Técnicas para el control de la activación: Relajación y respiración.

La relajación no sólo es una de las técnicas más utilizadas en intervención psicológica; sino que incluso podemos aseverar que forma parte del acervo cultural propio de la Historia de la Humanidad.

Y es que, de alguna manera, el hombre ha utilizado estrategias naturales de afrontamiento a las situaciones, que le desbordaban por un exceso de activación; con técnicas o procedimientos que le han permitido contrarrestar los efectos nocivos de la misma.

No obstante, la investigación experimental ha permitido depurar y sistematizar una serie de métodos de relajación; que son los más eficaces para la obtención de los beneficios que pueden conseguirse con estas técnicas.

Podemos asegurar que la mayor parte de técnicas de relajación estructuradas que se utilizan en la actualidad; tanto en la práctica profesional como en la investigación científica se basan en dos técnicas desarrolladas a principios de este siglo; la relajación muscular progresiva (Jacobson, y el entrenamiento autógeno (Schultz.

Ambas se complementan, ya que se centran; respectivamente en dos de las principales funciones de la relajación: el descenso en el tono muscular, en lo que se refiere a la RMP y la sugestión y control mental del EA.

Posteriormente han aparecido procedimientos estructurados realmente eficaces; que reducen considerablemente la duración del entrenamiento y que en realidad se llevan a cabo en la actualidad (Bernstein y Borkovec, 1973; Lichstein, 1988, etc.).

La utilidad de la relajación estriba en que conduce a la consecución de un estado de reducción de la activación general del organismo, con lo que esto supone de beneficio; tanto a nivel subjetivo, puesto que resulta placentero, como en lo que respecta a las propia salud física y psicológica.