PDF, El Libro Negro de los Secretos de Entrenamiento

Durante los últimos años entusiastas del entrenamiento de fuerza; y adeptos del “cuerpo bonito”, han sido consentidos. Hoy, más que nunca, existe un gran número de programas de entrenamiento efectivos disponibles para todos aquellos deseando mejorar su cuerpo o sus capacidades.

Mientras que tener una habitación repleta de los últimos y mejores programas de entrenamiento es algo bueno, ya que le brinda a usted un manojo entero de opciones; siempre he pensado que es mejor entender el “porqué” antes que simplemente conocer el “cómo”.

¡Si usted sabe porqué un cierto enfoque de entrenamiento funciona bien, le permitirá diseñar programas de entrenamiento que serán tan efectivos como cualquier otro! ¡Por supuesto, la mayoría de las autoridades sobre entrenamiento no le dejarán entrar en el secreto “porqué” debido a que desean permanecer imprescindibles!.

Conocer las fortalezas y debilidades de tus atletas es muy importante

Si usted desea diseñar un programa que le brinde los mejores resultados posibles, debe conocer las necesidades y capacidades de su cliente, o las suyas. Programas de entrenamiento listos para usar pueden resultar un gran problema para algunos individuos. Si bien pueden ser buenos, cuando se refiere a alcanzar el máximo rendimiento usted debe hacer un programa perfectamente a medida para el cliente, o para usted.

Conocer las fortalezas y debilidades relativas del atleta le permitirá a usted escoger los métodos de entrenamiento que mejor se ajusten a sus necesidades. Por ejemplo, un individuo con un sistema nervioso poco eficiente se beneficiará de medios de entrenamiento que aumenten su conducción nerviosa. Otro atleta puede tener un sistema nervioso muy eficiente, pero una baja cantidad de masa muscular. Este atleta se beneficiará con un aumento en el “tamaño de su motor”.

Además, algunos individuos poseen lo que se denominan “desequilibrios musculares”. Si los músculos agonistas y antagonistas de la misma articulación se encuentran desequilibrados puede aumentar el riesgo de lesión. Conocer qué músculos son demasiado débiles comparados con su antagonista, le permitirá a usted escoger los ejercicios que no solo mejoren el rendimiento; sino que además reduzcan la posibilidad de lesión.

¡Un individuo que quiera ganar mucho músculo no entrenará del mismo modo que un velocista! Es importante conocer el o los objetivos finales de su atleta y planificar el programa de entrenamiento en consecuencia. Muchas personas son seducidas por la última “manía” de entrenamiento y saltan de una manía a otra, jamás preguntándose si eso es realmente adecuado para sus objetivos o no.

Analizar bien la constitución fisiológica

Conocer la proporción de fibras musculares puede ayudarle a diseñar un programa de entrenamiento más efectivo. Individuos en los que predominan las fibras de contracción lenta se beneficiarán más de altos volúmenes de entrenamiento, mientras que en los que predominan las fibras de contracción rápida progresarán más con un programa de entrenamiento de volumen más bajo, más alta intensidad y más alta aceleración.

La postura del atleta es también algo importante de analizar. Piense en su postura como las ruedas de un automóvil; si una de sus cubiertas está ligeramente desalineada reducirá el rendimiento de su automóvil así como acarreará a un cierto sobreuso. Si usted conduce solo 15-30 kilómetros por día es probable que no sea un gran problema, sin embargo si usted conduce 150-300 kilómetros por día los problemas surgirán muy rápidamente.

Lo mismo ocurre con un atleta. El mismo desalineamiento postural se produce para un atleta debido a las grandes demandas que coloca sobre su cuerpo. Si bien alcanzar una postura perfecta no siempre es posible, reducir el desalineamiento tanto como sea viable forjará una carrera más larga y productiva.

Para individuos que solo buscan tener un cuerpo bello, una buena postura crea realmente un efecto positivo en el modo en que usted se ve. Una postura pobre puede hacerlo ver como un desgarbado, incluso si su masa muscular es mucha y su grasa corporal poca.

Evaluando la eficacia del sistema nervioso

Evaluar la eficacia del sistema nervioso es más difícil porque resulta imposible para un entrenador cuantificar la conducción nerviosa real a los músculos. Sin embargo podemos estimar la eficacia del sistema nervioso indirectamente utilizando el déficit de fuerza.

