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Crecimiento personal

PDF, La Llave de los Sueños

Sin conocimiento de uno mismo no hay comprensión de los demás, ni del mundo de los hombres; ni de la acción de Dios en el hombre. Una y otra vez lo he comprobado, en mí mismo, en mis amigos y parientes, y también en lo que llaman «obras del espíritu».

Sin conocimiento de uno mismo, la imagen que nos formamos del mundo y de los demás no es más que la obra ciega e inerte de nuestros apetitos, nuestras esperanzas, nuestros miedos, nuestras frustraciones; nuestras ignorancias deliberadas y nuestras huidas y nuestras renuncias y todos nuestros impulsos de violencia reprimida, y la obra de los consensos y de las opiniones que imperan a nuestro alrededor y que nos tallan a su medida.

Por eso apenas tiene relaciones lejanas, indirectas y tortuosas con la realidad de la que pretende dar cuenta, y que desfigura sin ninguna vergüenza. Es como un testigo medio imbécil, medio corrupto en un asunto que le afecta más de lo que quiere admitir; sin darse cuenta de que su testimonio le compromete y le juzga…

Psique, actitud y sentimientos

Cierto es que todo lo que se encuentra y se mueve en la psique busca y encuentra una expresión visible. Ésta puede manifestarse en el nivel de la conciencia (con pensamientos, sentimientos, actitudes, etc.) o en el de los actos y comportamientos; o también en el nivel (llamado “psicosomático» en jerga erudita) del cuerpo y sus funciones.

Pero todas esas manifestaciones, psíquicas, sociales, corporales, son hasta tal punto ocultas, hasta tal punto indirectas; que bien parece que también ahí haga falta una perspicacia y una capacidad intuitiva sobrehumanas, para conseguir extraer un relato, por poco matizado que sea, de las fuerzas y conflictos inconscientes que se expresan a través de ellas.

El sueño, por el contrario, se revela como un testimonio directo, perfectamente fiel y de una fineza incomparable, de la vida profunda de la psique. Detrás de apariencias a menudo desconcertantes y siempre enigmáticas, cada sueño constituye en sí mismo un verdadero cuadro, trazado con mano maestra; con su iluminación y su perspectiva propias, una intención (siempre benevolente), un mensaje (a menudo contundente).

Nosotros mismos somos ciegos, por así decir, no vemos ni torta en ese batiburrillo de fuerzas que actúan en nosotros y que, sin embargo; gobiernan inexorablemente nuestras vidas (al menos mientras no hagamos el esfuerzo de conocerlas…). Somos ciegos, sí, pero en nosotros hay un Ojo que ve, y una Mano que pinta lo visto…

La mente crea la realidad, Deja de ser tú, PDF

Es fácil entender que los traumas dañan el cerebro, pero los investigadores también han descubierto que los pensamientos negativos y la mala programación del pasado también lo afectan.

Por ejemplo, yo crecí con un hermano mayor empeñado en zurrarme. La tensión y el miedo que sentía constantemente me produjeron mucha angustia, unas pautas mentales marcadas por la ansiedad y estar siempre en guardia, porque no sabía cuándo me iba a pasar algo malo.

El temor en el que yo vivía me causó una hiperactividad en los centros del miedo del cerebro durante mucho tiempo, hasta que pude resolver este problema más tarde en la vida.

En una serie de estudios que hemos publicado, la práctica de la meditación, como la que el Doctor Dispenza aconseja, aumentó considerablemente la circulación sanguínea en la corteza prefrontal, la parte más pensante del cerebro humano.

Después de meditar a diario durante ocho semanas, a los sujetos del estudio la corteza pre frontal en reposo se les fortaleció y la memoria también les mejoró. Hay muchas formas de curar y optimizar el cerebro.

No debemos esperar nunca que la ciencia nos dé permiso para hacer algo inusual, de lo contrario estaremos convirtiéndola en otra religión más. Seamos lo bastante valientes como para contemplar nuestra vida, hacer algo «inaudito» y repetirlo una y otra vez. De este modo llegaremos a alcanzar un mayor poder personal.

Daniel G. Amen, M. D.

Walter Riso, Los limites del Amor

Realmente, ¿nunca esperas nada a cambio de tu pareja, ni siquiera una mínima retribución? No seamos hipócritas. Si eres fiel, esperas fidelidad; si das sexo, esperas sexo; y si das ternura, no esperas un golpe.

El mito del amor sin límites ha hecho que infinidad de personas establezcan relaciones totalmente dañinas e irracionales, en las que se promulga el culto al sacrificio y la abnegación sin fronteras. «Vivo para ti», «Mi felicidad es tu felicidad»: amor andrógino, dependencia feliz, adicción bendita. ¿Y después qué? ¿Cómo escapar si me equivoqué?

Si el amor teórico y celestial es ilimitado y no conoce condiciones, el amor terrenal las necesita, y con urgencia. Basta mirar cualquier indicador sobre maltrato y relaciones disfuncionales para darse cuenta de que los llamados «males del amor» ya conforman un problema de salud pública.

Reconocer que existen ciertos límites afectivos no implica necesariamente dejar de amar, sino aceptar la posibilidad de modificar la relación en un sentido positivo o simplemente alejarse y no estar en el lugar equivocado, aunque duela la decisión.

El amor no puede ser obsesión

Si crees que el amor lo justifica todo y que amar es tu principal fuente de realización; el amor se convertirá en una obsesión y no serás capaz de renunciar al afecto o a tu pareja cuando debas hacerlo.

La máxima es como sigue; así el miedo y el apego te bloqueen la mente y ablanden tu corazón: no importa cuánto te amen, sino cómo lo hagan. El buen amor es un problema de calidad total.

Este libro habla del amor de pareja y está dirigido a todas aquellas personas que quieren vivir el amor de una manera más tranquila y sosegada y sin tanta irracionalidad.

El mensaje es que no necesitas «amar el amor sobre todas las cosas» para vivir en pareja y que hay límites a partir de los cuales el amor se transforma en enfermedad o adicción.

Para amar no debes renunciar a lo que eres. Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio; sin conflicto de intereses: «Te quiero, porque me quiero a mi mismo, porque no me odio».

Yo me he llevado tu queso

Como las dietas y los gimnasios, los manuales de auto ayuda te venden la ilusión, de que cabe hacer algo para mejorar como persona; que gracias a ellos es posible encontrar nuestro niño interior; adelgazar o ligar con azafatas o tipos estupendos que estén forrados y conduzcan unos cochazos increíbles.

Si sigues sus preceptos, la fortuna te sonreirá y el universo entero se enamorará de ti, dicen. En teoría nos dan alas, pero cuidadito con ponerte a volar.

Los manuales de auto ayuda no funcionan, por una razón muy sencilla: porque esperan que el lector haga todo el esfuerzo. Sería más honesto que te vendieran un bolígrafo y un libro con las páginas en blanco.

Hoy en día existe más presión que nunca para mejorar: para parecer más guapos, meditar mas; beber menos y elevarnos a la altura de los ángeles.

En resumen, este mundo está repleto de sandeces, dislates y simples estupideces, y cuesta muchísimo abrirse paso entre ellos. Es casi imposible no acabar tan cansado que uno se deje caer y la ola de necedades lo arrolle; la estupidez adopta muchos disfraces y una de las tendencias de ésta y próximas temporadas es vestirse de sabiduría.

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