La Conciencia, Samuel Smiles

Hay una palabra más fuerte que la de libertad, y ésta es conciencia. Desde el principio de la civilización ha sido reconocido el poder de esta palabra. Menandro, el poeta griego que vivía trescientos años antes que Jesucristo, lo reconocía debidamente. En nuestro propio pecho, decía, tenemos un Dios; nuestra conciencia. En otra parte dice: No es vivir, vivir para sí mismo. Cuando hagáis lo que es sagrado, hacedlo alegremente, sabiendo que Dios mismo toma parte con legitimo valor. Un corazón generoso es la gran cosa que necesita el hombre.

La conciencia es aquella facultad peculiar del alma que pudiera llamarse el instinto religioso. Revelase primeramente cuando notamos la lucha en nosotros mismos entre una naturaleza elevada y una baja el espíritu batallando contra la carne del buen esfuerzo para el dominio sobre el mal. Dirigid la vista adonde queráis, en la Iglesia o fuera de la Iglesia, siempre continúa la misma lucha, guerra a vida o muerte; hombres y mujeres atormentados por la inquietud, porque aman el bien y no pueden alcanzarlo aún.

Donde no existe el reconocimiento de la ley divina hay malos actos

Donde no existe ese reconocimiento de la ley divina, obran los hombres obedeciendo a los sentidos, a la pasión, al egoísmo. Al entregarse a cualquier inclinación viciosa saben que obran mal. La ley de la naturaleza clama contra ellos. Saben que su acción ha sido voluntaria y pecaminosa; pero se ha debilitado su poder para resistir en lo futuro. Su voluntad ha perdido fuerza; y otra vez cuando se presente la tentación será menor la resistencia. Entonces se forma el hábito. El castigo de cada hecho está en que, aumentando constantemente produce el mal.

Pero la conciencia no está muerta. No podremos cavar una sepultura y decirle que permanezca allí. Podremos pisotearla, pero seguirá viviendo. Cada pecado o crimen tiene su ángel vengador en el momento de su perpetración. No podemos cerrar nuestros ojos a ella, o tapar nuestros oídos. La conciencia es la que nos hace a todos cobardes. Llega un día del juicio, aun en este mundo, y entonces se nos presenta erguida, confrontándonos, y aconsejándonos que volvamos a la vida buena y honrada.

La conciencia es permanente y universal. Es la esencia misma del carácter individual. Da al hombre el dominio de sí mismo, el poder para resistir a las tentaciones y despreciarlas. Todo hombre está obligado a desarrollar su individualidad, a esforzarse en encontrar el verdadero camino de la vida y marchar sobre él. Tiene la voluntad para hacerlo así, tiene el poder para ser él mismo y no el eco de otro, ni el reflejo de bajas condiciones, ni el espíritu de convenciones corrientes. La verdadera virilidad procede del dominio sobre sí mismo, de la sujeción de las facultades inferiores para levantarse a las más elevadas condiciones de nuestro ser.

Únicamente la conciencia es la que eleva al hombre dándole libertad

La única práctica comprensiva y sostenida del dominio sobre sí mismo se adquiere por medio del ascendiente de la conciencia, en el sentido del deber cumplido. Únicamente la conciencia es la que eleva al hombre, libertándole del dominio de sus propias pasiones y tendencias. Le coloca en consonancia con los mejores intereses de su especie. La fuente más verdadera de gozo se encuentra en las sendas del deber. La fruición vendrá como el espontáneo dulcificante del trabajo, y coronará toda obra justa.

En su más completo desarrollo incita a los hombres a hacer todo aquello que los hace felices en el sentido más elevado los reprime para que no hagan aquello que los hace desgraciados. Hay pocos pueblos, entre los civilizados, o ninguno dice Herbert Spencer, que no convengan en que el bienestar humano esté conforme con la voluntad divina. La doctrina enseñada por todos nuestros maestros religiosos; está aceptada por todo escritor moralista; debemos, pues, considerarla, si temor alguno, como una verdad admitida.