Ya se ha explicado que el déficit de fuerza es la diferencia entre el potencial de producción de fuerza de sus músculos y la verdadera fuerza máxima que producen. ¿Cómo puede esto indicarnos la eficacia del sistema nervioso? Es muy simple.

Un déficit grande de fuerza significa que usted no utiliza la mayor parte del potencial de sus músculos. Esto indica que su sistema nervioso no tiene la capacidad de reclutar gran cantidad de unidades motoras, así que es menos eficaz. Un pequeño déficit de fuerza significa que usted puede utilizar una gran proporción del potencial de sus músculos, por lo que su sistema nervioso es más eficaz.

Un individuo con un importante déficit de fuerza se beneficiará más de técnicas de entrenamiento que acentúen la mejora de la porción neuromuscular de la producción de fuerza, mientras un individuo con un déficit de fuerza pequeño se beneficiará hasta cierto punto del incremento de su masa muscular. Sin embargo, sin importar el déficit de fuerza, los métodos de entrenamiento dirigidos al desarrollo de los factores neuromusculares deben constituir la base de un programa de entrenamiento atlético.

El equilibrio de la fuerza

La producción de fuerza es la base para la mayoría de las acciones deportivas. Sin producción de fuerza no existe movimiento. Debemos distinguir entre dos acepciones de fuerza a menudo incorrectamente confundidas una con otra.

Fuerza como capacidad de producir tensión durante una contracción muscular, y Fuerza en sí misma como resultado de la tensión producida por el músculo, la que permite luchar contra la inercia, mover una masa, o acelerarla.

Sin producción de fuerza uno no puede mover su cuerpo en el espacio, no puede superar a una adversario, no puede acelerar, básicamente no puede hacer nada que involucre movimiento.

Como resultado, es capital desarrollar la capacidad de crear tensión muscular y producir fuerza si uno desea ser un atleta exitoso. La capacidad de producir fuerza es a menudo asociada con músculos grandes. Si bien es cierto que un músculo tiene un potencial de producción de fuerza proporcional a su sección transversal, uno no puede negar la importancia de los factores neuromusculares implicados en la producción de fuerza.

(Fragmentos) Mujeres que ya no sufren por amor, Coral Herrera

Una de las experiencias más hermosas y alucinantes de la vida es enamorarse de alguien y ser correspondida. Querer y que te quieran, estar en el mismo momento, en la misma onda, con la misma energía puesta en el amor; con la misma curiosidad y fascinación que la otra persona.

Tener el mismo ritmo, las mismas ganas, la misma ilusión, y parecidas ideas sobre el amor y la pareja. Que nos apetezca a los dos lo mismo, que nos pase a los dos lo mismo; que nos veamos los dos inundados de la borrachera del enamoramiento a la vez.

Es bien difícil que esto ocurra, porque todos llegamos al amor con nuestros miedos, resistencias, intereses y deseos, y con nuestro pasado a las espaldas. Y lo más complicado es que dure: cuando nos vamos conociendo mejor y va disminuyendo la intensidad de la borrachera, empiezan los problemas.

Los humanos nos juntamos para probar, pero en lugar de vivir con alegría esa incertidumbre de no saber si la relación funcionará o no; solemos sumergirnos en la ilusión de haber encontrado “por fin” a nuestra media naranja. Y sufrimos mucho cuando nos damos cuenta de que con esa persona tampoco logramos la fusión romántica ni alcanzamos el amor absoluto.

Lo realmente extraño es cuando sí lo alcanzamos. Cuando podemos seguir la fiesta del amor sin muros, sin obstáculos, sin peros, sin miedos; si ambos permanecemos desnudos y con el corazón abierto; cuando nuestra vida sigue inundada de risas, de caricias, de juegos, de conversaciones profundas, de abrazos, de sesiones increíbles de sexo… entonces no queda otra que disfrutar de la historia de amor.

Para disfrutar del amor se necesita entrenamiento

Sin embargo, no todo el mundo lo logra: hay gente que no sabe qué hacer cuando se presenta la felicidad, así como así, sin avisar. Pienso, por ejemplo, en esas parejas adictas al drama que, aunque se aman locamente se inventan problemas para no aburrirse; y entran en un círculo vicioso de peleas y reconciliaciones con el único objetivo de mantener la intensidad de las emociones.

