El club de las 5 de la mañana, PDF, Robin Sharma

El club de la 5 de la mañana, PDF

Este libro: el club de las 5 de la mañana, si que tiene lecciones valiosas. Es bueno que las cosas sean difíciles. Alcanzar la verdadera grandeza y la materialización del genio que hay en ustedes son deportes duros.

Solo los que tengan una dedicación suficiente como para llegar a las fronteras ardientes de los confines más remotos podrán ampliar sus propios límites. 

Y el sufrimiento que sientan, a lo largo del camino de materialización de sus poderes especiales; de sus habilidades más fuertes, y de las ambiciones más inspiradoras, es una de las mayores fuentes de satisfacción humana.

Muestren gratitud por cada instante de sus vidas. No deben ser tímidos con respecto a sus ambiciones. Dejen de perder el tiempo o de dedicarlo a trivialidades sin sentido. Su prioridad debe ser aprovechar la creatividad, ese fuego y ese potencial que están latentes dentro de cada uno. 

Es muy importante hacerlo. ¿Por qué piensan que Platón nos anima a «conocernos a nosotros mismos»? El filósofo comprendió en lo más íntimo de su saber, que contamos con abundantes reservas de capacidades a las que; sin ninguna duda, es necesario acceder, para a continuación aplicarlas, con el objetivo de vivir una vida plena de energía, alegría, paz y significado.

Si desatendemos esta fuerza oculta, que hay en nuestro interior, creamos un campo de cultivo; para el dolor inherente al potencial infrautilizado. La frustración propia de una audacia, y una iniciativa no explotadas; y el desencanto vinculado a la falta de exploración de los propios conocimientos y capacidades.

La dedicación y la disciplina ofrecen mejores resultados que ser brillante

Muchos de nosotros, más de los que sería necesario, hemos caído en una hipnosis colectiva, que nos hace pensar que las personas con facultades extraordinarias; están cortadas por otro patrón y están bendecidas por los dioses de los más preciosos talentos. Pero es que no es así.

La dedicación y la disciplina ofrecen mejores resultados que la brillantez y el talento innato en el día a día. Y no es que los que juegan en primera división tengan suerte. Es que consiguen esa suerte. 

Cada vez que una persona resiste una tentación y aborda un proceso de optimización, refuerza su propia bravura. Cada instante que dedican a algo que saben que es lo más correcto, y no lo más fácil; favorece su entrada en el Salón de la Fama de aquellos que alcanzan grandes logros.

Buena parte de las investigaciones sobre las personas con éxito, confirman que la relación personal que tengamos con nuestras potencialidades; es el indicador clave de rendimiento que determina si las explotamos realmente. 

“Las víctimas tienen televisiones enormes. Los líderes poseen grandes bibliotecas”. 

La consecución de la excelencia es un proceso

Si mantienes un discurso mental que afirme, que no tienes las cualidades necesarias para ser una líder de primer nivel, en los negocios, o una reconocida experta en cualquiera que sea tu actividad ni siquiera te planteas la posibilidad de iniciar la aventura de intentar alcanzar ese objetivo.

La consecución de la excelencia es un proceso, no un hecho aislado. Abordar un programa psicológico castrante, basado en afirmaciones tales como: no todas las personas pueden llegar a ser grandes; o el talento es innato, no se desarrolla, hace pensar que el estudio; las horas de práctica, y la prioridad a los deseos más íntimamente sinceros, no constituyen más que una pérdida de tiempo. 

¿Qué sentido tendría invertir tanto trabajo, tanta energía y tanto tiempo, y hacer tantos sacrificios; cuando los resultados equiparables a los de un nivel de virtuoso, resultan imposibles de alcanzar, según esta escala de valores? 

Y, por tanto, si tu comportamiento diario es siempre función de tus más arraigadas creencias; esa percepción de tu incapacidad para lograr el triunfo se hace también realidad. 

Los seres humanos siempre están programados para actuar en consecuencia con su propia identidad. Nunca consiguen ir más allá de lo que determinan sus antecedentes y su identidad personal. Se trata de algo importante, que hay que tener en cuenta.

Cada ser humano tiene un instinto de grandeza

Los investigadores de la psicología positiva, llaman al modo en el que abordamos la cuestión, de quiénes somos y qué podemos conseguir; y al comportamiento que ponemos en práctica para que esa fantasía se convierta en realidad, la profecía autocumplida. 

De modo subconsciente, adoptamos un patrón de pensamiento, aprendiéndolo de las personas que más nos influyeron en nuestros primeros años. Nuestros padres, nuestros profesores y nuestros amigos. A partir de entonces, actuamos en función de ese patrón. 

Y, como todo lo que hacemos genera los resultados que vemos, nuestra historia personal, muchas veces fallida; se convierte en la razón de ser de nuestra propia existencia. Resulta sorprendente. ¿No es así? 