Sin conciencia no puede tener el hombre ningún principio más elevado de acción que el placer. Hace lo que más le place, ya sea sensualismo o siquiera goce intelectualmente sensual. No hemos venido al mundo para seguir nuestra propia inclinación, disfrutar solamente en la satisfacción propia. Toda la constitución de la naturaleza obra contra esta idea de la vida. El espíritu jamás debiera estar sujeto a las partes menos nobles de nuestra naturaleza. No puede haber ningún dominio sobre sí mismo, excepto aquel que puede ser necesario para evitar las consecuencias de la ley humana.

La justicia es el esplendor de la virtud y la benevolencia, su compañera

Una raza constituida así, con inteligencia y pasiones tales como las que posee el hombre, y sin la influencia eminente de la conciencia para gobernar sus acciones, quedaría bien pronto entregada a una completa anarquía, y terminaría en una destrucción mutua. En parte vemos ya los resultados en el loco desenfreno en la vida humana que recientemente ha prevalecido entre los nihilistas de Alemania y de Rusia, y el fuego y la destrucción de la guerra de los comunistas en París. Predominando un principio semejante en toda la sociedad, sólo podría conducir a la más completa desmoralización individual, nacional y social.

El único método que queda es el de mandar que vuelvan los hombres a su sentimiento del deber. La tarea de nuestros padres fue la de conquistar el derecho: sea la tarea de esta generación enseñar y propagar el deber. Haced justicia también: la justicia, que es el esplendor de la virtud y la benevolencia, su compañera.

Hay una sentencia en los Evangelistas, que sin cesar se nos viene a la memoria, y que debiera ser escrita en cada página de todo libro de moral: «Haced a los otros lo que quisierais que os hicieran». En la vida, dice Guillermo de Humboldt, es digno de ser observado especialmente que cuando no estamos ansiosísimos respecto de la felicidad de la desdicha, sino que nos consagramos al cumplimiento estricto y liberal de nuestro deber, viene la felicidad espontáneamente, aún más, hasta surge del medio de una vida de congojas, aflicciones y privaciones.

El mejor gobierno es el que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos

¿Cuál es vuestro deber? pregunta Goethe. Ejecutar los asuntos del día que tenéis delante de vosotros. Pero esto es un estrechísimo punto de vista del deber. ¿Cuál es el mejor gobierno? sigue preguntando. Aquel que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos. Plutarco dijo al emperador Trajano: Haced que vuestro gobierno principie en vuestro propio pecho, y poned el cimiento de él en el dominio de vuestras propias pasiones. Aquí vienen bien las palabras dominio sobre sí mismo, deber y conciencia. Llegará un día, dijo el obispo Hooker, en que tres palabras, pronunciadas con castidad y mansedumbre, recibirán una recompensa mucho más santa que tres mil volúmenes escritos con la desdeñosa agudeza del ingenio.

La vida es de poco mérito, a no ser que esté consagrada por el deber

Hace bien al alma contemplar las acciones hechas por amor, no por propósitos egoístas, sino por deber, misericordia y amante bondad. Hay muchas cosas hechas por amor, que son mil veces mejores que aquellas que se han hecho por dinero. Las primeras inspiran el espíritu de heroísmo y de consagración propia. Las segundas mueren con la donación. Bien poca cosa vale el deber que se compra. El doctor Arnold decía: Considero que es más que toda riqueza, honor, y hasta salud, la amistad debida a las almas nobles, porque llegar a ser uno con los buenos, los generosos y los leales, es ser en cierto modo uno mismo bueno, generoso y leal.

Cada hombre tiene que prestarse un servicio, a sí mismo como individuo, y a aquellos que le rodean. En verdad, la vida es de poco mérito, a no ser que esté consagrada por el deber. Enseñad, pues, esas cualidades, dijo Marco Aurelio Antonino, que están por completo en vuestro poder: la sinceridad, la formalidad, el sufrimiento en el trabajo, la aversión al placer, el contento con vuestra parte y con pocas cosas, la benevolencia, la franqueza y la magnanimidad.