Disfrutar del amor es un arte que requiere de mucho entrenamiento. Para poder vivirlo con alegría y placer necesitamos herramientas que nos permitan querernos bien; cuidar y alimentar nuestra relación el tiempo que dure, y cerrar la historia con el mismo amor con el que la empezamos.

Las relaciones de pareja no son tan maravillosas, ni tan fáciles, ni tan perfectas como en los mitos. Pero seguimos soñando con el amor total, y fantaseamos con encontrar a alguien que nos quiera incondicionalmente, y para siempre. Ese alguien que nos haga compañía hasta el final de nuestros días; que esté en las buenas y en las malas, que nos apoye en todo que nos acune y nos sostenga cuando el mundo se nos venga encima.

Anhelamos una relación que nos proporcione estabilidad, que nos haga sentir seguras, protegidas, y cuidadas. Que nos autorrealice como mujeres, que nos haga sentir plenas y nos permita dar lo mejor de nosotras mismas.

El amor de pareja no es inmutable, está vivo y cambia

Es un deseo muy íntimo y a veces nos cuesta reconocernos a nosotras mismas cuán profundamente arraigado está en nuestros corazones. Sabemos que el amor de pareja no es inmutable, ni puro, ni absoluto. Está vivo y cambia, evoluciona, se transforma, a veces se estropea de golpe, otras veces se va desgastando con el tiempo. En la realidad, el amor de pareja dura un ratito, un mes, diez años, y no es tan maravilloso como nos cuentan en las películas. Pero claro, son muchos años escuchando el mismo cuento sobre las mitades que se encuentran y se fusionan en el amor.

Somos conscientes de que el amor hay que trabajarlo, hay que alimentarlo, hay que construirlo; y para mantener una pareja se necesitan toneladas de generosidad, de ternura, de empatía, de solidaridad. Todas las parejas tienen que elaborar sus pactos para convivir, para formar equipo frente al mundo, para criar hijos e hijas, si los hay.

Estos pactos se van revisando conforme vamos evolucionando. A veces no se encuentran motivos suficientes para seguir con ellos; a veces la ruptura de esos pactos por parte de uno de los dos miembros de la pareja hace que la relación estalle en mil pedazos.

La mayor parte de los problemas emocionales tienen que ver con el sufrimiento que nos causa la falta de amor. Pero no les damos importancia porque nos hacen creer; que estos son problemas individuales a los que tenemos que hacer frente solas y solos, cuando en realidad es un problema colectivo de extrema gravedad. Vivimos en un mundo cada vez más individualista y deshumanizado.

El miedo al abandono, al rechazo y a la soledad es un miedo universal

Los adultos seguimos siendo bebés que necesitan desesperadamente que los cuiden y los amen. La carencia de afecto es el mayor de los sufrimientos que experimenta el ser humano, junto con las pérdidas de seres queridos. El miedo al abandono, al rechazo y a la soledad es un miedo universal. Dependemos de los demás al principio y al final de nuestras vidas; somos seres sociables cuya supervivencia depende de las redes humanas de cuidado y afectos.

El romanticismo nos hace creer que es posible volver a sentir la fusión total; que experimentamos en el vientre materno y durante algunos meses más de vida; en los que creíamos que éramos la misma persona que mamá. No importa si lo vivimos durante cinco minutos o durante cinco años de nuestra vida: todas; todos soñamos con ser queridos así, sin condiciones, sin límites, sin miedos.

Este anhelo de fusión es muy humano, pero es un espejismo. El amor no es incondicional, o no debería serlo: si no hay condiciones para amar, si amar duele, si no nos tratan bien; si abusan de nosotros, entonces no es posible construir una relación amorosa.

No somos seres perfectos, y nuestra forma de querernos tampoco lo es. Nada es eterno, y el amor tampoco lo es, porque es una energía viva que crece, disminuye, desaparece o se multiplica. Por eso el amor no es inmutable, ni tampoco es mágico: no es fácil quererse bien. Las relaciones humanas son conflictivas y, a veces, muy dolorosas, y requieren de mucha empatía, asertividad, generosidad; y habilidades sociales para elaborar pactos de convivencia y para resolver problemas.