Pero este es el modo en el que la mayoría de nosotros actuamos durante los mejores años de nuestras vidas. El mundo es un espejo. Y nosotros no tomamos de la vida aquello que deseamos, sino aquello que somos.

Cuanto más aceptemos esa creencia fundamental, sobre nuestra incapacidad para generar resultados excelentes, en cualquiera que sea el área en la que deseemos hacerlo; mayor será la probabilidad, no solo de que esa incapacidad se refuerce y se convierta en una convicción de confianza; sino de que el comportamiento asociado a ella se transforme en un hábito diario.

Cada ser humano tiene un instinto de grandeza, un anhelo por lo heroico, y una necesidad física de superar sus mejores capacidades; con independencia de que lo haga de manera consciente o inconsciente. 

Muchos de nosotros nos hemos visto minimizados, y presionados por las oscuras y nocivas influencias que nos rodean; y que han hecho que olvidemos lo que realmente somos.

Cada persona atesora una gran capacidad de liderazgo

Nos hemos convertido en maestros del compromiso, refugiándonos lenta pero constantemente en las más diversas facetas de la mediocridad; hasta llegar a un punto en el que esta se ha convertido en lo que, en términos informáticos, podríamos comparar con nuestro sistema operativo. 

Los verdaderos líderes no negocian nunca sus modelos de actuación. Saben que siempre hay un margen suficiente de mejora. Son conscientes de que estamos más vinculados a la naturaleza que nos rige cuando intentamos lograr lo que es mejor para nosotros. 

En cierta ocasión, Alejandro Magno dijo: «No tengo miedo de un ejército de leones dirigidos por una oveja; tengo miedo de un ejército de ovejas dirigidos por un león». 

Cada uno de nosotros atesora una gran capacidad de liderazgo en sí mismo y, como ya saben; no hablo de liderazgo en el sentido de tener una importante titulación, una posición privilegiada o una autoridad formal. 

A lo que me refiero es a algo mucho más poderoso y valioso que eso. Se trata del auténtico poder que se aloja en el corazón humano; en contraposición al transitorio y vano poder que dan un ostentoso despacho, el coche más veloz o una nutrida cuenta bancaria. 

De lo que hablo es de la capacidad de realizar un trabajo de tal alcance que nadie pueda apartar los ojos de él. La capacidad de generar un valor ingente en su mercado. De la capacidad de tener repercusión y de sacudir un sector completo de la industria.

Para ser un gran líder no es necesario contar con un título o alto cargo

Y hablo del poder de vivir una vida con honor, nobleza, audacia e integridad. De esta forma se verá satisfecha vuestra oportunidad de hacer historia, a vuestra manera. No importa que se trate de un director ejecutivo o de un conserje, de un millonario o de un obrero, de una gran estrella de cine o de un estudiante. 

Si están vivos, ahora es cuando tienen la posibilidad, y la capacidad de liderar sin necesidad de un título o un alto cargo; de dejar su impronta en el mundo, incluso si en este momento no creen poder hacerlo por las limitaciones de su situación actual. Su percepción no es la realidad. Sencillamente, no lo es. 

Es solo su idea actual de la realidad: hagan el favor de recordarlo. Es simplemente la lente a través de la cual contemplan la realidad en un determinado momento de su búsqueda de la excelencia. 

Eso me recuerda una frase del filósofo alemán Arthur Schopenhauer: «Todo el mundo toma los límites de su propia visión para hallar los límites del mundo. Unos pocos no. Únete a ellos». 

No son solo nuestros padres los responsables de que casi todo el mundo tenga una programación limitada en su mente y que la aplique durante las mejores horas de sus valiosos días.

Muchos profesores bien intencionados, pero poco conscientes; refuerzan la idea de que la expresión del genio en las artes, las ciencias, los deportes o las humanidades está reservada a gente especial. Y que tenemos que aceptar que nosotros somos personas «corrientes» incapaces de llevar a cabo ese trabajo imponente; que deja sin aliento a los demás por su excelencia, y que da lugar a una vida inimitable. 

Es habitual que el hombre tienda a minimizar su potencial

Y, asimismo, escuchamos los comentarios de nuestros amigos y los incesantes mensajes de los medios de comunicación que refuerzan la misma idea. En resumen, este proceso deriva en una hipnosis sistemática y, sin que nos demos cuenta, lo que una vez fue una centelleante expresión de genialidad en nuestro interior va atenuándose. Y las que fueran apasionadas voces que llamaban a aprovechar las oportunidades van languideciendo. 

Tendemos a minimizar nuestras potencialidades y entramos en un proceso en el que renegamos de obrar a lo grande y tendemos a construir prisiones para nuestras capacidades. Y es un proceso que durará toda la vida. Dejamos así de actuar como líderes y generadores de creatividad y posibilidades. Y empezamos a actuar como víctimas.

Es realmente frustrante lo que les sucede a tantas buenas personas, y la mayor parte de nosotros; no podemos ver que este lavado de cerebro, nos impide expresar lo mejor de nosotros mismos.

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