Cuando a un perro se le deja rondar sin rumbo fijo, disfruta de su libertad y parece estar muy satisfecho, pero en cuanto lo atas empieza a aullar. Del mismo modo, si durante todo el día, dejas que la mente de vueltas por donde quiera y piense en lo que quiera, también parecerá estar muy tranquila, hasta que intentes frenarla con la meditación.

Así que si solamente vas a controlar la mente durante la meditación y el resto del día la dejas en el aire, por supuesto que te será muy difícil controlarla. A pesar de que crees tener el control de la mente en muchos momentos, en cuanto te sientas y te concentras, ésta empieza a rebelarse. Pero una vez que está bajo tu control, se convierte en un buen instrumento. Sólo conseguirás ser victorioso en todas tus tareas si tienes la mente controlada.