Creer que el amor lo cura todo hace mucho daño

El mito de la omnipotencia del amor nos hace mucho daño, porque nos hace creer que no importa que ese hombre no te trate bien o no te valore: si tú persistes en tu empeño, si eres paciente y bondadosa, si te muestras sumisa y desvalida, al final él se dará cuenta de lo mucho que vales, de lo especial que eres y de lo grandiosos y puros que son tus sentimientos.

La recompensa por amar con tanta devoción es que seremos correspondidas en algún momento. Y así es como el amor nos atrapa, haciéndonos creer que el sacrificio merece la pena y que él no podrá resistirse a la idea de ser amado con tanta abnegación y entrega.

Por eso el amor es una trampa: millones de mujeres se enamoran de donjuanes creyendo que el amor los transformará en hombres monógamos, fieles y honestos. Otras tantas creen a los hombres casados, aunque pasen años prometiendo que el próximo mes se divorciarán de sus esposas. También hay muchas que aguantan la violencia de su pareja creyendo que en algún momento algo ocurrirá y él cambiará. Así es como interiorizamos el patriarcado: nos auto engañamos para auto boicotearnos, y para hacernos daño a nosotras mismas.

Además, buscamos la salvación adoptando el rol de salvadoras, de mujeres que te solucionan todos los problemas, de esposas-madres que lo dan todo por sus hijos. Por eso hay tantas mujeres que creen que podrán curar al alcohólico, al ludópata, al corrupto, al mentiroso, al problemático… Salvar a otra persona no es un acto puramente altruista: lo hacemos para obtener a cambio su agradecimiento infinito y eterno, su lealtad y su amor.

La Conciencia, Samuel Smiles

Hay una palabra más fuerte que la de libertad, y ésta es conciencia. Desde el principio de la civilización ha sido reconocido el poder de esta palabra. Menandro, el poeta griego que vivía trescientos años antes que Jesucristo, lo reconocía debidamente. En nuestro propio pecho, decía, tenemos un Dios; nuestra conciencia. En otra parte dice: No es vivir, vivir para sí mismo. Cuando hagáis lo que es sagrado, hacedlo alegremente, sabiendo que Dios mismo toma parte con legitimo valor. Un corazón generoso es la gran cosa que necesita el hombre.

La conciencia es aquella facultad peculiar del alma que pudiera llamarse el instinto religioso. Revelase primeramente cuando notamos la lucha en nosotros mismos entre una naturaleza elevada y una baja el espíritu batallando contra la carne del buen esfuerzo para el dominio sobre el mal. Dirigid la vista adonde queráis, en la Iglesia o fuera de la Iglesia, siempre continúa la misma lucha, guerra a vida o muerte; hombres y mujeres atormentados por la inquietud, porque aman el bien y no pueden alcanzarlo aún.

Donde no existe el reconocimiento de la ley divina hay malos actos

Donde no existe ese reconocimiento de la ley divina, obran los hombres obedeciendo a los sentidos, a la pasión, al egoísmo. Al entregarse a cualquier inclinación viciosa saben que obran mal. La ley de la naturaleza clama contra ellos. Saben que su acción ha sido voluntaria y pecaminosa; pero se ha debilitado su poder para resistir en lo futuro. Su voluntad ha perdido fuerza; y otra vez cuando se presente la tentación será menor la resistencia. Entonces se forma el hábito. El castigo de cada hecho está en que, aumentando constantemente produce el mal.

Pero la conciencia no está muerta. No podremos cavar una sepultura y decirle que permanezca allí. Podremos pisotearla, pero seguirá viviendo. Cada pecado o crimen tiene su ángel vengador en el momento de su perpetración. No podemos cerrar nuestros ojos a ella, o tapar nuestros oídos. La conciencia es la que nos hace a todos cobardes. Llega un día del juicio, aun en este mundo, y entonces se nos presenta erguida, confrontándonos, y aconsejándonos que volvamos a la vida buena y honrada.

