[PDF] El perro pastor que perdió su rebaño

Parábolas, acertijos y fabulas que nos hacen reflexionar, de manera sutil dan grandes enseñanzas

Existen personas que cuentan con esa capacidad; decir palabras que pueden no ser entendidas de inmediato, pero que envían un mensaje poderoso al subconsciente.

El perro pastor que perdió su rebaño es una fabula encantadora, recoge toda la sabiduría del coaching. Protagonizada por los habitantes de un bosque imaginario cuyos comportamientos son fácilmente identificables en el mundo de los humanos.

Las aventuras que viven les harán descubrir algunas de sus habilidades ocultas, reflexionar sobre sí mismos y, en consecuencia, descubrir un mundo de nuevas posibilidades.

Este texto acerca el mundo del coaching a todos los interesados en conocer más sobre esta filosofía. Asimismo, ayuda a reflexionar sobre el hecho de que, en ocasiones, somos nosotros mismos los que nos limitamos al no buscar la riqueza que reside en nuestros propios talentos.

El libro habla de los cuatro problemas más comunes que un coach tiene que trabajar con sus clientes, de modo que sus enseñanzas interesan a gran cantidad de público.

Después de la experiencia vivida por estos personajes imaginarios, estas fueron sus reflexiones:

Rey, me gustaría que reflexionases sobre lo que te voy a decir: todos los seres vivos tenemos la oportunidad de mejorar, pero para ello primero es necesario tener un conocimiento lo más amplio y ajustado posible de nosotros mismos; reflexionar acerca de dónde estamos y adonde queremos llegar; iniciar nuestro camino de mejora sin olvidar que debe ser duradero y constante en el tiempo y, por tanto, infinito; y que en más de una ocasión nos cuestionaremos y preguntaremos si vamos en la dirección adecuada; por último y no por ello menos importante, hay que saber que no siempre va a ser un lecho de rosas.

Además de las propias experiencias, también nos pueden servir de aprendizaje las de los demás

Rey, que escuchaba muy atentamente todo lo que el búho le decía, le respondió: Estoy de acuerdo contigo, y soy consciente de que no va a ser fácil. A continuación, y dirigiéndose a sus amigos, Rey manifestó: Quiero comunicaros que he decidido que, por el momento, quiero quedarme aquí, en el bosque. Entonces, retomando la conversación con el búho, le dijo:

Yo desearía pedirte que, como coach, me ayudes en mi camino de aprendizaje. ¿Querrás? Estaré encantado de poder colaborar en tu camino de búsqueda. Entonces, el coach, dirigiéndose de nuevo al grupo, añadió: Es importante que tengamos en cuenta que, además de las propias experiencias, también nos pueden servir de aprendizaje las de los demás, como ya hemos visto en el caso de Salomón.

Las experiencias que vivimos como negativas, en realidad son positivas

Por ello continuó, al hilo de la experiencia de Rey, me gustaría recordaros que las experiencias que vivimos como negativas, en realidad son positivas; además de ser de las que más se aprende, como muy bien ha dicho Rey, son regalos que nos ofrece la vida, pero en el momento en que nos los entrega, como no van envueltos en papel de celofán y con lazos de colores, no los identificamos como tales; habitualmente, sólo los valoramos de manera positiva con el paso del tiempo.

Todos se quedaron pensativos. El búho hizo una pausa y añadió:

Antes hemos hablado de percepciones. El tema todavía no ha sido abordado y creo que puede ser muy interesante conocer lo que pensáis al respecto. ¿De qué creéis que sirve la percepción que los demás puedan tener de nosotros? En este momento, Konfi, que ya no podía resistir más lo que el fondo de su alma le pedía, dijo: Está bien, permitidme que intervenga ahora; creo que tengo mucho que aportar sobre la cuestión de las percepciones que los demás tienen de nosotros

La mayoría de nosotros solemos actuar de acuerdo con nuestro modo de ser

Estamos ansiosos de que nos hagas partícipes de tus pensamientos y sentimientos dijo el coach, contento de que Konfi tomara aquella decisión. Sabía que no le era fácil. En mi opinión, la mayoría de nosotros solemos actuar de acuerdo con nuestro modo de ser; por tanto, cuando los demás observan nuestras conductas, pueden llegar a tener una percepción de cómo somos.

Según tu planteamiento, Konfi, entiendo que deberíamos reflexionar respecto a cómo nuestra conducta influye, de una u otra forma, en la percepción que los demás tienen de nosotros. Efectivamente, coach. Otra cuestión es la diferencia que existe entre tener una percepción o un prejuicio. 

¿Nos lo puedes aclarar? la animó el coach. Lo intentaré. Si recordamos lo que sucedió ayer, por ejemplo, Rey presuponía que yo iba a tener una determinada conducta, pero lo cierto es que todavía no tenía ninguna prueba de cómo iba a comportarme.  

Lo que estaba haciendo era juzgar un hecho antes de que sucediera. Era un claro prejuicio. Probablemente siguió explicando, sus recelos provenían de tener referencias de comportamientos de algunos de mis congéneres. Por tanto, su opinión respecto a mí se basaba en efectuar una generalización sobre las serpientes y emitir un juicio sobre todas por igual. 

