El anhelo del corazón, PDF, Fénelon

El anhelo del corazón, PDF, Fénelon

Es necesario que aprendas a alejarte de los pensamientos vanos y agitados que surgen del amor propio. Experimentarás la libertad y la paz que han de ser para ti como niño de Dios. Cuando sufres, normalmente es la vida de tu propia naturaleza la que te hace daño.

No agudices la cruz de tu vida volviéndote tan ocupado que no tengas tiempo para sentarte en mansedumbre ante Dios. No te resistas a lo que Dios trae a tu vida.

La ansiedad trae sufrimiento. A veces sencillamente no estás dispuesto a sufrir, y acabas resistiéndote a la obra de Dios. Si pones a un lado todos tus deseos inquietos y tu ansiedad, experimentarás la paz y libertad que Dios da a Sus hijos.

El yugo que da Dios es fácil de llevar si lo aceptas sin tratar de escapar. Haces que la vida te sea más dolorosa cuando resistes a Dios en lo más mínimo.

Sueles regatear con Dios para poner un límite a tu sufrimiento. El propio capricho interior que hace necesaria la obra de la cruz en tu vida es el mismo que intenta empujar la cruz a un lado.Dios tiene que empezar contigo desde cero cada vez que le echas a un lado.

Confía en Dios en certidumbre, aunque no alcances a ver lo que está haciendo. Confía en que Dios, con gran compasión, te ofrece pruebas en proporción a la ayuda que te quiere prestar. No hay duda de que la vida de fe es la más sutil muerte de todas. Mantente sencillo y humilde ante Dios y Él te traerá paz, ternura, paciencia y contentamiento aún en tu tribulación.

No busques a Dios como si estuviera allá, alejado en un castillo de marfil. Él se halla en medio de los acontecimientos de tu vida diaria. Dios quiere construir una relación contigo que se basa en la fe y en la confianza, no en inflamados milagros. Dios usa los desengaños, desilusiones y fracasos de tu vida para llevarse la confianza que tienes en ti mismo y ayudarte a poner tu confianza en Él.

Lloras como un bebé cuando Dios quita algo o se lleva a alguien de tu vida, pero llorarías mucho más si vieras el eterno perjuicio que te causan tus malos apegos. En el momento en que la mente empieza a dar vueltas, es muy difícil tener confianza en Dios. He aquí el crisol de la humillación, donde tu corazón es purificado por una sensación de debilidad y falta de dignidad.

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