[Osho] El libro de la mujer, PDF

La mayoría de las diferencias entre los hombres y las mujeres se deben a miles de años de condicionamiento. No son fundamentales por naturaleza, pero hay unas pocas diferencias que les dan una belleza única, individualidad. Esas diferencias se pueden contar muy fácilmente. Una de ellas es que la mujer es capaz de producir vida; el hombre no lo es.

En ese aspecto, él es inferior, y esa inferioridad ha jugado un gran papel en el dominio de las mujeres por el hombre. El complejo de inferioridad funciona de esta manera: pretende ser superior para engañarse a sí mismo y para engañar al mundo entero. Por eso, a lo largo de los siglos el hombre ha estado destruyendo la genialidad, el talento, las capacidades de la mujer, para, de esta forma, poder probar que él es superior, ante sí mismo y ante el mundo.

A causa de que la mujer da a luz, durante nueve meses o más permanece absolutamente vulnerable, dependiente del hombre. Los hombres han explotado esto de una forma muy fea. Y esa es una diferencia fisiológica; da exactamente igual.

La psicología de la mujer ha sido corrompida por el hombre diciéndole cosas que no son ciertas, convirtiéndola en una esclava del hombre, reduciéndola a la categoría de ciudadano secunda-rio del mundo. Y la razón de ello es que él es más poderoso muscular mente. Pero el poder muscular es parte de la animalidad. Si es eso lo que va a decidir la superioridad, entonces cualquier animal es más musculoso que un hombre.

La mujer tiene talentos propios

El hombre ha creado esta sociedad, y en esta sociedad no hay lugar para la mujer. ¡Y ella tiene tremendas cualidades propias! Por ejemplo, si el hombre tiene la posibilidad de la inteligencia, la mujer tiene la posibilidad del amor. Esto no significa que ella no pueda tener inteligencia; puede tenerla, simplemente hay que darle la posibilidad de que la desarrolle.

La mujer puede aportar una ayuda inmensa para crear una sociedad orgánica. Ella es diferente del hombre, pero a un nivel igual; es tan igual a un hombre como cualquier otro hombre. Ella tiene talentos propios que son absolutamente necesarios.

No es suficiente ganar dinero, no es suficiente llegar a tener éxito en el mundo; es más necesario un bello hogar, y la mujer tiene la capacidad de transformar cualquier casa en un hogar. Ella lo puede llenar de amor; porque tiene esa sensibilidad. Ella puede rejuvenecer al hombre, ayudarle a relajarse.

No hay necesidad de que el hombre se sienta inferior a la mujer. Toda esa idea surge porque pensáis en el hombre y en la mujer como dos especies distintas. Pertenecen a una misma humanidad, y ambos tienen cualidades complementarias. Ambos se necesitan mutuamente, y sólo cuando están juntos están enteros.

La vida hay que tomársela con calma. Las diferencias no son contradicciones. Pueden ayudarse mutuamente y realzarse inmensamente. La mujer que te ama puede realzar tu creatividad, puede inspirarte a alcanzar cimas que nunca has soñado. Y ella no te pide nada. Simplemente quiere tu amor, que es su derecho básico.

El hombre y la mujer no son ni iguales, solo son únicos

La mayoría de las cosas que hacen diferentes a los hombres y a las mujeres son condicionales. Las diferencias deberían mantenerse porque hacen a los hombres y a las mujeres atractivos mutuamente, pero no deberían utilizarse como reprobaciones.

Seria muy positivo que ambos se hicieran un todo orgánico, permaneciendo al mismo tiempo absolutamente libres, porque el amor nunca crea ataduras, da libertad. Entonces podremos crear un mundo mejor. A la mitad del mundo se le ha negado su contribución, y esa mitad, las mujeres, tiene una inmensa capacidad para contribuir al mundo. Lo hubiera convertido en un bello Paraíso.

La mujer debería buscar en su propia alma su propio potencial y desarrollarlo, y tendrá así un hermoso futuro. El hombre y la mujer no son ni iguales ni desiguales, son únicos. Y el encuentro de dos seres únicos trae algo milagroso a la existencia.

