En el fluir de la vida, PDF, Eric Butterworth

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En el fluir de la vida, PDF, Eric Butterworth

Hace veintitrés siglos, Aristóteles llegó a la conclusión de que lo que buscan los hombres y las mujeres, más que cualquier otra cosa, es la felicidad. Mientras que deseamos la felicidad por sí misma, cualquier otra meta la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices.

Hoy no sabemos más acerca de la felicidad de lo que sabía Aristóteles y, respecto a saber cómo obtener esta condición tan valorada. Casi podríamos decir que no hemos realizado ningún progreso.

A pesar del hecho de que hoy estamos más sanos y nuestra vida es más larga que en siglos pasados, a pesar de que incluso el menos rico entre nosotros se halla rodeado de unos lujos materiales impensables.

hace sólo unas pocas décadas y a pesar del inmenso conocimiento científico que podemos citar a voluntad. Las personas a menudo acaban sintiendo que han malgastado su vida y que sus años han transcurrido entre la ansiedad y el aburrimiento.

De hecho, la felicidad es una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas. Eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices.

Puesto que el éxito, como la felicidad, no puede conseguirse, debe seguirse… Como si fuese el efecto secundario no intencionado de la dedicación personal a algo mayor que uno mismo. 

Nuestras percepciones sobre nuestras vidas son el resultado de muchas fuerzas que conforman nuestra experiencia. Y cada una provoca un impacto que hace que nos sintamos bien o mal. 

Muchas de estas fuerzas están fuera de nuestro control. No es mucho lo que podemos hacer acerca de nuestra apariencia física, nuestro temperamento o nuestra constitución.

No podemos decidir, al menos no demasiado, cuán altos queremos ser, o cuán guapos somos. Tampoco elegir a nuestros padres, ni el momento de nuestro nacimiento. Y no está ni en su poder ni en el mío decidir cuándo va a haber una guerra o una depresión económica.

Las instrucciones que contienen nuestros genes, la fuerza de la gravedad, el polen en el aire, el período histórico en que nacemos… Estas y otras innumerables condiciones determinan lo que vemos, cómo nos sentimos y lo que hacemos. No es sorprendente creer que nuestro destino está determinado primordialmente por fuerzas externas.

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