Puede existir el poder intelectual mayor sin que tenga una partícula de magnanimidad. Esta última proviene del más elevado poder del espíritu del hombre, la conciencia; y de la más elevada facultad; la razón, y la aptitud para la fe, aquella por la cual el hombre es capaz de concebir más de lo que los sentidos pueden proveer. Esto es lo que hace del hombre una criatura razonable, algo más, en fin, que un mero animal. Darwin ha dicho con mucha verdad que los móviles de la conciencia, en su relación con el arrepentimiento y los sentimientos del deber, son las diferencias más importantes que separan al hombre del animal.

La materia y sus combinaciones son un misterio como la vida

Se nos invita a creer en la potencia todopoderosa de la materia. Debemos creer solamente en aquello que podemos ver con nuestros ojos y tocar con nuestras manos. No debemos creer sino aquello que comprendamos. ¡Pero cuán poco conocemos y entendemos de un modo absoluto! Sólo vemos la superficie de las cosas como en un vidrio, obscuramente. ¿Cómo puede ayudarnos la materia a entender los misterios de la vida? Absolutamente nada sabemos sobre las causas de la volición, la sensación y la acción mental. Sabemos que existen, pero no las podemos comprender.

Cuando un joven declaró al doctor Parr que no quería creer en nada que no pudiera comprender: Entonces, señor, dijo el doctor, vuestro credo es el más corto de los que profesan todos los hombres que conozco. Pero Sídney Smith dijo algo mejor que esto. En una comida en la Mansión Holland, se proclamó un extranjero como materialista. Al poco rato observó Sídney Smith: ¡Éste es un soufflet muy bueno! Á lo cual el materialista agregó: ¡Oui, Monsieur, il est ravissant! A propósito, replicó Smith con su aplicación abrumadora de costumbre, ¿puedo preguntaros, señor, si creéis en un cocinero?

Debemos creer en mil cosas que no comprendemos. La materia y sus combinaciones son un misterio tan grande como lo es la vida. Mirad a aquellos innumerables y lejanos mundos que giran majestuosamente en sus órbitas determinadas; o a esta tierra en que vivimos, que ejecuta su movimiento diario sobre su propio eje, durante su circuito anual al rededor del sol. ¿Qué comprendemos sobre las causas de esos movimientos? ¿Qué podremos saber jamás sobre ellas, más allá de que son cosas que existen?

El saber, la magnanimidad y la energía son lazos universales

El circuito del sol en los cielos, dice Pascal, vasto como es, es en sí mismo tan sólo un punto delicado cuando se le compara con los circuitos aun más vastos que son ejecuta dos por las estrellas. Más allá del alcance de la vista, este universo no es sino un punto en el dilatado seno de la naturaleza. Sólo podemos pensar en átomos si lo comparamos con la realidad, que es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

¿Qué es el hombre en medio de este infinito? Pero existe otra perspectiva no menos sorprendente: es el infinito debajo de él. Dejadle que vea la más pequeña de las cosas que caen al alcance de su observación, una cresa. Tiene miembros, venas, sangre que circula en ellas, y lóbulos en esa sangre, humores y suero. Dentro de la cubierta de este átomo os voy á mostrar no solamente el universo visible, sino hasta la misma inmensidad de la naturaleza. Quien quiera que entregue su mente á pensamientos como éstos se aterrorizará de sí mismo temblando en donde la naturaleza le ha colocado suspendido, por decirlo así, entre lo infinito y la nada. El autor de estas maravillas las comprende, nadie sino él puede hacerlo así.

Confucio enseñaba á sus discípulos que creyeran que la conducta forma las tres cuartas partes de la vida. Ponderad la rectitud y practicad la virtud. El saber, la magnanimidad y la energía son lazos universales. La formalidad, la generosidad del alma, la sinceridad, el celo y la bondad constituyen la virtud perfecta. Estas palabras llegan hasta nosotros como el lejano eco del gran maestro de diez mil siglos. cual le llamaban sus discípulos, el santo y profético sabio Confucio.

Todas las virtudes emanan de la conciencia

Pero todas estas virtudes emanan del maestro, del instructor innato, la conciencia. De este primer principio se derivan todas las reglas de conducta. Nos ordena hacer lo que llamamos justo, y nos prohíbe hacer lo que llamamos injusto. En su completo desarrollo nos ordena que hagamos lo que hace felices á los demás, y nos prohíbe hacer lo que hace desgraciados á nuestros semejantes.