Bien, y ¿Qué sucedió? 

El resultado de ello fue que, inicialmente, él no se fiaba de mí y tenía miedo de ser atacado; esto provocaba una respuesta determinada por mi parte, puesto que al percibir que él no se fiaba de mí, yo estaba casi predispuesta a actuar como él esperaba. Se había creado un círculo de desconfianza mutua que evidentemente no nos beneficiaba a ninguno de los dos.  

Los hábitos y prejuicios condicionan y pueden llegar a invalidar los compromisos

Para solventar la situación, se me pidió que realizase una promesa en la que me comprometía a no atacar a ningún miembro del equipo. Acepté la petición, y además les aseguré que podían confiar plenamente en mí. Yo adquirí un compromiso de actuación que cumplí.

Konfi, si hubieras roto tu promesa y hubieras atacado a alguno de tus compañeros, y más concretamente al león, ¿Qué crees que habría cambiado? Está claro que en ese caso yo habría sido totalmente responsable no sólo de romper una promesa, sino de transformar con mi conducta lo que inicialmente era un prejuicio en una percepción. ¡Pero afortunadamente no fue así! aplaudió el coach.

El león asintió ante esta afirmación, y el coach esbozó una amplia sonrisa al ver la camaradería que existía entre Rey y Konfi. Y siguió: Pero… si no estoy mal informado, hubo algún momento en que, a pesar de ese acuerdo, surgieron dudas por parte de Rey. ¿A qué crees que fue debido, Konfi?

Los hábitos y los prejuicios condicionan y hasta puede ser que lleguen a invalidar los compromisos. En este caso Rey casi llegó a romper el compromiso que teníamos. Evidentemente, lo cómodo es no afrontar nuevos retos y quedarnos con los modelos antiguos que, más o menos, nos han servido hasta ese momento. 

El mundo es dinámico y cambia

Como tú dices, si nos han servido, ¿por qué hay que cambiarlos? la invitó a seguir el coach. Mmm… Pues yo diría que, desde mi punto de vista, si no exploras y abres ventanas para conocer nuevas cosas, te vas empobreciendo, porque siempre utilizas aquello que ya conoces, no indagas, no pruebas…  

El mundo es dinámico y cambia, existen nuevas situaciones y hay que gestionar nuevas experiencias. En definitiva, si no abres nuevas posibilidades que te vayan enriqueciendo puedes quedarte, por decirlo de alguna manera, fuera de juego. 

Si me permites, Konfi intervino el coach, te diré que estoy totalmente de acuerdo contigo. La experiencia de este viejo búho me dice que la mayoría de los seres nos movemos dentro de nuestro círculo de confort, que es aquel que conocemos y que nos ha funcionado; nos aferramos a nuestras viejas costumbres y tenemos cierto miedo a probar nuevas formas de comportamiento o a cambiar de hábitos.  

A veces, el hecho de encontrarnos ante situaciones totalmente nuevas nos obliga a identificar nuevas respuestas, puesto que las que conocemos quizá no son útiles. Pero lo que resulta más difícil es cuestionarnos si aquello que opinamos, o como actuamos, o la forma en que solucionamos los problemas, podrían ser diferentes.  

Nos aferramos a los viejos estilos, y esto limita la posibilidad de reflexionar

En definitiva, nos aferramos a los viejos estilos, y esto evidentemente limita las posibilidades de reflexionar, analizar, resolver y, al fin, de aprender. Siguiendo en la línea de lo que nos dices, Konfi, ¿qué sucedió para que Rey cambiara su opinión? inquirió el búho. 

Creo, tal como yo lo veo, que se hallaba ante una situación que no sabía muy bien cómo resolver; sin embargo, en lugar de tomar el camino más cómodo, que habría sido dejarse llevar por los prejuicios, supo romper con ellos y dar una muestra de confianza.  

Posteriormente, ante una situación realmente peligrosa, el hecho de que tuviéramos una total confianza el uno en el otro hizo que la afrontáramos en la forma en que lo hicimos, y esto fue clave para el éxito de nuestra empresa. Los dos teníamos un objetivo común y luchamos para conseguirlo. Fuimos audaces. 

Pero, de todas formas, éste es mi parecer, no sé si él en ese momento Konfi miró directamente a Rey con una amplia sonrisa opina lo mismo. Rey parecía estar un poco azorado por la situación. No hizo falta que dijera nada al respecto, puesto que se veía claramente, a través de la emoción que se reflejaba en su curtido rostro, lo que en esos momentos estaba sintiendo. 

Después de esta experiencia, ¿Cuál crees que es la percepción de Rey con respecto a ti? En mi opinión, las experiencias que hemos vivido, tal como ya se ha comentado, han sido muy enriquecedoras, y lo más importante es que nos hemos dado la oportunidad de conocernos realmente. Ahora estoy segura de que la percepción que tiene de mí es muy diferente a la del inicio de nuestra relación, pues mis acciones han permitido que él pueda elaborar un juicio fundamentado. 

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