PDF, los 7 principios de la felicidad, Horacio Valsecia

Cada problema surge como resultado de haberse quebrado el cumplimiento de alguna de las leyes del Universo. Estas leyes o principios se encuentran operando constantemente, ya sea que seamos conscientes de ellas o no.

cuando una persona tiene un problema que le provoca sufrimiento, es porque no cuenta con la información necesaria para superar ese problema. Es como si esa persona estuviera continuamente chocándose de frente contra la pared, sin darse cuenta de que podría darle la vuelta por la derecha, por la izquierda, o saltarla por encima. Sólo cuando uno conoce los motivos y las características del problema, es decir, cuando uno llega a entender la cuestión, puede resolverla. El conocimiento da poder.

A lo largo del estudio de este curso encontrarás muchas respuestas interesantes a las principales cuestiones de tu vida. Entenderás por qué atraes a cierto tipo de personas, cómo se generan tus problemas afectivos y cómo superarlos, por qué el dinero sigue a las personas que lo tienen y nunca a los pobres, por qué algunas personas parecen vivir en una secuencia de conflictos donde no bien terminan de resolver uno entran en otro peor, comprenderás que las enfermedades están directamente relacionadas con problemas emocionales y mentales, que la suerte es voluntaria y se la puede crear. aprenderás a diseñar el mundo en el que anhelas vivir y a manifestarlo.

Dios es uno solo y es el mismo para todos

El principio del mentalismo dice textualmente “EL TODO es mente; el Universo es mental”. Para analizar este principio tenemos que partir de la base de que en el Universo donde vivimos existe un solo Dios. A pesar de las grandes diferencias culturales y religiosas que existen en el mundo, Dios es uno solo y es el mismo para todos. El Kybalión utiliza la palabra “Todo”, y de esta manera se sintetiza la idea de una Única Presencia. De acuerdo con esto, en el Universo hay una sola Mente, y absolutamente todo lo que existe está comprendido dentro de esta mente.

Cada uno de nosotros es una partícula o pensamiento inmerso en este gran cuerpo mental y de esta manera se explica cómo se dan los fenómenos parapsicológicos, tales como la transmisión de pensamiento o las premoniciones acerca del futuro. En síntesis, todos estamos conectados por una sola mente; al existir una sola mente, como consecuencia, existe una sola ley y ésta se manifiesta a través de los siete principios.

Si aceptamos la idea de que Dios es infinito, Omnipresente y Eterno, algunas de las preguntas que surgen son: ¿Cómo creó Dios al Universo? ¿De dónde extrajo el material necesario para hacer todo lo que hizo? Si Dios extrajo material de algún lugar, entonces no sería ni Infinito ni Omnipresente. La respuesta correcta a esos interrogantes es una sola: Todo lo que El creó, lo creó en Su propia Mente. Es decir que todo lo que existió, existe y existirá está incluido en esa gran mente Universal.

El universo es mental

Todo lo que uno llegue a creer de sí mismo es lo que va a ver reflejado en los demás. Si una persona se siente exitosa, merecedora y poseedora de buena suerte, entonces atraerá hacia sí misma situaciones y personas que reflejaran su creencia. Lo mismo ocurre con las personas negativas que creen todo lo contrario. El Universo en que vivimos es mental y responde a lo que elegimos pensar en cada momento. No existe nada aleatorio en la vida; todo lo que ocurre siempre está reflejando alguna pauta del pensamiento que llevamos dentro. Si el Universo es mental y todo depende de nuestro pensamiento, entonces tu primera tarea como estudiante de metafísica será aprender a controlar el pensamiento.

Hay personas que tienden a magnificar sus problemas, si sienten un dolor de estómago, creen que tienen cáncer. Desde hoy debes aprender que el peor de tus tormentos sólo vive en tu mente, es un pensamiento, y tú tienes la posibilidad de poder cambiarlo. Una técnica muy sencilla para anular el pensamiento negativo es utilizar la palabra “cancelado”.

Cada vez que algo no deseable venga a tu mente, deberás pronunciar esa palabra como dando una orden, repitiéndola por lo menos tres veces seguidas. Lo puedes hacer tanto verbal como mentalmente pero, cualquiera sea la forma, deberás hacerlo con entusiasmo y firmeza. De esta manera, el pensamiento negativo no se repite ni se adhiere a tu conciencia. La mente subconsciente toma la palabra “cancelado” como una orden y la ejecuta, interrumpiendo la manifestación de lo negativo.

