La vida debe ser una aventura excitante. Cada día debe amanecer dentro de nosotros con un sol rebosante de riqueza de sentimientos y de agudeza de percepciones. Hemos de labramos metas propias que nos inspiren para la acción entusiasta. Al avanzar vigorosamente hacia la vida, cualquiera que sea nuestra edad, nunca habremos de temer a la muerte.

Una de las más grandes aventuras de la vida consiste en conocerse mejor a sí mismo. Es una verdadera tragedia el que algunas personas pasen toda su vida sin avanzar en ningún sentido, sumidos en la frustración, debido a que no saben nada de sí mismos ni de cómo habérselas con los problemas, muchos de los cuales los crea el medio ambiente.

Para quien lea este libro con toda atención, la obra será como un viaje lleno de descubrimientos. Aprenderá más cosas acerca de sí mismo y también maneras de mejorarse. Se han incluido en este libro siete ejercicios prácticos y cierto número de sugerencias específicas, destinado todo ello a ayudar al lector en su búsqueda.

El poder de la imaginación

el lector podrá echar mano a un gran tesoro: su imaginación. De sus arcas sacará imágenes mentales que proyectará en la pantalla de su mente. Podra apreciar los dramas ahí representados y de ellos sacara valiosas lecciones.

Este poder de imaginar es fantástico. Habrá veces en que nos neguemos a creer cuan importante llega a ser, p»ero, sin ningún género de duda, puede determinar anticipadamente los éxitos y los fracasos.

Es posible que algunas personas llegan a un cambio que han buscado, éste es insuficiente, y nunca alcanzarán la totalidad de lo que podrían realizar, ni su pleno potencial como seres humanos.

Quizá el lector es de las personas que insisten en sus cualidades negativas y dejan de apreciar las positivas, en algo podremos remediarlo. Si está dispuesto a hacer cuanto pueda por la mejor causa jamás perseguida, aprenderá a ser justo consigo mismo.

Dios nos trajo a la tierra a vivir no a apoltronamos. Quiere vernos dichosos y gozando de la vida. Quiere que disfrutemos de todos los instantes, que entretejamos todos los días de la vida con amoroso cuidado, por más viejos o jóvenes que seamos.