Como cultivar el Amor Divino, Paramahansa Yogananda

El amor dura poco, a menos que sea amor divino. Es lo que sucede con los amantes que se prometen amor eterno bajo la plateada Luna, y después ésta se ríe de sus calaveras y dice, ¡Cómo mintieron! …su amor no ha sido para siempre.

Pero si el amor que sientes en tu corazón no es de esta tierra, no es de este mundo; si has alcanzado el amor para todos en las bases de la amistad divina; si amas a los demás por lo que son y no para tus fines, habrás alcanzado y expresado el divino amor de Dios.

Desarrollar el amor puro e incondicional entre el marido y la esposa, padre e hijo, amigo y amigo, entre uno mismo y los demás es la lección que hemos venido a aprender en la tierra.

No debes odiar ni a tus enemigos. Nadie es totalmente malo. Si escuchas a alguien tocando el piano y oyes una nota incorrecta, te inclinas a juzgar como malo todo el piano. Pero el error reside en una sola nota. Arréglala y verás cómo el piano está perfecto. Dios vive en el interior de todos sus hijos. Odiar a alguien es como negar a Dios.

Este mundo es el laboratorio de Dios. Nos quemamos en el fuego de la experiencia mortal, para que así nuestra divina inmortalidad, que está enterrada bajo los escombros de nuestra conciencia, pueda ser revelada. Ama a todos, guarda silencio y no te preocupes por nada.

Dios no otorga su poder a aquellos que son espiritualmente débiles

Imagina, como si de un arma de guerra se tratase, hablan de soltar gases llenos de gérmenes que infectarán pueblos enteros causándoles la muerte.

Tales son los mortíferos instrumentos de destrucción que el hombre está creando, en vez de desarrollar el arma del amor, que puede destruir todo el odio, la mezquindad y el egoísmo del corazón del hombre.

En la guerra, cada bando se echa la culpa al otro de haber empezado el conflicto. Pero recuerda; no puedes aplaudir con solo una mano; hacen falta dos.

Es cierto que algunas naciones son peores que otras algunas veces; pero aquellos que son buenos deberían conquistar el mal no mediante el mal, sino mediante el bien.

Si el hombre normal es abofeteado, el mayor deseo es el de devolver la bofetada. Así pues, Dios no otorga su poder a aquellos que son espiritualmente débiles, ya que podrían utilizarlo erróneamente. El deseo y la fuerza de perdonar proviene del contacto con Dios.

Muy poca gente hallaréis en este mundo que sean sinceras y que quieren ser tus amigos por que sí, sin esperar nada a cambio. Esas almas sinceras son más deseables; más que todas las riquezas.

Si puedes ser un verdadero amigo de las personas, hallarás a Dios. Si amas sinceramente a las personas, podrás conocerlas; tal y como a través de un cristal limpio puedes ver lo que hay en su interior. Pero tu percepción de la gente es borrosa a no ser que ames a Dios, y ames a los demás con el amor de Dios.

Dios se convirtió en el padre para amarnos a través de la sabiduría

No debemos asustarnos de amar a nuestros seres queridos, temiendo locamente perderlos en las brumas de la muerte. Ámales de forma pura, tan sincera que, incluso durante las separaciones temporales, veas en ellos el infinito amor verdadero de Dios.

Hallando el Amor Divino hallarás a todos tus seres queridos, y con amor omnipresente no sólo les tendrás a ellos, sino a todas las desconocidas formas del Amante Cósmico. Alguien que no responde al amor no es siquiera un ser humano. Aquellos que responden al amor reciben el mensaje de Dios que pasa a través de las palabras de los demás.

Para hallar la paz debemos amar más, pero no podemos amar a la gente incondicionalmente a menos que conozcamos a Dios.

El alma es absolutamente perfecta, pero cuando se identifica como el ego del cuerpo, su expresión se distorsiona por culpa de las imperfecciones humanas. Si los seres humanos fuesen solo esas mentes y cuerpos imperfectos, habría alguna justificación para las divisiones y los prejuicios. Pero todos somos almas, hechos a la imagen de Dios.

Todos somos almas hechos a imagen de Dios

El amor por la familia es inherentemente fuerte. A través del amor de la familia, Dios se convirtió en el padre para amarnos a través de la sabiduría, y también se convirtió en la madre porque quería darte amor incondicional. Dios se convirtió en el amado y el amante para unir almas en un amor expandido. Se convirtió en el amigo para unir a las almas en un amor puro e impersonal.

En la amistad no hay compulsión; nace de la propia elección del corazón. Esa amistad es la que tendría que haber entre marido y mujer, entre padre e hijo, en todas las relaciones humanas. La amistad es uno de los factores más importantes para traer la paz al mundo.

