Los cuatro personajes imaginarios presentados en esta fábula, los ratones «Fisgón» y «Escurridizo» y los liliputienses «Hem» y «Haw», pretenden representar las partes simples y complejas de nosotros mismos, independientemente de nuestra edad, sexo, raza o nacionalidad.

A veces, podemos actuar como Fisgón que fisgonea y detecta pronto el cambio, o como Escurridizo que se apresura hacia la acción, o como Hem que se niega y se resiste al cambio, por temor que conduzca a algo peor, o como Haw que aprende a adaptarse a tiempo, en cuanto comprende que el cambio puede conducir a algo mejor.

Al margen de la parte de nosotros mismos que decidamos utilizar, todos compartimos algo en común: la necesidad de encontrar nuestro camino en el laberinto y alcanzar éxito en unos tiempos tan cambiante.