La Religión es la mas grande fabrica de virtudes

La religión es la mas grande fabrica de virtudes y valores

La religión es una gran fábrica de virtudes. ¿Puede la religión elevar al hombre a un estado superior? definitivamente SI.

Su significado es muy grande, no se puede limitar a una simple práctica, sino a una fuerza maravillosa que une al hombre con lo divino.

El libro los deberes del hombre, resalta bases fundamentales para una vida productiva, a nivel personal, social y espiritual.

El libro es muy antiguo, data del año 1836, pero sus lecciones son válidas para aplicar en este tiempo; quizá la profundidad de esta obra la haga muy superior a textos modernos.

Si convenimos en que el hombre es superior al animal; si admitimos que hay en él algo de divino, no podemos menos de apreciar en sumo grado, todo sentimiento capaz de ennoblecerle; y siendo evidente, como lo es, que ninguno le ennoblece. Tanto cuánto el de aspirar, a pesar de sus miserias, a la perfección, a la felicidad y a Dios; forzoso es confesar la excelencia de la religión, preciso es cultivarla.

No temas a esos hipócritas burlones, que osan llamarte falso devoto, porque eres religioso; considera que sin fuerza de ánimo ninguna virtud puede poseerse, ni cumplir dignamente ningún deber, pues es imposible ser pio y cobarde.

Nada te importe el asociarte como cristiano, con esos ingenios vulgares, poco capaces de comprender todo lo sublime de la religión; pues si bien el vulgo puede y debe ser cristiano, no por eso se infiere que la religión sea una vulgaridad. También debe el ignorante ser honrado: ¿Y deberá por eso el hombre culto avergonzarse de serlo?

Tu razón, y tus estudios te han demostrado ya, ser el cristianismo la religión más pura; la más santa y en la que más se manifiesta el carácter de divina. En efecto, ninguna ha influido tanto como ella en los progresos de la civilización, y para mitigar o abolir la esclavitud; ninguna, mejor que ella, puede hacernos concebir la fraternidad que existe entre nosotros delante de Dios y con Dios.

Si reflexionas bien sobre lo dicho; si consideras la fuerza y el número de las ricas pruebas históricas que le sirven de apoyo, fácilmente veras cuan fácil sea el demostrar sus ventajas. Las pruebas que apoyan nuestra religión son tales, que cualquier hombre que las examine de buena fe las hallará convincentes.

Personajes como Newton y Locke fueron defensores de la religión

Si quieres evitar errores, si no quieres que los sofismas te alucinen o te hagan dudar de la validez de estas pruebas, ten presente; el gran número de sabios que al examinar las juzgaron evidentes; acuérdate que Dante, santo Tomas, san Agustín y los primeros Padres de la Iglesia, las creyeron incontestables. Piensa, en fin, que todas las naciones te ofrecen una multitud de hombres ilustres, cuyo nombre nadie se atreve a despreciar, que las creyeron infalibles.

El célebre Bacon, tan alabado en la escuela empírica, lejos de ser incrédulo, como sus más ardientes partidarios, profesó siempre el catolicismo. Católico fue Grocio, aunque no libre de errores y escribió un tratado sobre la verdad, y escribió un tratado sobre la verdad de la Religión.

Leibnizio fue uno de los más celosos defensores del cristianismo. Newton no se avergonzó de componer un tratado sobre la concordia de los evangelios. Locke escribió racionalmente sobre el cristianismo. Nuestro Volta era gran físico y hombre de vasta cultura, y fue toda su vida virtuosísimo católico.

Semejantes talentos, y otros muchos que pudiera citarte, son de algún peso para convencerte estar, el cristianismo en perfecta armonía, con las luces: esto es con aquellas luces que, ni la malicia, la mofa ni la irreligión pudieron pervertir.

Entre los hombres que el mundo llama grandes, hay muchos irreligiosos, y no pocos llenos le errores o de inconsecuencias en materia de religión: ¿pero ¿Qué importa? 

Muchos irreligiosos debieron confesar la sabiduría de la religión

Mucho han dicho, mucho han afirmado contra el cristianismo en general, pero nada han probado; y los principales de ellos, 10 pudieron menos de confesar en algunas de sus obras; la sabiduría de la religión que odiaban, o que tan mal seguían.

Las siguientes citaciones, si bien no tienen el mérito de ser nuevas, me parecen propias a convencerte de esta verdad.

Jean Jaques Rousseau escribe en su Emilio estas memorables palabras.
Confieso que la majestad de la Escritura me admira; la santidad del Evangelio habla a mi corazón, considera los libros de los filósofos; verás cuan poco valen, a pesar de su estilo pomposo, ¡comparados a los sagrados!

