Comprender la Ley de la Atracción y reconocer la correlación absoluta entre lo que has estado pensando y sintiendo y lo que se manifiesta en tu experiencia harán que seas más consciente del estímulo de tus propios pensamientos.

Empezarás a observar que tus pensamientos se pueden estimular a raíz de leer, ver algo en la televisión, oír u observar la experiencia de otro.

Una vez veas el efecto que la Ley de la Atracción tiene sobre tus pensamientos, que empiezan siendo casi imperceptibles y que van adquiriendo preponderancia y fuerza a medida que les prestas atención, sentirás el deseo de dirigir tu atención hacia aquello que deseas experimentar.

Pues sea lo que fuere en lo que piensas, sin importar cuál es la fuente de estímulo de ese pensamiento, mientras le das vueltas, la Ley de la Atracción empieza a trabajar y a ofrecer otros pensamientos, conversaciones y experiencias de naturaleza similar.

Tanto si estás recordando el pasado como si estás observando el presente o imaginando el futuro, lo estás haciendo ahora, y todo aquello en lo que te enfocas activa una vibración a la que la Ley de la Atracción responde.

Al principio puede que estés reflexionando en privado sobre un tema en particular, pero si piensas mucho en ello, observarás que otras personas empezarán a hablar contigo de ello, pues la Ley de la Atracción busca a otras personas que proyecten una vibración similar y las trae a tu vida.

Cuanto más te enfocas en algo, más fuerza adquiere; y cuanto más fuerte es tu punto de atracción al respecto, más pruebas aparecen en tu experiencia de la vida. Tanto si te enfocas en lo que deseas como en lo que no deseas, la prueba de tus pensamientos fluye constantemente hacia ti.