Afirmaciones positivas para cancelar pensamientos negativos

Además, es importante afirmar a continuación lo opuesto. Por ejemplo, si viene a tu mente el pensamiento de que podrías contraer una enfermedad, deberás repetir inmediatamente “cancelado” tres veces, como si estuvieras tachando ese pensamiento. Pero a la mente no le es suficiente con saber lo que no quieres, también debes decirle cuál es tu verdadero deseo. Inmediatamente después de cancelar lo negativo, tienes que revertir el pensamiento y reemplazarlo por otro más positivo que ocupe su lugar. Volviendo al ejemplo del miedo a la enfermedad, después de cancelar esa idea, es importante que afirmes en tiempo presente: “siempre tengo buena salud”.

Cuando se hace una afirmación para revertir algo, se deberá evitar utilizar el vocablo “no”. El “no” produce el efecto inverso al que se desea. Por tal motivo, la gente que dice “no voy a fumar más” termina fumando el doble, o quien afirma “no quiero pensar más en mi ex pareja” no puede quitársela de su mente ni un solo instante.

También es importante “cancelar” los pensamientos ajenos. Aunque uno quizá se sienta muy cómodo y feliz con su propia vida, se encuentra a diario con personas que tienden a tirar su optimismo abajo con opiniones tales como: “la economía del país es un desastre”, “no hay dinero”, “la vida en esta ciudad es cada vez más peligrosa”, “ya no se puede confiar en nadie”, y demás. Cada vez que nos enfrentamos a una persona que opina algo negativo y no queremos que su opinión ingrese en nuestra conciencia, debemos “cancelarlo”. Es mejor si podemos hacerlo verbalmente, de lo contrario, lo haremos mentalmente. De cualquier de las dos maneras, nos aseguramos de no aceptar el pensamiento negativo.

El principio del mentalismo

De acuerdo con el principio del mentalismo, todo lo que elegimos pensar y creer es lo que se va a manifestar en nuestra vida; por lo tanto, debemos ser extremadamente cuidadosos respecto de lo que aceptamos como creencia y, por ello, es importante seleccionar muy bien las fuentes de información. Para hacer que el efecto “cancelado” sea más poderoso, puedes imaginarte que tachas el pensamiento negativo dibujando una cruz blanca sobre él, como si hicieras una “x” en tu mente. De esta manera, visualizas la prohibición de que se vuelva a repetir el pensamiento.

PDF, Ya no seas codependiente

La codependencia es el ciclo de formas de conducta y pensamientos disfuncionales que originan sufrimiento, y que además se repiten de forma compulsiva en respuesta a una relación de tipo enfermizo con un adicto activo la cual puede ser desarrollada en una persona que tiene contacto directo con la adicción de otra, sin importar el tipo de vínculo establecido.

Un ambiente de codependencia surge como una respuesta disfuncional al proceso de adicción al que se deben enfrentar las familias, y a la vez se convierte en un factor determinante para el avance del problema adictivo. La codependencia es un término que nace al final de la década de 1970, probablemente en Minnesota, Estados Unidos, dentro del ámbito de tratamiento a los problemas de dependencia a sustancias psicoactivas.

Cuando el problema es habitual y repetitivo, la persona más cercana al adicto, principalmente aquel o aquellos que conviven con él y; con quienes sostenga un vínculo emocional terminarán por desarrollar un esquema de comportamientos que favorecen el desarrollo de la adicción, proceso conocido como codependencia.

Es muy importante profundizar en el conocimiento y el estudio de la codependencia: ya que su comprensión permite crear una práctica clínica de abordaje y estudio apropiadas, para contribuir en la mejora de uno de los principales factores de recaídas en el proceso de mejoramiento de un adicto: el entorno familiar.

La recuperación de la familia es muy importante dentro de un proceso de adicción para poder lograr un “rescate” integral de todo el daño producido por la enfermedad adictiva en el grupo familiar. Es necesario anotar que de la forma en que es posible tratar una adicción, también es posible tratar una codependencia con técnicas que van desde la asistencia a grupos de autoayuda hasta sesiones estructuradas de terapia familiar.

Ha sido difícil para los codependientes obtener la información y la ayuda práctica que necesitan y
merecen. Ya es bastante difícil convencer a los alcohólicos (o a otra gente perturbada) para que busquen
ayuda. Es más difícil convencer a los codependientes , aquellos que en comparación se ven, pero no se
sienten, normales– de que tienen problemas.