La conciencia es permanente y universal. Es la esencia misma del carácter individual. Da al hombre el dominio de sí mismo, el poder para resistir a las tentaciones y despreciarlas. Todo hombre está obligado a desarrollar su individualidad, a esforzarse en encontrar el verdadero camino de la vida y marchar sobre él. Tiene la voluntad para hacerlo así, tiene el poder para ser él mismo y no el eco de otro, ni el reflejo de bajas condiciones, ni el espíritu de convenciones corrientes. La verdadera virilidad procede del dominio sobre sí mismo, de la sujeción de las facultades inferiores para levantarse a las más elevadas condiciones de nuestro ser.

Únicamente la conciencia es la que eleva al hombre dándole libertad

La única práctica comprensiva y sostenida del dominio sobre sí mismo se adquiere por medio del ascendiente de la conciencia, en el sentido del deber cumplido. Únicamente la conciencia es la que eleva al hombre, libertándole del dominio de sus propias pasiones y tendencias. Le coloca en consonancia con los mejores intereses de su especie. La fuente más verdadera de gozo se encuentra en las sendas del deber. La fruición vendrá como el espontáneo dulcificante del trabajo, y coronará toda obra justa.

En su más completo desarrollo incita a los hombres a hacer todo aquello que los hace felices en el sentido más elevado los reprime para que no hagan aquello que los hace desgraciados. Hay pocos pueblos, entre los civilizados, o ninguno dice Herbert Spencer, que no convengan en que el bienestar humano esté conforme con la voluntad divina. La doctrina enseñada por todos nuestros maestros religiosos; está aceptada por todo escritor moralista; debemos, pues, considerarla, si temor alguno, como una verdad admitida.

Sin conciencia no puede tener el hombre ningún principio más elevado de acción que el placer. Hace lo que más le place, ya sea sensualismo o siquiera goce intelectualmente sensual. No hemos venido al mundo para seguir nuestra propia inclinación, disfrutar solamente en la satisfacción propia. Toda la constitución de la naturaleza obra contra esta idea de la vida. El espíritu jamás debiera estar sujeto a las partes menos nobles de nuestra naturaleza. No puede haber ningún dominio sobre sí mismo, excepto aquel que puede ser necesario para evitar las consecuencias de la ley humana.

La justicia es el esplendor de la virtud y la benevolencia, su compañera

Una raza constituida así, con inteligencia y pasiones tales como las que posee el hombre, y sin la influencia eminente de la conciencia para gobernar sus acciones, quedaría bien pronto entregada a una completa anarquía, y terminaría en una destrucción mutua. En parte vemos ya los resultados en el loco desenfreno en la vida humana que recientemente ha prevalecido entre los nihilistas de Alemania y de Rusia, y el fuego y la destrucción de la guerra de los comunistas en París. Predominando un principio semejante en toda la sociedad, sólo podría conducir a la más completa desmoralización individual, nacional y social.

El único método que queda es el de mandar que vuelvan los hombres a su sentimiento del deber. La tarea de nuestros padres fue la de conquistar el derecho: sea la tarea de esta generación enseñar y propagar el deber. Haced justicia también: la justicia, que es el esplendor de la virtud y la benevolencia, su compañera.

Hay una sentencia en los Evangelistas, que sin cesar se nos viene a la memoria, y que debiera ser escrita en cada página de todo libro de moral: «Haced a los otros lo que quisierais que os hicieran». En la vida, dice Guillermo de Humboldt, es digno de ser observado especialmente que cuando no estamos ansiosísimos respecto de la felicidad de la desdicha, sino que nos consagramos al cumplimiento estricto y liberal de nuestro deber, viene la felicidad espontáneamente, aún más, hasta surge del medio de una vida de congojas, aflicciones y privaciones.

El mejor gobierno es el que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos

¿Cuál es vuestro deber? pregunta Goethe. Ejecutar los asuntos del día que tenéis delante de vosotros. Pero esto es un estrechísimo punto de vista del deber. ¿Cuál es el mejor gobierno? sigue preguntando. Aquel que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos. Plutarco dijo al emperador Trajano: Haced que vuestro gobierno principie en vuestro propio pecho, y poned el cimiento de él en el dominio de vuestras propias pasiones. Aquí vienen bien las palabras dominio sobre sí mismo, deber y conciencia. Llegará un día, dijo el obispo Hooker, en que tres palabras, pronunciadas con castidad y mansedumbre, recibirán una recompensa mucho más santa que tres mil volúmenes escritos con la desdeñosa agudeza del ingenio.