La gran lección que hay que estudiar, es que el hombre debe fortificarse para cumplir con su deber y hacer lo que es justo, buscando su felicidad y la paz interna en cosas que no se las puedan quitar. La conciencia es el combate por el cual conseguimos el dominio sobre nuestros propios defectos. Es una labor silenciosa en el hombre interno, con la cual prueba su poder peculiar de la voluntad y del espíritu de Dios.

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Todo es posible si puedes creer, Vence tus temores con la fe

La palabra fe es hermosa y a la vez poderosa; no en vano se afirma que todo es posible si se puede creer.

Aunque la fe esta descrita en las sagradas escrituras con lujo de detalles, muchas personas no pueden aplicarla a su vida de manera efectiva.

La mejor manera de conseguir tener una idea clara de lo que es una consciencia gobernada por la fe es familiarizándonos íntimamente con la literatura bíblica del mundo.

Esta es la única literatura que ha pasado la prueba del tiempo. Todos los demás escritos se convierten rápidamente en verdades anticuadas. Cada afirmación pronunciada o cada hecho registrado en la gran masa de escritos del mundo es una connotación de la sólida literatura bíblica.

El verdadero mensaje de este libro está formado por repetidas instrucciones directas sobre cómo enfocar la literatura bíblica y cómo interpretarla para llegar a tener una comprensión clara de la fe y de su influencia ilimitada en la consciencia individual.

Efector causados por el temor

Algunos temores nos atacan solo momentáneamente, pero otros pueden permanecer con nosotros toda la vida. Una persona con temor a las alturas puede sentir que su pulso se acelera cuando entra a un ascensor con paredes de vidrio y sube veinte pisos en el vestíbulo de un hotel, pero su temor termina cuando sale del ascensor hacia el pasillo del hotel.

Por otro lado, nuestros temores al fracaso, a la soledad, al rechazo, al desastre inminente o a contraer una enfermedad grave parece que nunca desaparecen. Son temores constantes enclaustrados en la mente. Son temores que atacan la vida misma. Esos son los temores a los que se refiere este libro.

Esos temores se pueden describir con lo que los lingüistas llaman «rango semántico» de palabras: miedo, preocupación, ansiedad, intimidación, perturbación, temor, intranquilidad, angustia, aprensión y otros. A veces es difícil saber exactamente cuáles de estas palabras describen mejor lo que sentimos, y realmente no importa. Cualquier término que usemos, todos estos sentimientos pueden suscitar respuestas tóxicas: inmovilización, parálisis, retraimiento, pasividad, depresión y trastornos psicosomáticos: enfermedades mentales sin causa física discernible.

El miedo casi siempre se basa en el futuro. A veces tenemos miedo porque sabemos lo que viene en el futuro, pero es más común que le temamos a lo que no sabemos del futuro. Tenemos miedo a lo que podría pasar.

Lo que la Biblia dice acerca del temor

Para entender por qué Dios es la respuesta a todos nuestros temores, debemos entender lo que la Biblia dice acerca del temor. Y dice mucho. Nos dice más de trescientas veces que no temamos. «No temas» es su mandamiento que se repite con más frecuencia. La palabra miedo aparece más de doscientas veces, y temor y terror más de cien cada una.

Los héroes bíblicos fueron personas comunes que tuvieron que aprender las mismas cosas que tú y yo tenemos que aprender: a expulsar el temor incrementando el conocimiento de Dios, a cambiar el enfoque del temor presente al Dios eterno, a reemplazar lo que no se sabe del futuro con lo que sí se sabe de Dios.

El temor es un ladrón. Erosiona nuestra fe, saquea nuestra esperanza, se roba nuestra libertad y se lleva nuestra alegría de vivir la vida abundante en Cristo. Las fobias son como los anillos de una serpiente: mientras más cedemos a ellas, más fuerte aprietan. Cansados de luchar, sucumbimos a la tentación de rendirnos a nuestros temores, pero lo que parecía una salida fácil se convierte, realmente, en una cárcel de incredulidad: una fortaleza de temor que nos mantiene cautivos.