Si eres codependiente, necesitas encontrar tu propio proceso curativo o de recuperación. Para empezar esa recuperación, es útil comprender qué es la codependencia y ciertas actitudes; sentimientos y conductas para entender qué podemos esperar mientras se están dando estos cambios.

Algunas veces la conducta codependiente se enreda de un modo inextricable con la de ser buena
esposa, madre, hermano, marido o cristiano.

Se le llama enfermedad a la codependencia porque es progresiva

Quizá alguna de las razones por las cuales los profesionales consideran enfermedad a la codependencia; es porque muchos codependientes están reaccionando a una enfermedad tal como el alcoholismo. Otra razón por la cual se le llama enfermedad a la codependencia es porque es progresiva. A medida que la gente a nuestro alrededor se enferma más, podemos empezar a reaccionar en forma más intensa aún. Lo que empezó como una pequeña preocupación puede disparar el aislamiento, la depresión, una enfermedad física o emocional, o fantasías suicidas. Una cosa lleva a la otra, y las cosas se empeoran. La codependencia puede no ser una enfermedad, pero puede enfermarte. Y también puede contribuir a que la gente a tu alrededor permanezca enferma.

Otra razón más por la que se le llama enfermedad a la codependencia es porque las conductas
codependientes, como muchas conductas autodestructivas se vuelven habituales. Repetimos los hábitos sin pensarlo. Los hábitos cobran vida propia.

Sea cual sea el problema que tenga la otra personal, la codependencia implica un sistema habitual de pensar; de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos a las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos. Estos hábitos nos pueden conducir a, o mantenernos en, relaciones destructivas que no funcionan.

Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado, pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida: uno mismo. Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar a la única persona que podemos hacer cambiar a uno mismo. Estos son nuestros problemas. En el siguiente capítulo examinaremos estas conductas.

la recuperación de la codependencia produce emociones positivas

Muchas recuperaciones de problemas que involucran la mente, las emociones y el espíritu de una persona son largas y engorrosas. No es así en el caso de la codependencia. Exceptuando emociones humanas normales que estaríamos sintiendo de cualquier manera, y de piquetes de incomodidad que tenemos
cuando empezamos a comportarnos de manera diferente, la recuperación de la codependencia es emocionante. Es liberadora. Nos permite ser lo que somos.

Permite a los demás ser como son. No ayuda a ejercitar el poder que Dios nos ha dado para pensar, sentir y actuar. Se siente uno bien. Nos brinda paz, Nos permite amarnos a nosotros mismos y a los demás. Nos permite recibir amor; esa maravilla que todos buscamos. Brinda un ambiente óptimo para que la gente a nuestro alrededor se cure y permanezca sana. Y la recuperación detiene el insoportable dolor con el que hemos vivido muchos de nosotros.

La recuperación no sólo es divertida, también es sencilla. No siempre es fácil, pero es sencilla. Se
basa en la premisa de que muchos de nosotros hemos olvidado o que nunca hemos aprendido: cada persona es responsable de sí misma. Implica aprender una nueva conducta a la que nos dedicaremos: cuidar de uno mismo.

Preocuparnos demasiado por los demás es energía desperdiciada

Si concentramos toda nuestra energía en la gente y en los problemas, nos queda poco para dedicar el acto de vivir nuestra propia vida. Y ya hay bastante preocupación y responsabilidad en el ambiente. Si la tomamos toda nosotros, no queda nada para la gente que nos rodea. Esto nos hace trabajar en exceso a nosotros y quitarles bastante trabajo de encima a los demás. Y aún más, preocuparnos por la gente y por los problemas no funciona. No resuelve los problemas, no ayuda a los demás y no nos ayuda a nosotros mismos. Es energía desperdiciada.

Preocuparnos y obsesionarnos nos mantiene con tal maraña en la cabeza que no podemos resolver nuestros problemas. Cada vez que nos apegamos de esta manera a alguien o a algo, nos separamos de nosotros mismos. Perdemos contacto con nosotros mismos. Damos en prenda nuestro poder y nuestra capacidad para pensar, sentir, actuar y cuidar de nosotros mismos. Perdemos el control.

