En la actualidad el estrés parece algo inevitable y omnipresente. Miremos donde miremos, encontramos múltiples fuentes potenciales de estrés dispuestas a robarnos la alegría y perjudicar nuestra salud.

La complejidad de la vida moderna ha elevado nuestros niveles generales de estrés y tensión. Internet y los informativos de veinticuatro horas permiten tener conocimiento de las tragedias; y las catástrofes a los pocos minutos de que hayan ocurrido y sea cual sea el lugar del mundo en el que se hayan producido.

Los avances en la tecnología del transporte y la comunicación nos proporcionan mucha más movilidad en nuestro entorno vital y laboral. No obstante, aunque los desplazamientos son cada vez más rápidos, los grupos familiares tienden a disgregarse a medida que las industrias han ido trasladándose.

El inquietante término «multitarea» nos observa desde la sobrecarga de actividades a la que nos enfrentamos día a día. La tecnología de la información nunca duerme; se manifiesta a través de los teléfonos móviles, los correos electrónicos, los intercomunicadores, los buscas y demás instrumentos electrónicos de control.

Uno de los efectos de estos cambios es que; se ha producido una variación en la naturaleza y el patrón de los factores causantes de estrés. Actualmente estamos expuestos con mucha mayor frecuencia que antes a un estrés crónico o constante.