Prologo.

LOS CAMINOS PARA EL ÉXITO llamamos a este libro y no decimos nada que no sea cierto, como podrá ver el lector si lo hojea. El hombre llega a realizar sus aspiraciones generalmente por cualquiera de los medios de que en estas líneas se trata.

El animal es por su instinto lo que puede ser; una razón extraña ha tomado de avance por él todos los cuidados indispensables; mas el hombre tiene necesidad de su propia razón. No hay en él instinto, y es preciso que él se dé a sí mismo su plan de conducta; pero como inmediatamente no es capaz y al mundo aparece en estado salvaje, tiene necesidad del socorro de los otros.

Aquí viene ya el auxilio de la educación y de los educadores; preparando al individuo para el desarrollo de sus fuerzas y para el acertado uso de las mismas.

Lo primero a que debemos acostumbrarnos, o educarnos, fuera desde luego de atender al cuerpo y a todas nuestras energías físicas; es a someternos desde bien pronto a los preceptos de la razón.

Equilibro en la libertad

La demasiada libertad engendraría rudeza, la excesiva ternura y el dar a los niños todo hecho; les imposibilitaría más tarde para la lucha por la vida donde tantos obstáculos aparecen a cada momento en los negocios del mundo.

Los americanos educan a sus hijos para la independencia, haciéndoles desde bien temprano vivir por su cuenta, pero vigilando su conducta. Así son hombres de iniciativas en un grado tal y con una precocidad tan extraordinaria cual en Europa se desconoce.

Todo proviene de que por allá las fuerzas personales del individuo se ponen a prueba ya en los primeros años de la vida; tanto si se trata del hijo del obrero, como del hijo del potentado.

El hombre con sus fuerzas corporales y anímicas no es, sin embargo, más que lo que la educación haga de él. Será un pusilánime o un valiente, un generoso o un egoísta, un inteligente o un necio. Cuando el hombre es viejo, ni tiene un adarme de juicio; es cuando piensa lo que es y lo que pudiera haber sido dado caso que no se le educase del modo más apropiado para sacar partido de sus fuerza.

Por eso la humanidad, que cada día va sabiendo más; comprende que en la educación está el gran secreto de la perfección de la naturaleza humana; y por consiguiente del progreso y del bienestar de las sociedades.