Muchas veces creemos que la mejor manera de superar nuestros miedos es imaginando que el futuro será mejor que el presente, que más adelante encontraremos las respuestas a nuestras preguntas. No obstante, el futuro no deja de ser una proyección dilatada de nuestro presente, y si queremos que algo mejore en nuestra vida debemos emprender el cambio ahora. Pero ¿cómo? No necesitas irte lejos para descubrirlo. Aquí tienes las respuestas.

Si quieres conocer algo, piensa en ello. En definitiva, el conocimiento de lo que nos rodea parte de nuestro pensamiento. Si prestas atención, te acabas dando cuenta de que todo tiene su origen en tu mente, y que a través de ella puedes crear tu realidad. Esos pensamientos que nos sirven para crear nuestro mundo, en la mayoría de las ocasiones, son creencias profundamente arraigadas desde nuestra niñez o incluso, tal vez, desde tiempos más antiguos, previos a nuestra existencia.

Todo pensamiento va unido a una sensación. Cuando piensas en algo, inmediatamente sientes. Si tratas de pensar racionalmente, aunque te mantengas dentro de una supuesta objetividad, siempre habrá una intención, la cual, aun sin querer, te condiciona. La intención se genera en el corazón, en la emoción.

Pensar, desear, sentir. Son tres vocablos que precisan de una visión
conjunta. Iodo parte de un deseo. Todos deseamos algo en la vida. Nos movemos hacia delante gracias a los deseos y por el ansia de llevarlos a cabo.

Todo deseo se encuentra en tu ser gracias a dos elementos: tu pensamiento y tus sentimientos. Para lograr cualquier cosa en la vida, creo que es imprescindible comprender que tus pensamientos y tus sentimientos trabajan conjuntamente. Piensas y sientes a la vez. De eso trata lo que sigue a continuación. De reflexionar sobre el sentido del deseo, de ahondar en tu mente en busca de respuestas para que tus deseos se cumplan y, lo más importante, de cómo lograr que tus sentimientos puedan finalmente hacer que vivas en aquella realidad en la que deseas vivir.