[PDF] Cómo Educar las emociones

Educar las emociones en los niños

Por lo general, expresar nuestras emociones lo hacemos de manera instintiva, nadie nos ha enseñado a sonreír. Antes de que podamos explicar con palabras, y de modo consciente que sentimos; desde la cuna ya damos a conocer las emociones básicas y universales que nos embargan.

Hasta ahora, no hemos sabido hacer otra cosa que machacar esos sentimientos con los que llegamos al mundo. Afortunadamente, estamos descubriendo por fin la prioridad que deberíamos otorgar al aprendizaje emocional.

Algo que este constatando la ciencia, es la importancia de la gestión de estas emociones básicas; y de su prioridad frente a los contenidos académicos de los más pequeños, como la capacidad de cálculo, la caligrafía, la gramática… Incluso la adquisición de valores queda en un segundo plano. Aquí, en aprender a manejar las propias emociones, que no reprimirlas; como hemos venido haciendo durante siglos reside la clave del éxito de los futuros adultos.

Es requisito indispensable para aprender a gestionar las emociones el saber contar con el resto de la manada. La inteligencia, sea emocional o de cualquier otro tipo, o es social o no es inteligente.

Hasta tal punto, es esto cierto que el reconocimiento social de lo que uno dice y hace; es un buen indicador de la salud del individuo; el último mono en la escala social carece de buena salud, mientras que la de los diez primeros suele ser excelente.

Eduard Punset.

La persona que habla dos idiomas está mejor preparada para afrontar dificultades

No hay duda de que tenemos que tejer redes sociales. Una persona que habla dos idiomas en lugar de uno esta mejor preparada para afrontar dificultades. Quien intercambia conocimientos, sentimientos chismorreos o genes con otras personas va a salir ganando por fuerza y encima, la revolución tecnológica nos brinda una oportunidad de oro.

Estamos más conectados que nunca, o tenemos la capacidad de estarlo; somos más sociales que nunca o almenos podemos serlo, y eso es algo que no se puede desaprovechar. En nuestras manos tenemos herramientas con las que mejorar nuestro aprendizaje social y emocional: conocer la importancia del miedo, controlar la ira y empatizar con nuestro entorno.

adquirir todas estas habilidades, es algo que hay que hacer cuanto antes; y para ello es necesario que la gestión emocional se introduzca, en la educación desde la más tierna infancia. Hoy sabemos, gracias a la ciencia, que entre los cuatro y los diez años; hay que activar los afectos en los niños para que tengan curiosidad intelectual necesaria. Pero por sorprendente que parezca, esta tarea remonta incluso a los meses previos al nacimiento de nuestros hijos.

Hasta hace poco, nadie tenía en cuenta el impacto que podrían tener los niveles de estrés; de la madre en la criatura dentro de su vientre. Uno de los descubrimientos sociales, de mayor trascendencia de estos dos últimos siglos es; sin duda el impacto de su vida de adulto de la acontecido al bebe desde su gestación.

Hay evidencias de la importancia de adquirir competencias emocionales

La inteligencia emocional tiene aplicaciones en la prevención inespecífica. Una persona con
competencias emocionales está más preparada para no implicarse en el consumo de drogas, comportamientos de riesgo.

Hay evidencias de la importancia y la necesidad de adquirir competencias emocionales por parte de la infancia y la adolescencia de cara al desarrollo personal y profesional.

Una conclusión es clara: en educación emocional hay que empezar lo antes posible. Incluso durante el embarazo, ya es muy importante el estado emocional de la futura madre; por las repercusiones que esto tiene en el feto.

La relación entre emoción y salud es cada vez más evidente. Las investigaciones han demostrado cómo las emociones negativas contribuyen a disminuir las defensas del sistema inmunitario y por lo tanto predisponen a contraer enfermedades.

En cambio, las emociones positivas contribuyen a aumentar nuestras defensas y en consecuencia, pueden funcionar como prevención. Se han identificado más de cuarenta enfermedades que pueden ser consideradas de carácter psicosomático, donde las emociones pueden jugar un papel importante, entre ellas el asma las úlceras gástricas, los tic, las contracturas, la hipertensión crónica, los trastornos cardiovasculares etc.

Conviene dejar claro que la inteligencia emocional es importante en todas las personas, independientemente de la edad, del sexo o del estado de salud. En cualquier caso, puede que las enfermedades hagan más difícil, regular las emociones de donde se deriva; una mayor importancia de la inteligencia emocional en estas situaciones, tanto por parte del enfermo como de las personas que lo acompañan.

La curiosidad es un mecanismo innato que lleva a la exploración

Inferido de todo cuanto llevamos dicho, un pilar básico de las emociones es la curiosidad. La emoción y la curiosidad son dos mecanismos indisolublemente unidos. De hecho, la curiosidad es uno de los ingredientes básicos de la emoción. Es el mecanismo principal que la enciende. El sistema límbico, sede de las emociones, siempre está en guardia y fácil para ser activado por estímulos nuevos; diferentes, que salgan de la penumbra de lo cotidiano.

La curiosidad es un mecanismo innato que lleva a la exploración, a husmear en todo lo desconocido; a tener los ojos siempre bien abiertos a todo cuanto ocurre. Con la curiosidad, el animal 0 el mismo ser humano, adelantan sucesos posibles, conocen lo que puede suceder antes de que esto suceda. Y es con esta curiosidad que nace el foco de la atención que es como la ventana que, al abrirse, permite la creacién del conocimiento.

Y de todo esto, de raíz inviolablemente biológica, junto a, en general, todo aquello que sabemos de cómo funciona el cerebro; se esté sacando provecho al aplicarlo a cómo enseñar mejor a los maestros, pues es claro que para que un alumno preste atención en clase; ya sabemos que no vale exigirle, sin más, que preste atención.

La atención sigue a la curiosidad del alumno

eso sirve de bien poco, sobre todo si el profesor es aburrido y aun con un profesor activo y un tema que pudiera ser interesante. La atención hay que evocarla por mecanismos, que la neurociencia cognitiva actual comienza a desentrañar; y claramente uno de ellos, sino el principal, es evocar la curiosidad en el alumno por aquello que se le explica.

Ello ha llevado a intentar crear métodos y recursos capaces de evocar la curiosidad en los alumnos. Métodos adaptados a los mecanismos específicos de cada edad en los nifios y las materias que se enseñan. Métodos asociados a la recompensa y no al castigo.

Y esto último empieza a conocerse como «neuroeducación». La atención sigue a la curiosidad sin necesidad de pedírselo al alumno. Y es después, que se sigue con el proceso activo, eficiente, de aprendizaje y memoria.

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