Es horrible estar obsesionado con otro ser humano o con un problema. ¿Conoces alguna persona obsesionada con alguien o con algo? Esa persona no puede hablar de otra cosa, no puede pensar en otra cosa. Aunque parezca oírte cuando le hablar, sabes que no te escucha. Su mente está dando tumbos, va de
aquí para allá en un interminable remolino de pensamientos compulsivos. Está preocupada. Relaciona todo lo que le dices con el objeto de su obsesión.

Dice las mismas cosas, una y otra vez, usando las mismas palabras o cambiándolas ligeramente. Lo que tú digas no sirve de nada. Aunque le digas que pare, no sirve de nada. Probablemente lo haría si pudiera. El problema es que no puede hacerlo. Tiene un problema o una preocupación que no sólo lo molesta y lo controla.

Texto tomado del libro.

Apartes, El arte de ser flexible, Walter Riso

La flexibilidad mental es mucho más que una habilidad, o una competencia; es una virtud que define un estilo de vida y permite a las personas adaptarse mejor a las presiones del medio. Una mente abierta tiene más probabilidades de generar cambios constructivos que redunden en una mejor calidad de vida; y en la capacidad de afrontar situaciones difíciles. Una mentalidad rígida no sólo es más propensa a sufrir todo tipo de trastornos psicológicos y emocionales; sino que además afectará negativamente al entorno en el que se mueve.

¿Quién no ha sido víctima alguna vez de la estupidez recalcitrante de alguien que por su rigidez mental no es capaz de cambiar de opinión o intenta imponer sus puntos de vista? No hay que ir demasiado lejos: en cada familia, en nuestro lugar de trabajo, en la Universidad, en el colegio, en el barrio o en el edificio donde vives, siempre habrá alguien intolerante y dogmático que trata de sentar cátedra e influir sobre aquello que piensas o haces.

Las mentes cerradas, además de ser un problema para sí mismas, también lo son para la sociedad en la que viven; pues impiden el progreso y permanecen ancladas en un pasado que quieren perpetuar a cualquier precio.

Es mejor reconocer los errores y aprender a sacarles provecho

La fuerza del pensamiento flexible radica en que, a pesar de la resistencia y los obstáculos; podemos inventarnos a nosotros mismos y fluir con los eventos de la vida sin lastimar ni lastimarnos. Su carta de presentación es la creatividad en aumento. La flexibilidad mental nada tiene que ver con la razón petrificada que se determina a sí misma; sino con aquella razón que «siendo razonable» se refrenda en la buena vida. No es una veleta sometida a los embates del viento que se mueve sin dirección fija; sino una embarcación con motor propio que nos permite cambiar de ruta cuando la tormenta acecha o cuando nos hemos equivocado de rumbo.

Las personas tienen formas distintas de relacionarse con la información disponible en sus cerebros. Algunas se apegan a ella y otras son más arriesgadas a la hora de modificarla. Hay quienes de manera testaruda insisten en que poseen la razón cuando objetivamente no es así; y hay quienes reconocen sus errores y simplemente tratan de sacarle provecho a las situaciones nuevas o desconocidas.

Existen mentes que parecen de piedra: inmóviles, monolíticas, duras, impenetrables y rígidas; donde la experiencia y el conocimiento se han solidificado de manera sustancial e irrevocable con el paso de los años. Estas mentes ya están determinadas definitivamente, ya no aprenden nada distinto a lo que saben porque su procesamiento obra por acumulación y no por selección. Creen haber visto la luz, cuando en realidad andan a ciegas vagando por una oscuridad cada vez más alejada de la realidad. Un golpe certero las hace trizas o las resquebraja; porque no están preparadas para enfrentarse a los dilemas y las contradicciones respecto a su fuero interno. La mente de piedra no se permite dudar y aborrece la autocrítica. Sus fundamentos son inmodificables e indiscutibles.

Para la mente inflexible es difícil tener paz interior

Para la gente inflexible es muy difícil alcanzar un estado de paz interior. Incluso, es prácticamente imposible estar cerca de una persona rígida, ya sea nuestra pareja o nuestro compañero o compañera de trabajo o de universidad, y no verse afectado negativamente por él o ella.

Una mente indefinida y apática es una mente voluble y despersonalizada que no es capaz de reconocerse a sí misma. Líquida: que se escapa, que se derrama, que toma la forma del recipiente que la contiene o permanece indefinida e inconsistente. Vacía de toda idea, la mente líquida coquetea con el nihilismo, (El nihilista es aquel que no cree en nada (nihil), ni siquiera en lo que es). no fija posiciones ni se compromete.