Nadie puede amar esta nación sin aprender la primera lección del amor, que consiste en amar a la propia familia. Los primeros llantos del bebé son por la leche, pero pronto dirige su amor hacia el padre y la madre. Cuando crece, empieza a amar a su país. Y cuando ese alma llega a ser como la de Cristo, empieza a amar al mundo

La alegría es el perenne y nativo estado del alma

Amamos tanto a nuestros propios pensamientos que no siempre podemos entender lo que las demás personas piensan. Vivimos limitados por nuestros conceptos; igual que la rana que vivía en un pozo: Cuando una rana de un lago cayó en el pozo y le habló de cuán grande era su casa, la rana del pozo se rio de ella.

Nunca había visto nada más allá del pozo y estaba totalmente convencida de que no podía haber nada más grande. Esta es la limitada actitud de las naciones y también de los hombres. Cada nación cree que su punto de vista es el correcto.

Aquellos que viven en conexión con la fuerza atractiva del amor consiguen la armonía

En el sentido universal, el amor es el poder divino de la atracción que armoniza, une y vincula. Está opuesto a la fuerza de la repulsión, que es energía cósmica que materializa la conciencia de Dios.

La repulsión mantiene todas las formas en el estado manifestado a través del maya, el poder de la ilusión que divide, diferencia y desarmoniza.

La fuerza atractiva del amor contrarresta la repulsión cósmica para armonizar toda la creación y retornarla a Dios. Aquellos que viven en conexión con la fuerza atractiva del amor; consiguen la armonía con la naturaleza y sus semejantes y son atraídos a la feliz unión con Dios.

En este mundo, el amor presupone dualidad; nace del intercambio mutuo de sugestión o sentimiento entre dos o más seres. Incluso los animales expresan un cierto tipo de amor por los demás y por sus crías.

En muchas especies, cuando la pareja muere, la otra sucumbe poco después. Pero este amor es instintivo en los animales; ellos no son responsables de su amor. Los humanos, por otra parte, tienen una consciente autodeterminación en el intercambio de amor con los demás.

Cada reflejo del amor proviene del amor cósmico

En el hombre, el amor se expresa de diversas maneras. Está el amor entre marido y mujer, entre padre e hijos, entre hermano y hermana, entre amigos; entre gurú y discípulo, entre el devoto y Dios, entre el alma y el Espíritu.

El amor es una emoción universal, sus expresiones se distinguen por la naturaleza del pensamiento a través del cual se mueve. Así, cuando el amor pasa a través del padre, su conciencia lo transforma en amor paternal. Cuando pasa a través del corazón del amante, da a ese amor universal otra cualidad más.

No es el instrumento físico, sino la conciencia a través de la cual se mueve el amor la que determina la cualidad del amor expresado. Así un padre puede expresar amor maternal, una madre puede expresar el amor de un amigo, un amante puede expresar amor divino.

Cada reflejo del amor proviene del amor cósmico, pero cuando es expresado como amor humano en sus diversas formas, siempre es algo confuso. La madre no sabe por qué ama al hijo y el hijo no sabe por qué ama a la madre.

Ellos no saben de donde proviene el amor que sienten hacia el otro. Es la manifestación del amor de Dios, y cuando es puro y generoso refleja Su amor divino.

De este modo, investigando el amor humano, podemos aprender algo del amor divino; ya que en el amor de los hombres vislumbramos una pequeña parte de ese amor de Dios.

Diferencia entre el amor de Padre y el amor de Madre

El amor paterno nace de la sabiduría y se basa en la razón. En la conciencia del padre, siempre está el pensamiento: ‘Este es mi hijo y debo protegerle y cuidarle.’

El hace esto generosamente, expresando su amor; mediante la enseñanza y la complacencia, así como también da al hijo todo lo que necesita. Pero el amor paterno es parcialmente instintivo, como todas las formas de amor familiar: el padre no puede evitar amar a su hijo.

El amor materno es más amplio. Se basa en el sentimiento en vez de en la razón. El verdadero amor maternal es incondicional. Podemos decir que es más espiritual y, por consiguiente, más grande que muchas expresiones de amor humano.

Dios puso en el corazón de la madre un amor por el hijo que es incondicional, sin importar la conducta o los méritos del hijo. Incluso si el hijo se convierte en un asesino, el amor de la madre permanece firme, inmutable; donde el amor del padre sería impaciente y menos proclive a perdonar.

El amor incondicional de la madre es probablemente el amor humano más cercano al amor divino. La verdadera madre perdonará a su hijo incluso cuando nadie más lo haría. Este tipo de amor ejemplifica el amor de Dios; El perdona a sus hijos no importa cuantos pecados hayan cometido. ¿Quién podría haber otorgado este amor materno sino Dios?

En el verdadero amor maternal Dios nos da la prueba irrefutable de que nos ama incondicionalmente; sin importar lo malos que seamos o lo mucho que pequemos. El Espíritu Divino no es un tirano. Él sabe que nos ha colocado en un mundo de ilusión. Sabe que tenemos problemas, conoce nuestras peleas.

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