Crecimiento personal

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Patricia Anaya, Yo soy abundancia

Todos los seres humanos tienen la libertad de crear su propia vida. Libertad es la habilidad de crear tus propios pensamientos y emociones, y actuar siempre a tu favor. No necesitas aceptar todo las cosas que la sociedad u otras personas te tratan de imponer.

Las personas que saben cómo pensar y decidir por ellos mismo son realmente libres e independientes. Son personas positivas y saben que creer y que no creer. Saben la diferencia entre lo que les sirve y no le sirve para crear la vida que desean y merecen.

Las personas con libertad saben separar la basura de lo valioso. Pero sobre todo, hacen el tiempo para saber que es lo que quieren en la vida; y enfocarse en CREAR y VIVIR la vida que desean y merecen.

Todo ser humano tiene talentos

Todo ser humano cuando nace, nace con todos los talentos y habilidades para crear una vida maravillosa, pero conforme va creciendo; su entorno familiar y social lo va moldeando a imagen y semejanza de las personas que lo rodean y va perdiendo su forma y brillo original.

Las familias y las escuelas tienen la misión de EDUCAR. Educar significa sacar lo mejor de cada persona. Desafortunadamente esa misión se ha olvidado; y ahora de lo que se trata es de olvidarnos de nuestro verdadero potencial y de ser igual que los demás.

Quizás hasta ahora tú has sido un producto de tu medio ambiente y de la sociedad en que vives; pero ya es hora de retomar el camino y crear la vida que te mereces y deseas.

Como ser humano y líder tu tienes la responsabilidad de ser tu mejor versión de ti mismo; y ser un buen modelo a seguir para las personas a tu alrededor. No se trata de los demás, se trata de ti mismo, de tu vida.

Miguel Ruiz, Los cuatro acuerdos, PDF

Los toltecas eran conocidos en todo el sur de México como “mujeres y hombres de conocimiento”. Los antropólogos han definido a los toltecas como una nación o una raza, pero de hecho, eran científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados.

Soñar es la función principal de la mente, y la mente sueña veinticuatro horas al día. Sueña cuando el cerebro está despierto y también cuando está dormido. La diferencia estriba en que, cuando el cerebro está despierto, hay un marco material que nos hace percibir las cosas de una forma lineal. Cuando dormimos no tenemos ese marco, y el sueño tiende a cambiar constantemente.

Los seres humanos soñamos todo el tiempo. Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo que llamaremos el sueño de la sociedad o el suero del planeta.

El sueño del planeta es el sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños más pequeños, de sueños personales que, unidos, crean un sueño de una familia, un sueño de una comunidad, un sueño de una ciudad, un sueño de un país, y finalmente, un sueño de toda la humanidad.

El sueño del planeta incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y mane-ras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.

Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad. El sueño externo tiene tantas reglas que, cuando nace un niño, captamos su atención para introducir estas reglas en su mente. El sueño externo utiliza a mamá y papá, la escuela y la religión para enseñarnos a soñar.

“No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo decides. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida”. (Miguel Ruiz).

El poder del equilibrio, PDF, Frank Diaz

En el antiguo México florecieron culturas muy avanzadas, que supieron vivir en armonía con la Naturaleza, crearon arte y una ciencia impresionantes; desarrollaron los poderes latentes del ser humano, la suma de todos esos conocimientos fue llamada por sus creadores, Toltekayotl, toltequidad.

Los toltecas históricos aparecieron hace unos 5000 años. En Perú se les conoce como cultura de Chavín, y en México reciben el nombre de Olmecas. Sus ideas y experiencias sobre el Universo, la vida, la evolución de la conciencia; y el destino del hombre, se desarrollo más tarde, por las grandes civilizaciones de Tiahuanaco, Teotihuacan, Tenochtitlan y el Cuzco.

El centro de la cosmovisión tolteca era Ketsalkoatl, Serpiente Emplumada, la entidad suprema del Universo; conocida en el Perú como Wirakocha, Simiente del Océano, y entre las naciones de Norteamérica como Manittu, Gran Espíritu.

Este símbolo sagrado representa la trascendencia de las limitaciones materiales (comparadas con una serpiente) y la liberación del espíritu (el quetzal). Ketsalkoatl es, pues, la conciencia cósmica encarnada cíclicamente en nuestro mundo, para llevar a cabo una misión civilizadora entre los seres humanos.

Un aspecto fundamental de la Toltequidad, que la distingue de otras propuestas culturales y espirituales de la Tierra; es su carácter práctico y la búsqueda de soluciones viables para los problemas humanos.

En lugar de plantear el problema de la existencia a partir, sea de lo físico, de lo social o de lo divino. Quetzalcoatl establece como realidad primera de la situación humana la fuerza potencial de integración que le es exclusiva. De ahí que su mensaje aparezca más como una guía de acción que como una teoría filosófica…

Eckhart Tolle, El silencio habla

Un verdadero profesor espiritual no tiene nada que enseñar en el sentido convencional de la palabra; no tiene nada que darte o añadirte, ya se trate de nueva información, de creencias o de reglas de conducta.

Su única función consiste en ayudar a librarte de aquello que te aleja de la verdad de lo que eres y de lo que sabes en el fondo de tu ser. El profesor espiritual está allí para descubrirte y revelarte esa dimensión de profundidad interna que también es paz.

Si te diriges a un profesor espiritual o te acercas a este libro buscando ideas, teorías, creencias estimulantes o discusiones intelectuales, entonces te sentirás decepcionado. En otras palabras, si estás buscando alimento mental, no lo encontrarás y perderás la esencia de la enseñanza, la esencia de este libro, que no está en las palabras, sino dentro de ti mismo.

Es conveniente recordar esto y sentirlo a medida que vayas leyendo. Las palabras no son mas que señales. Aquello hacia lo que apuntan no se encuentra en el reino del pensamiento, sino en una dimensión interna que es más profunda e infinitamente más vasta que el pensamiento.

Una de las características de esa dimensión es una paz vibrante de vida, de modo que cada vez que sientas surgir esa paz interior mientras lees, el libro estará cumpliendo su cometido y realizando su función docente: te está recordando eres e indicándote el camino de vuelta a casa.

Éste no es un libro para leerlo de una tirada, de principio a fin, y dejarlo. Vive con él, ábrelo con frecuencia y, lo que es más importante, ciérralo asiduamente; es decir, pasa más tiempo sosteniéndolo en tus manos que leyéndolo…

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