Significado de egoísmo y egocentrismo

Las personas egocéntricas ven el mundo desde su propia perspectiva y desconocen que los demás puedan tener puntos de vista diferentes, fiables y racionales. No es lo mismo ser egoísta que ser egocéntrico. El egoísmo tiene que ver con la incapacidad de amar a otros; el egocentrismo es ser prisionero del propio punto de vista. La incapacidad de reconocer que los otros pueden pensar de forma distinta a uno destruye cualquier relación u opción de diálogo. Estar centrado en uno mismo implica ruptura, aislamiento, mutismo e incomprensión. El niño pequeño se asombra cuando descubre que las demás personas de su entorno no piensan igual que él, y los adultos dogmáticos se ofenden cuando alguien no coincide con su manera de pensar, y rápidamente resaltan la diferencia: No eres de los nuestros o No estás en mi equipo.

El egocéntrico no está preparado para la discrepancia porque simplemente no la concibe como válida. Esta operación mental, por medio de la cual uno se convierte en el epicentro del cosmos y niega la oposición por decreto, también se conoce como personalización. Algunos investigadores han hallado que en la adolescencia este fenómeno de personalización adquiere dos manifestaciones: la audiencia imaginaria (creerse que uno vive en un escenario donde todos lo miran, evalúan y critican) y la fábula personal (en la cual el individuo piensa que él y sus pensamientos y sentimientos son especiales y únicos).

Funcionamiento optimo de una mente flexible

El funcionamiento óptimo es el perfeccionamiento constante de la mente humana por desarrollar sus fortalezas básicas. Entre otras cosas, implica pasar de un estado desorganizado a uno organizado, de un nivel simple a uno complejo, de una escasa autobservación a una mejor autorreflexión, de una mente estática y rígida a una mente más plástica y menos egocéntrica.

Una mente que funcione bien estará siempre activa y comprometida con una transformación profunda del yo. Así como existe una evolución de la especie a nivel global, también existe un mejoramiento o crecimiento individual que hace que nuestras estructuras psicológicas adquieran mayor flexibilidad y mayores posibilidades de adaptarse a situaciones nuevas. El funcionamiento óptimo implica escasa o nula resistencia al cambio y una profunda capacidad de autocorrección.

Apartes del libro, Se amable contigo mismo

En esta sociedad increíblemente competitiva, ¿cuántos de nosotros se sienten realmente bien consigo mismos? Sentirse bien parece algo muy efímero, sobre todo porque necesitamos creernos «especiales y por encima de la media» para tener una autoestima alta. Cualquier cosa por debajo de ese estado parece un fracaso.

El deseo de sentirse especial es comprensible. El problema es que resulta imposible, por definición, que todo el mundo esté por encima de la media al mismo tiempo. Aunque destaquemos en uno u otro campo, siempre hay alguien más inteligente, más guapo, más brillante. ¿Cómo afrontamos eso? No muy bien.

Para vernos desde una perspectiva positiva tendemos a inflar nuestros egos y menospreciar a los demás, de manera que salimos ganando con la comparación. Sin embargo, esa estrategia tiene un precio: nos impide desarrollar todo nuestro potencial en la vida.

Somos seres humanos y a menudo cometemos errores

Todos cometemos errores en un momento u otro, es natural. Y, si lo pensamos bien ¿por qué debería ser de otro modo? ¿Acaso firmamos un contrato antes de nacer prometiendo que seremos perfectos, que nunca nos equivocaremos y que nuestra vida será exactamente como nosotros queramos?. La mayoría de nosotros nos comportamos como si hubiese ocurrido algo terrible cuando fallamos o cuando la vida da un giro indeseado o inesperado.

Uno de los inconvenientes de vivir en una cultura que ensalza el valor de la independencia y los logros individuales es que si no logramos nuestros objetivos imaginarios, nos vemos obligados a culparnos a nosotros mismos.

Y si somos culpables, no merecemos compasión, ¿verdad? Pero la verdad es que todo el mundo merece compasión. Solo por el hecho de ser seres humanos conscientes que vivimos en este planeta somos valiosos por naturaleza y merecemos cariño.

Según el Dalai Lama, los seres humanos deseamos la felicidad por naturaleza y no queremos sufrir. Por ese motivo todo el mundo intenta conseguir la felicidad y librarse del sufrimiento, y este es un derecho fundamental para todos nosotros. Si tenemos en cuenta el verdadero valor de un ser humano, todos somos iguales.