¿Es posible que el Evangelio, libro tan simple, al mismo tiempo tan sublime, sea obra de hombres? ¿Es posible que aquel, cuya historia se halla escrita en él, no sea más que un hombre?

Los hechos de Sócrates, que nadie pone en duda, son menos potentes que los del SEÑOR Jesucristo; además que el no creer no es suficiente para negar: y ¿sería más fácil; que un gran número de hombres se hubiesen puesto de acuerdo para mentir, que la existencia de un Ser tal que Jesús?

El Evangelio tiene en si tal carácter de verdad, es tan luminoso, tan inimitable, que, si un hombre hubiera sido capaz de inventarle; sería más admirable que Un héroe.

Un pueblo cristiano puede cumplir mejor cualquier deber

El mismo Rousseau dice aun: ¡Haye de esos hombres que, bajo el pretexto de explicar la naturaleza; derraman en el corazón del hombre un torrente de doctrinas desoladoras!… ¡Huye de los que, derribando, destruyendo, hollando cuanto los hombres respetan!

Arrancan del corazón del afligido todo consuelo, ahogando el remordimiento, único freno de las pasiones del rico, y destruyendo la esperanza, ¡único alivio del desdichado!

¡Huye de esos que se alaban de ser bienhechores del género humano mientras solo son los destructores de él! Jamás, te dirán, fue nociva la verdad. No, jamás la verdad fue nociva; pero jamás tales hombres dijeron la verdad.

Montesquieu, aunque no irreprehensible en materia de religión, huyó siempre de esos seres que atribuyen al cristianismo culpas que no tiene.

Bayle, dice Montesquieu, después de haber insultado a todas las religiones, vilipendia la cristiana, atreviéndose a sostener; que un pueblo de verdaderos cristianos no podría subsistir. ¿Y por qué? Al contrario; creo que un pueblo semejante, que un pueblo compuesto de hombres sumamente instruidos, concebiría fácil y perfectamente sus deberes.

Los ciudadanos de un pueblo de cristianos comprenderían el derecho de defensa natural, y conociendo perfectamente sus deberes los cumplirían con gran celo y exactitud.

Tales hombres amarían a su patria tanto más, cuanto mejor conociesen sus deberes y más deseasen su felicidad…. ¡Cosa admirable!

Malísimo es el disputar contra la religión

La religión, que no parece tener por objeto sino la felicidad del hombre en la otra vida, hace nuestra ventura en esta. Y en otra parte dice el mismo: Malísimo es el disputar contra la religión: grandísimo error el trabajar en enumerar los males que ha ocasionado; si no se confiesa al mismo tiempo los infinitos bienes que de ella derivan.

El resultado sería horrible si adicionamos las desgracias que han ocasionado las leyes civiles, las monarquías y los gobiernos republicanos.

Si agrupamos los estragos que los Capitanes griegos y romanos han hecho; las devastaciones de los reyes; o las villas y lugares asolados por unos y otros; si trajeras a la memoria las violencias de Timur, y Gengiskan en el Asía; forzoso sería el confesar, que debemos al cristianismo un cierto derecho en la paz y en la guerra; el derecho de gentes: derechos que jamás el hombre podrá agradecer demasiado.

El gran Byron, ingenio extraordinario, y que tan desgraciadamente se acostumbró a idolatrar tan pronto el vicio como la virtud: ora la verdad; ora el error; pero que deseaba con ansia conocer la verdad y ser virtuoso no pudo menos que confesar la veneración que la religión católica le inspiraba.

Quiso que su hija fuese educada como católica, y en una carta suya bien conocida, en donde hablaba de este deseo; decía haberlo querido así por hallarse convencido de no haber religión alguna que presentase tantas pruebas de verdadera como la católica.

Ser un buen cristiano te hace ser más lógico

El amigo de Byron, el mejor poeta que después de él ha quedado en Inglaterra, Tomas Moore, después de titubear largo tiempo antes de escoger religión; estudió a fondo la del cristianismo, y se convenció de no ser posible ser buen lógico sin ser cristiano; escribió sus indagaciones unas irresistibles conclusiones que de ellas resultaron y exclamó

¡Salve, o Iglesia, única verdadera! ¡O tú sola vida de mi vida! Tú, cuyo tabernáculo solo desconoce la confusión de lenguas… Pueda que mi alma repose a la sombra de tus sacrosantos misterios.

Aparta lejos de mí la impiedad que duda y la imprudente fe que pretende profundizar lo que jamás podrá comprender. Al impío y al curioso yo responderé con San Agustín: tú discutes, yo admiro; disputa tú, yo creeré: veo la grandeza de mi religión, aunque sin comprender la sublimidad de sus sacrosantos misterios.

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