Si has batallado con el temor, no estás solo. El temor no respeta gente ni edad. Golpea al débil y al poderoso. Atormenta al joven y al viejo, al rico y al pobre. Hasta los que parecen tenerlo todo, incluso las celebridades, los héroes y los líderes «intrépidos», confiesan tener una amplia variedad de fobias.

Tu estás a salvo en las manos de Dios

Aceptar ese maravilloso regalo de Dios es la única manera de liberarte del temor. Sí, los mismos problemas todavía devastan la tierra, y todavía tocarán tu vida, pero ya no tienes que tenerles miedo. No importa lo que te pase en este planeta, puedes vivir con la promesa de que estás a salvo en las manos de Dios, a quien conocerlo es confiar en él.

Dios es grande, maravilloso, y su misericordia es para siempre. El tiene el poder de trasformar nuestra vida; si confías en EL sentirás una infinita paz en tu corazón. Muchas personas se dejen llevar por vanas teorías, doctrinas sin sentido que lo único que tratan es de desviar nuestro corazón del verdadero amor. El amor que ofrece nuestro DIOS es completo, no existe algo similar, por tal motivo la invitación es a que luchemos con todas nuestras fuerzas para seguir en sus camino.

La evidencia más grande del amor de Dios es el hecho que, aunque nos rebelamos y merecíamos la muerte, él no quiso que muriéramos. Es difícil imaginar por qué, pero él anhela que compartamos toda la eternidad con él. Por eso encontró la solución a la condenación que el pecado había ocasionado para nosotros.

Si Dios es el único bien por excelencia, el bien en sí mismo: acudamos a Él. Solo en Dios podemos ser buenos, disfrutar de actos de bondad y ser libres de la amargura. Solo en Dios, que es bueno, podemos disfrutar de la paz, amar y ser amados. Porque Dios es bueno, solo en Él podemos disfrutar lo bueno de esta vida. Solo estando en Jesucristo podemos practicar la justicia, es decir, lo que es bueno ante los ojos de Dios.

PDF, En Casa con Dios, Neale Donald Walsch

Muy a menudo las personas se ven a sí misma haciendo algo para otros cuando en realidad lo están haciendo para sí mismas. Todos están haciendo todo para sí mismos. Cuando alcances el despertar de esta conciencia, habrás llegado a un gran descubrimiento. Y cuando comprendas que eso es verdad incluso con relación a morir, nunca volverás a tener miedo de morir. Y cuando ya no tengas miedo de morir, ya no tendrás miedo de vivir. Vivirás tu vida plenamente, justo hasta el mismo último momento.

Todos los seres humanos nacen con toda la sabiduría del universo grabada en el alma. Está en el ADN de todo. En realidad, ADN (DNA) podría entenderse perfectamente Como Conciencia Divina Natural (Divine Natural Awareness).

Toda cosa viviente tiene esta conciencia natural incorporada. Es parte del sistema. Es parte del proceso que llamamos la VIDA. Esta es la razón de que, cuando a la gente se la pone frente a frente con un saber profundo, a menudo le resulte familiar. Está de acuerdo casi al instante. No hay discusión. Sólo hay un recuerdo. Es parte de su Conciencia Divina Natural. Se dice que está “en su ADN”. Es algo así como: “Ah, sí,por supuesto”.

No tienes nada que aprender. Lo único que tienes que hacer es recordar. La vida es un proceso de crecimiento. El crecimiento es la evidencia de la presencia y la expresión de la Divinidad. Toda la vida funciona de esta forma.

La vida es un proceso por el que el alma transforma

Piensa en el árbol que ves desde tu ventana. No sabe más ahora, cuando tiene cinco metros de altura y te cubre con la sombra de su gigantesca copa, de lo que sabía cuando un minúsculo brote. Toda la información que necesitaba para convertirse en lo que es hoy estaba contenida en su semilla. No tuvo que aprender nada. Simplemente tuvo que crecer. Para crecer usó la información que estaba encerrada en su memoria celular. No eres diferente del árbol.

