No existe forma de actividad mental tan universal en sus manifestaciones visibles como la que lleva el nombre de Voluntad y, por otra parte, no hay nada tan generalmente mal comprendido y tan poco comprendido como la Voluntad.

Cuando nos ponemos a considerar la naturaleza de la Voluntad, nos encontramos frente a un cúmulo de definiciones, teorías y creencias.

En efecto, casi puede asegurarse que para todos y cada uno de los individuos la palabra Voluntad tiene una significación diferente o una diferente gradación de significación.

Pregúntese uno a sí mismo lo que quiere expresar cuando dice «la Voluntad», y pregúntele después a unas cuantas personas; se sorprenderá cuando vea cuán grandemente varían las respuestas y definiciones.

Deseo, pretensión y voluntad, son estados mentales que conoce todo el mundo, y no existe definición que pueda hacerlas más claras. Deseamos sentir, hacer o tener una multitud de cosas que en el momento no sentimos, hacemos o tenemos.

Siendo el Deseo el primer escalón de la Voluntad y precedente a sus actividades, es de gran importancia el que se aprenda a estimular o desechar los deseos, según su naturaleza.

Deseos que no proporcionan la más alta satisfacción, el cumplimiento del deber y el merecido goce, deben repelerse. Los deseos que nos lleven a lo que es mejor, deben cultivarse. Un deseo se estimula dirigiendo atención e interés al objeto que la causa,