¿Alguna vez te sentiste motivado o inspirado leyendo algún libro con alguna teoría de gestión empresaria, sólo para perder el interés más tarde, luego de haber comprobado que te resultaba difícil llevarla a cabo en la práctica? Si es así, no te preocupes. Es más común de lo que piensas. El mundo de las teorías de gestión y estrategias empresarias es uno de los más variados y, a primera vista, menos precisos dentro de las disciplinas profesionales. En las teorías del “management” se superponen modelos y marcos conceptuales que dicen cosas muchas veces opuestas.

Mientras algunos promueven la innovación, como un elemento indispensable para el éxito empresario, otros dicen que la inversión sistemática y criteriosa es lo único importante. ¿Porqué algunos ponen el acento en los sistemas y en la mejora permanente en las técnicas de producción, mientras que otros magnifican el poder de las marcas, el “valor intangible” y el marketing?

Todo el campo parece un caos. ¿Quién tiene razón? La respuesta correcta es: todos y ninguno. Es decir, depende. Cada uno de esos gurúes tiene, por así decirlo, una receta válida. Cada uno puede enumerar muchos casos exitosos (y verdaderos), de implementación de su propia receta.

Abundan en historias y explicaciones detalladas de cómo llevaron al éxito a tal empresa o a cierto emprendedor. En ese sentido, todos tienen razón. Todos han llegado al éxito por algún camino. El problema comienza cuando tenemos que aplicar esa receta en nosotros mismos. En nuestra vida. Comenzar una empresa siguiendo esos criterios o aplicarlos en nuestro ámbito.

Muchos hemos encontrado que no es tan sencillo reproducir esas recetas para ganar dinero. Nos resulta difícil innovar, no nos sentimos cómodos orientándonos a los sistemas o el análisis de datos, o aborrecemos todas las actividades sociales que requiere crear y sostener una marca. A poco de comenzar a poner en práctica las recomendaciones del gurú nos desalentamos y se apodera de nosotros alguna variante del sentimiento de culpa: “no tengo suficiente disciplina”, “no tengo lo que hace falta para ser exitoso”…