La religión fue creada por las culturas humanas para ayudar a los que nacieron dentro de esa cultura a saber y entender que hay una fuente de ayuda siempre presente en tiempos de necesidad, de fuerza en tiempos de desafíos, de claridad en tiempos de confusión, y de compasión en tiempos de dolor.

Tu alma está buscando experimentar lo que sabe. Tu alma sabe que nunca dejaste a Dios y está tratando de experimentar eso. La vida es un proceso por el que el alma transforma Saber en Experiencia y, cuando lo que has sabido y experimentado se vuelve una realidad sentida, ese proceso está completo. Resulta que Casa es un lugar llamado Completud.

Si te consideras una víctima, te verás como una víctima. O te consideras un villano, te verás como un villano, Pero si te consideras un co-creador en un proceso de colaboración, así será como te veas. Si consideras cada momento de tu vida –tu muerte incluida- como un regalo, lo verás como un tesoro que te servirá siempre y te llevará a la alegría. Si consideras cada acontecimiento, incluida la muerte, como una tragedia, lo llorarás para siempre, y no recibirás nada de el sino una tristeza imperecedera.

PDF, El triunfo de la fe

Este libro trata de la fe, una virtud que es el tema del capítulo primero. Sigue el capitulo segundo con el tema sobre la única fe que salva. Todas las luchas y todas las doctrinas que ocupan la atención en los capítulos tres al seis; vienen como resultado de esa fe tan segura y revolucionaria que cautivó a Lutero.

En todo el libro se oye la súplica incesante del reformador a la iglesia para que regresara a aquella sencilla fe entregada por el; SEÑOR JESUCRISTO y que predicaban los apóstoles Pedro y Pablo.

Sin duda el meollo de la lucha religiosa en que se vio envuelto Lutero tenía que ver con la fe; esa fe de la que se había apartado la Iglesia Católica Romana. Ella debía destruir el complicado andamiaje religioso basado en la tradición y no en la Biblia que por mil quinientos
años había fabricado.

Pero destruir tal estructura significaría deshacer el Vaticano; destruir todo el poderío acumulado por el Papa y sus cardenales, y regresar a la humilde sencillez de Jesucristo y de sus doce apóstoles. A esta humillación, la poderosa Iglesia Romana no estaba dispuesta a someterse. Pero por nada menos estaba dispuesta a demandar al convencido reformador; si es que la Iglesia quería convertirse en el instrumento divino para proclamar la fe que en verdad salva.

El mensaje que necesitamos es aquel que proclama una sencilla y sola fe

A su vez, el reto de Lutero para la Iglesia de su tiempo es el mismo para nosotros en el siglo XXI. El mensaje que nosotros necesitamos es aquel que proclama una sencilla y sola fe; en lo que el SEÑOR JESUCRISTO hizo por nosotros en la cruz para lograr el perdón de nuestros pecados. Ese fue el mensaje de Pablo, de Pedro y el de la iglesia primitiva.

Por ese mensaje fueron de país en país sufriendo cárceles, naufragios, asaltos, palizas, fatigas y dolores con el fin de que el mundo conociera a Cristo; jamás para crear riquezas y prestigio personales ni poder político. Y por nuestra tendencia de siempre crear “otro evangelio” es por lo que debemos recordar que aquel antiguo evangelio es el que necesitamos hoy, a saber, cómo salvarnos de nuestros pecados, cómo vivir aquí y ahora de manera que agrade a Dios, cómo prepararnos para el cielo eterno.

Se pudiera decir que al expulsar a Martín Lutero de la Iglesia Católica, fue el mismo Papa León X junto con sus cardenales y obispos quien en forma indirecta comenzó la Iglesia Evangélica moderna. Dios usó, de manera maravillosa, a este extraordinario y estudioso fraile de Erfurt para iniciar un movimiento de regreso a la Biblia que se extendería por el mundo entero. Hoy los evangélicos se conocen con muchos nombres, pero no importa cuál nombre escojamos bautista, presbiteriano, nazareno, luterano, cuadrangular, metodista, es a Martín Lutero a quien todos, por la gracia de Dios, debemos nuestra existencia como evangélicos. Quizás la herencia más importante que nos dejó es el apego a la Biblia como única autoridad de fe y de práctica. Su fidelidad a Dios.