Raimon Samsó, El código del dinero, (fragmentos)

Este libro propone cambios en las creencias sobre el dinero. Sin esa apertura, todas las respuestas que contiene pasarán inadvertidas.

El Código del Dinero proporciona una información que adquiere significado desde cierto tipo de mentalidad; la que este libro propone desarrollar en el lector que se halla listo para abrazarla.

Está dicho que cada vida es un reflejo de las decisiones, hábitos, elecciones, creencias, emociones y comportamientos que han conducido justo hasta el momento presente.

Y mientras quede alguien que crea que sus problemas de dinero no tienen nada que ver con su mentalidad y comportamiento, habrá sufrimiento por asuntos de dinero.

Casi todo lo que una persona promedio sabe sobre el dinero; se basa en opiniones condicionadas que ha ido acumulando a lo largo de su vida. El éxito económico es una clase de programación mental y el fracaso económico es otra clase de programación. En ambos casos; todo se reduce a la clase de software o programación instalada en el cerebro: un programa perdedor o uno ganador en el juego del dinero. La lectura de este libro ayudará a las personas a reprogramarse para conseguir prosperidad.

La diferencia entre las personas que manifiestan prosperidad y las que no, radica en que las primeras aplican fórmulas útiles y las segundas fórmulas inútiles. Este libro te enseñará a distinguir unas de otras.

Objetivo del libro

La presente obra consta de dos partes: «Libertad Financiera» el Código del Dinero y «De Empleado a Emprendedor» el Código del Dinero en acción. La primera parte se enfoca sobre la actitud, la segunda sobre la aptitud, la cara y la cruz de la misma moneda: el éxito económico. Me he esforzado en explicar conceptos financieros en el lenguaje de cada día para que todo el mundo pueda entenderlo, espero haberlo conseguido.

En la primera parte examinaremos: qué está ocurriendo, por qué hay problemas económicos y cuáles son los obstáculos a la libertad financiera; qué es la inteligencia financiera y la libertad financiera.

En la segunda parte sabrás: cómo piensa y se conduce un emprendedor, cómo evitar los errores más comunes, no desgastarte en un autoempleo; la importancia de contar con un súper producto y un sistema perfecto que funcione solo, cómo empezar y con qué medios, aplicar un marketing irresistible, desarrollar las habilidades del emprendedor, cómo conseguir más con menos gracias a las palancas, cómo promocionarte con chispa, elegir tu cliente ideal, posicionar tu marca personal y utilizar el poder de Internet para hacer estallar tu negocio personal.

Cómo superar los tiempos de crisis

Cuando se aborda el tema de la crisis, se habla más del problema que de las soluciones. Lo malo de las soluciones de las crisis es que no suelen gustar. Las más eficaces son las que gustan menos (dato comprobado). Las soluciones definitivas suelen ser las más incómodas porque exigen cuestionar viejas creencias y hábitos… No es una casualidad que las soluciones más desagradables sean las más efectivas.

Además de la crisis, experimentamos otro fenómeno de fondo, estructural, y que ha llegado para quedarse: la globalización. Son dos fenómenos diferentes que ahora se solapan en el tiempo. La crisis es coyuntural, la globalización es estructural. Una pasará, la otra se quedará. Cuando pase la crisis nos daremos cuenta de que debemos afrontar un escenario económico mucho más complejo: la economía global. Sentarse a esperar que la crisis pase es la peor receta.

La persona promedio piensa que la crisis es todo el problema que resolver, pero no sabe que su pobre educación financiera agrava su situación ante la crisis y la deja indefensa ante la globalización.

Las crisis son procesos naturales, forman parte de la expansión y la contracción de la vida, como un latido. Siempre las hubo y las habrá. Cuando los medios de comunicación se obsesionan en crear un mal ambiente, proporcionan una excusa adicional a quienes las usan para sacar balones fuera. Las crisis pueden servir para excusarse y no reaccionar.

El por qué de los problemas económicos

Probablemente sabes que el empleado promedio sobrevive de nómina a nómina. Yo lo sé muy bien porque trabajé durante diez años en banca como director. Cada mes, al llegar la tercera y cuarta semana, los números rojos teñían las cuentas corrientes; y sus titulares esperaban el inicio de mes financieramente exhaustos para cobrar la siguiente nómina. Y así mes tras mes.

