En cuestión al tema de la evolución existen demasiados puntos de vista, pero bueno, seguimos aquí en este mundo, de cada punto de vista aprendemos algo, la mente aguanta mucho, aunque es muy recomendable digerir bien…

RESEÑA.


¿Cuál es la esencia del Homo sapiens? ¿Existe una naturaleza humana básica escondida bajo nuestros ropajes culturales? ¿O es
nuestra naturaleza tan flexible y adaptable que podemos coexistir con cualquier cultura que creemos?

Contrastando la evolución biológica (la «tortuga») con la evolución cultural (la «liebre»), el autor muestra cómo la relación entre ambas arroja nueva luz sobre la sexualidad, la función de la familia, la agresividad y otros aspectos fundamentales de nuestra conducta.

Tenemos un cuerpo y hemos evolucionado, como también ha evolucionado aquella malhadada cebra que nuestro desagradable antepasado encontró tan útil.

Somos seres biológicos a la vez que seres humanos. Sangramos, comemos, defecamos, nos reproducimos, morimos. Y también concebimos las odas más sublimes, construimos las más extraordinarias máquinas.

Desencadenamos la energía del átomo e imaginamos la eternidad y
la divinidad. No sólo somos parte de la naturaleza; también, de un modo extraño, estamos fuera de día, como criaturas que han transcendido en muchos sentidos su propio ser orgánico.

El viaje de la especie humana deja pequeña la odisea de cualquier astronauta, y es un viaje continuo. Somos viajeros del tiempo, con un pie en nuestro presente cultural y otro atascado en nuestro pasado biológico. No es sorprendente que nos sintamos incómodos en esta extraña situación.

El problema de la humanidad es relativamente fácil de explicar, pero muy difícil de resolver: como Pascal reconoció con toda claridad, somos animales, sí pero también somos mucho más que eso.