El hombre y la mujer son mundos diferentes; por eso es difícil que se comprendan mutuamente. Y el pasado ha estado lleno de malentendidos, pero esto no tiene que continuar así necesariamente en el futuro. Nosotros podemos aprender una lección del pasado, y la única lección es que el hombre y la mujer tienen que volverse más comprensivos uno respecto al otro y aceptar mejor sus diferencias. Estas diferencias son valiosas, no es necesario que generen ningún conflicto; de hecho, son las causas de la atracción entre ellos.

Si todas las diferencias entre los hombres y las mujeres desaparecieran, si ambos tuvieran el mismo tipo de psicología, también desaparecería el amor, porque ya no existiría la polaridad. El hombre y la mujer son como los polos negativo y positivo de la electricidad: se atraen entre sí magnéticamente. Son polos opuestos; por eso el conflicto es natural.

Hemos sufrido bastante a causa de la dureza del hombre

El ambiente ahora es que la mujer tiene que ser igual al hombre. A ella ya no tiene que interesarle el hogar, la familia, los hijos, la maternidad. Tiene que interesarse por la poesía, la literatura, la pintura, la ciencia, la tecnología, esto y aquello.

Ahora se reúnen grupos de mujeres por todo el mundo para concienciarse. Y todas sus sesiones de concienciación consisten en una sola cosa: que tienen que destruir algo profundo en su femineidad. Sólo entonces pueden competir con los hombres.

Ellas son suaves, naturalmente suaves. No pueden competir con los hombres. Si quieren competir con los hombres tendrán que volverse duras. Y así, cada vez que te encuentras con una mujer del movimiento de liberación puedes ver que su cara ha perdido suavidad. Es muy difícil llamar «nena» a una de estas mujeres, muy difícil. Y, además, ella se enfadará, no le gustará.

Cualquier tipo de lucha produce dureza. Y puede que intentes que no te interese el hogar, porque si te interesas por el hogar no puedes competir en el mundo. Si te interesas por los niños no puedes competir en el mundo; todo eso se convierte en una distracción. Y si quieres competir en el mundo y probar que eres tan fuerte como los hombres, de alguna forma tienes que volverte más como los hombres.

Y esto será una pérdida. Esto es una pérdida, porque la única esperanza para la humanidad es la suavidad de la mujer, no la dureza del hombre. Hemos sufrido ya suficiente a causa de la dureza del hombre. Lo que se necesita es que el hombre se haga más como la mujer, en vez de que la mujer se haga más como el hombre.

Si una mujer está celosa de otras mujeres, es una de las causas de su esclavitud

La mujer, para ser realmente una mujer, tiene que ser más y más femenina, tiene que alcanzar las cimas de la suavidad y la vulnerabilidad. Y el hombre, para ser realmente un hombre, tiene que ahondar en su masculinidad lo más profundamente posible. Cuando un hombre auténtico entra en contacto con una mujer auténtica, son polos opuestos, extremos. Pero sólo los extremos se pueden enamorar, y sólo los extremos pueden disfrutar de intimidad. Sólo los extremos pueden atraerse mutuamente.

Lo que está sucediendo ahora es una especie de unisex: los hombres volviéndose más y más femeninos, las mujeres volviéndose más y más masculinas. Tarde o temprano, se perderán todas las diferencias. Será una sociedad muy sosa, será aburrido.

Una de las razones por las que las mujeres no se han liberado todavía es que no pueden formar una fuerza juntas: se compadecen del hombre; su compasión no se dirige a las demás mujeres. Con las demás mujeres tienen una relación de celos, a ver si tienen ropa mejor, si tienen mejores accesorios, si tienen un buen coche, si tienen una casa mejor. Su única relación con otras mujeres es una relación de celos.

Pero si toda mujer está celosa de las demás mujeres, naturalmente esta es una de las causas de su esclavitud. No pueden formar una fuerza juntas; de otra forma, constituyen la mitad de la gente del mundo, podrían habérselas arreglado para liberarse hace mucho tiempo. En cualquier momento que quisieran liberarse no habría nada para impedírselo. Ellas son sus propios enemigos.