Todos soñamos con el éxito. Deseamos tener salud, viajar, ampliar nuestros conocimientos, desarrollar el poder interior, disfrutar de las relaciones con la familia, la pareja y los amigos, gozar de prestigio social, ganar dinero. Tener éxito, entonces, es la concreción de los deseos vinculados a conseguir lo que no tenemos y a mejorar o descartar algo que ya no nos gusta.

Un deseo es siempre un punto de partida, el comienzo de un camino que se transita a paso y que nos conduce a una meta en la que esperamos encontrar la felicidad. Esa es la clave: queremos ser exitosos porque vinculamos el logro de nuestros deseos con la conquista de la felicidad.

Sin embargo, los caminos entre los deseos y las metas no suelen estar libres de obstáculos. En general, si algo vale la pena, hay que esforzarse, buscar los recursos necesarios y ser perseverante.

Tal vez te haya pasado que, cuando un deseo representaba algo importante para vos, sentiste que el proceso para conseguirlo era tan arduo que no valía la pena intentarlo, como si el mundo hubiera conspirado en tu contra. O lo que es peor: pensaste que no lograste llegar a esa meta que te haría feliz porque, en el fondo, no la merecías.

Si te enojas con los demás o con la suerte cuando no puedes superar un desafío, lo más probable es que desconozcas que la mayoría de los obstáculos que enfrentas no están en el mundo que te rodea, sino en tu inconsciente. Por supuesto que no nos referimos a los obstáculos derivados de experiencias fortuitas, sino a aquellos que dependen de múltiples decisiones personales.