La necesidad de libertad debe ser enorme. No puede ser aprendida ni adquirida, pero llega a hacerse presente por medio de la auto indagación. En la auto indagación aparece un pre-sentimiento, una insinuación de la realidad y es este presentimiento lo que hace surgir un tremendo anhelo. ¡Puede ser tu despertar!

Cuando te observes a ti mismo, será lo que inicialmente sientas. Puedes desconocer qué clase de carencia es ésta y buscarás entonces en distintas direcciones con la esperanza de satisfacerla. Cuando este proceso de búsqueda se haya llevado a cabo, puede llegar un momento en que la carencia y el deseo que ella conlleva se desvanezcan.

Por un instante, estás en paz. Pero al no ser consciente de esta falta de deseo, te fijas en el objeto, en lo que podría llamarse la causa de tu satisfacción y, naturalmente, ésta pierde inevitablemente su encanto y de nuevo te encuentras insatisfecho.

Pasarás por muchas de estas situaciones sin salida, como un perro de caza que no puede encontrar el rastro y da vueltas frenéticamente. Pero estos cul de-sacs de la experiencia te aportarán una cierta madurez, porque inevitablemente te interrogarás con mayor profundidad sobre todos los acontecimientos y sobre su transitoriedad.

Es un proceso de eliminación. Debes indagar, como un hombre de ciencia, en tu propia vida. Observa que siempre que consigues lo que deseas estás en una ausencia de deseo en la que el objeto inicial, la supuesta causa de tu falta de deseo, no está presente. Observa que esta falta de deseo es realmente inmotivada y que eres tú quien le está atribuyendo las causas.

Al llegar a un cierto punto de madurez, te sentirás repentinamente atraído por el perfume de la realidad; tus idas y venidas en todas direcciones, tu dispersión, cesará. Espontáneamente, te encontrarás orientado. Tu perspectiva total cambiará. El perfume te seduce y te ofrece un anticipo de la realidad, un pre-sentimiento que hace surgir ese intenso estímulo interior.