De unos años a esta parte, las personas se hipotecan de por vida con más alegría que nunca antes; y debido al elevado importe de las hipotecas, los plazos se alargan hasta 40 años para amortizarlas. Pero si esto no es suficiente como para poner los pelos de punta a cualquiera, aguarda a escuchar lo que sigue: cada vez más personas después de pagar durante media vida la compra de su vivienda, en la vejez vuelven a hipotecarla, pero ahora con una «hipoteca inversa», para recibir un ingreso mensual que complementa sus exiguas pensiones.

Muchas personas, después de toda una vida de trabajo duro, tienen muy poco en el banco, la cifra promedio ahorrada es de 30.000 euros. Con ese capital y una escueta pensión de la Seguridad Social, es casi inevitable que lo primero que haga una persona cuando se jubila sea buscar trabajo y hacer horas en lo que pueda.

Al llegar la jubilación, la mayoría abandona la clase media para ingresar en la clase baja. De este modo los años de retiro que se suponían dorados se convierten en un período agridulce (más agrio que dulce) con un poder adquisitivo muy por debajo del disfrutado en la etapa activa. ¿Adónde conduce trabajar toda una vida?

La inteligencia financiera aplicada

La persona inteligente financieramente lo es porque es capaz de hacer distinciones muy refinadas. En su vocabulario incluye palabras tal como: activo y pasivo, ganancias de capital y ganancias de renta, empleado y empleador, inversión y ahorro, interés compuesto e inflación compuesta. Y conoce las diferencias que hay entre ellas.

Otra de estas distinciones es la de ingreso óptimo e ingreso pésimo. Pero ¿hay ingresos pésimos? En cierto modo sí: el ingreso pésimo es el que se produce puntualmente o una sola vez; y el ingreso óptimo es el que se produce periódicamente como un flujo. Veamos un ejemplo: ¿Qué preferías cobrar de una sola vez un millón de euros o cobrar 1 céntimo el primer día de mes, 2 céntimos el segundo, 3 céntimos el tercero… ir doblando cada día hasta el día 31 del mes? Una persona sin educación financiera elegiría la primera opción: una cifra puntual. Una persona inteligente financieramente elegiría la segunda opción: un flujo de ingresos crecientes que le reportarían… ¡más de 21 millones de euros! en 31 días. Si no lo crees, haz los números.

Otra distinción inteligente es la de «gasto bueno» x «gasto malo». ¿Gasto bueno?, ¿no eran todos malos? El gasto bueno se paga a si mismo (es una inversión disfrazada de gasto). El gasto malo lo paga quien lo hace y no lo recupera nunca (es un despilfarro disfrazado de necesidad).

El vocabulario de la riqueza

Las palabras, además de describir la realidad, también la transforman. Si quieres cambiar tus experiencias, cambia las palabras que usas para referirte a ella y notarás la diferencia. Somos nuestras palabras. Y nuestro vocabulario nos define. Y para tomar posesión de tu vida precisarás un vocabulario poderoso, no uno débil. De modo que elígelas con sumo cuidado, como eliges a tu pareja.

El idioma es el mismo pero suena diferente. El modo de hablar de cada persona describe minuciosamente lo que está obteniendo. Sus palabras son el mapa que describe su viaje por la vida. Las palabras pueden hacerte rico o pobre: son una palanca para ambas cosas. Siempre afirmo que las palabras son gratuitas, no cuestan dinero, pero pueden costarte tu dinero.

Hay palabras muy pobres como: fácil, difícil, suerte, imposible, problema, fracaso, intentar, miedo… Y palabras muy prósperas como: misión, compromiso, ilusión, servicio, oportunidad, confianza, inversión, pasión.

El dinero tiene su propio lenguaje (igual que la medicina tiene el suyo, la astronomía tiene el suyo, la mecánica tiene el suyo, y la botánica tiene el suyo, etc.). Es decir, su propia jerga. El problema está en que la mayoría de las personas no conocen el lenguaje del dinero y en consecuencia pierden el juego del dinero. ¿Podrías abrirte camino profesionalmente en un país del que desconoces la lengua? Claro que no.

Si en la escuela se enseñase el lenguaje del dinero, los problemas financieros serían erradicados de la Tierra (como lo fue la viruela en su día) y contaríamos con más emprendedores libres financieramente que empleados luchando en «la carrera de la supervivencia. Lo que puedo sugerirte al respecto es que aprendas ese lenguaje de la manera que se aprende cualquier lenguaje: hablándolo y leyéndolo…

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