La fortaleza de las relaciones familiares

Vivimos en una era signada por la ansiedad, el temor a la violencia y el cuestionamiento de los valores fundamentales. La fe en los valores tradicionales sufre un desafío, y las oleadas de prejuicio parecen hacer peligrar nuestra mutua confianza y la lealtad que nos inspira la sociedad.

Tal vez la televisión y otros medios de comunicación hayan afectado demasiado hondamente el enfoque que adoptan la juventud actual y los jóvenes adultos. Con frecuencia se habla de la llamada brecha generacional, lo que lleva a preguntarnos si la experiencia formativa familiar no se habrá vuelto obsoleta y perdido todo su significado.

La fortaleza de las relaciones familiares, o su efecto sobre los individuos, es sumamente difícil de medir. Los autores de esta obra consideran que los cambios observables en la familia no modifican necesariamente la influencia que las relaciones familiares ejercen entre uno y otro miembro.

Las fuerzas reales de la libertad o la esclavitud están más allá de los juegos visibles de poder o las tácticas de manipulación. Los votos de lealtad hacia la familia de origen parten de leyes paradójicas: el mártir que no permite que los restantes miembros de la familia elaboren su culpa es una fuerza de control mucho más poderosa que el mandón exigente y vocinglero. El hijo delincuente o manifiestamente rebelde puede ser, en realidad, el miembro más leal de una familia.

La esencia de la terapia y de cualquier relación humana es la capacidad para asumir compromisos y confiar en los demás. Al acudir al terapeuta en busca de ayuda, el paciente o cliente llega al consultorio provisto de ese precioso don.