La compasión hacia uno mismo consiste en desear salud y bienestar

A pesar de todo, muchas personas se resisten a sentir compasión hacia uno mismo. ¿No es en realidad como tener pena de uno mismo? ¿O una manera edulcorada de referirse a la auto complacencia?. La compasión hacia uno mismo consiste en desear salud y bienestar, y conduce a un comportamiento proactivo para mejorar la situación personal.

Tener compasión hacia uno mismo no significa creer que mis problemas son más importantes que los tuyos, sino pensar que mis problemas también son importantes y requieren mi atención.

Por tanto, en lugar de criticarte por tus errores y tus fracasos, puedes utilizar la experiencia del sufrimiento para ablandar tu corazón. Puedes deshacerte de las expectativas de perfección poco realistas que te hacen sentir insatisfecho y abrir la puerta a una satisfacción real y duradera. Y todo eso lo conseguirás si te brindas la compasión que necesitas en cada momento.

No es posible tener la autoestima alta en todo momento, y tu vida continuará llena de imperfecciones, pero la compasión hacia uno mismo siempre estará ahí, esperándote como un refugio seguro. Tanto en los buenos tiempos como en los malos, si te sientes en la cima del mundo o en lo más profundo de un pozo, la autocompasión te ayudará a seguir adelante y a trasladarte a un lugar mejor.

No tiene que ocurrir nada especial para que seas feliz

Apreciarnos nos permite deleitarnos en lo positivo de nosotros mismos y de nuestra vida. Y lo más maravilloso es que no tiene que ocurrir nada especial o fuera de lo común para recurrir a esa fuente de bienestar. Sentirse bien puede ser algo muy normal, pero también es renovador y maravilloso.

No es necesario que ocurra algo novedoso para detenernos a oler las rosas. Solo hay que prestar atención a lo que tenemos delante de nuestras narices. En lugar de pasarnos el día en el modo de resolución de problemas, pensando principalmente en lo que queremos arreglar de nosotros mismos o de nuestra vida, podemos hacer varias pausas a lo largo de la jornada para maravillarnos ante lo que no está estropeado.

Puedes sentir lo maravilloso que resulta tener un cuerpo lleno de vida ahora mismo, mientras lees estas palabras. Puedes considerar el asombroso hecho de que observando unos garabatos en una página eres capaz de recibir y conservar la transmisión de ideas. Aunque no nos conozcamos, nuestras mentes pueden comunicarse a través del poder de la palabra escrita. ¡Maravilloso!

Puedes sentir la suave frescura de tu aliento cuando el aire entra y sale por tus fosas nasales, apreciando al máximo el proceso que hace posible la vida y que pasamos por alto. La maravilla de la existencia cotidiana supera en mucho nuestra capacidad de captarlo todo, pero con solo apreciar una pequeña parte podemos incrementar nuestra felicidad en gran medida.

En conclusión

El aprecio por uno mismo es un don que está ahí para que lo tomemos. Todos tenemos aspectos de nosotros mismos y de nuestras vidas que merecen ser apreciados. Lo bueno y lo hermoso están a nuestro alrededor. Y en nuestro interior. El esplendor es una cualidad humana y nos pertenece a todos.

El aprecio y la compasión por uno mismo son en realidad dos caras de la misma moneda. El primero se centra en lo que nos aporta placer y la segunda en lo que nos hace sufrir. Uno celebra nuestros puntos fuertes como humanos, la otra acepta nuestras debilidades. Lo que realmente importa es tener abiertos el corazón y la mente. En lugar de evaluar, comparar, resistirnos, obsesionarnos y distorsionar continuamente, nos limitamos a abrirnos para vernos a nosotros y a nuestras vidas tal como son, en toda su gloria y su ignominia. Abrirnos al amor por toda la creación, nosotros incluidos, sin excepción.

Mientras transitamos por los triunfos y las tragedias de nuestra vida, nos relacionamos con bondad con todo lo que nos rodea. Sentimos la interconexión con todos y con todo. Tomamos conciencia del momento presente sin juzgarlo. Experimentamos todo el espectro de la vida sin necesidad de cambiarlo.

No tenemos que ser perfectos para sentirnos bien con nosotros mismos, y nuestra vida no tiene que ser de una determinada manera para ser felices. Todos tenemos la capacidad de resistir, crecer y ser felices. Es suficiente relacionarnos con nuestra experiencia con compasión y aprecio…