nos abruman. Pero ¿por qué es esto así? Bueno, imagínate que en las profundidades de tu mente hay un interruptor al que llamaremos el interruptor de la lucha. Cuando está encendido, significa que vamos a luchar contra cualquier dolor físico o emocional que se cruce en nuestro camino; para intentar librarnos de todo malestar que experimentemos o para evitarlo.

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