La vida es de poco mérito, a no ser que esté consagrada por el deber

Hace bien al alma contemplar las acciones hechas por amor, no por propósitos egoístas, sino por deber, misericordia y amante bondad. Hay muchas cosas hechas por amor, que son mil veces mejores que aquellas que se han hecho por dinero. Las primeras inspiran el espíritu de heroísmo y de consagración propia. Las segundas mueren con la donación. Bien poca cosa vale el deber que se compra. El doctor Arnold decía: Considero que es más que toda riqueza, honor, y hasta salud, la amistad debida a las almas nobles, porque llegar a ser uno con los buenos, los generosos y los leales, es ser en cierto modo uno mismo bueno, generoso y leal.

Cada hombre tiene que prestarse un servicio, a sí mismo como individuo, y a aquellos que le rodean. En verdad, la vida es de poco mérito, a no ser que esté consagrada por el deber. Enseñad, pues, esas cualidades, dijo Marco Aurelio Antonino, que están por completo en vuestro poder: la sinceridad, la formalidad, el sufrimiento en el trabajo, la aversión al placer, el contento con vuestra parte y con pocas cosas, la benevolencia, la franqueza y la magnanimidad.

Puede existir el poder intelectual mayor sin que tenga una partícula de magnanimidad. Esta última proviene del más elevado poder del espíritu del hombre, la conciencia; y de la más elevada facultad; la razón, y la aptitud para la fe, aquella por la cual el hombre es capaz de concebir más de lo que los sentidos pueden proveer. Esto es lo que hace del hombre una criatura razonable, algo más, en fin, que un mero animal. Darwin ha dicho con mucha verdad que los móviles de la conciencia, en su relación con el arrepentimiento y los sentimientos del deber, son las diferencias más importantes que separan al hombre del animal.

La materia y sus combinaciones son un misterio como la vida

Se nos invita a creer en la potencia todopoderosa de la materia. Debemos creer solamente en aquello que podemos ver con nuestros ojos y tocar con nuestras manos. No debemos creer sino aquello que comprendamos. ¡Pero cuán poco conocemos y entendemos de un modo absoluto! Sólo vemos la superficie de las cosas como en un vidrio, obscuramente. ¿Cómo puede ayudarnos la materia a entender los misterios de la vida? Absolutamente nada sabemos sobre las causas de la volición, la sensación y la acción mental. Sabemos que existen, pero no las podemos comprender.

Cuando un joven declaró al doctor Parr que no quería creer en nada que no pudiera comprender: Entonces, señor, dijo el doctor, vuestro credo es el más corto de los que profesan todos los hombres que conozco. Pero Sídney Smith dijo algo mejor que esto. En una comida en la Mansión Holland, se proclamó un extranjero como materialista. Al poco rato observó Sídney Smith: ¡Éste es un soufflet muy bueno! Á lo cual el materialista agregó: ¡Oui, Monsieur, il est ravissant! A propósito, replicó Smith con su aplicación abrumadora de costumbre, ¿puedo preguntaros, señor, si creéis en un cocinero?

Debemos creer en mil cosas que no comprendemos. La materia y sus combinaciones son un misterio tan grande como lo es la vida. Mirad a aquellos innumerables y lejanos mundos que giran majestuosamente en sus órbitas determinadas; o a esta tierra en que vivimos, que ejecuta su movimiento diario sobre su propio eje, durante su circuito anual al rededor del sol. ¿Qué comprendemos sobre las causas de esos movimientos? ¿Qué podremos saber jamás sobre ellas, más allá de que son cosas que existen?

El saber, la magnanimidad y la energía son lazos universales

El circuito del sol en los cielos, dice Pascal, vasto como es, es en sí mismo tan sólo un punto delicado cuando se le compara con los circuitos aun más vastos que son ejecuta dos por las estrellas. Más allá del alcance de la vista, este universo no es sino un punto en el dilatado seno de la naturaleza. Sólo podemos pensar en átomos si lo comparamos con la realidad, que es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

¿Qué es el hombre en medio de este infinito? Pero existe otra perspectiva no menos sorprendente: es el infinito debajo de él. Dejadle que vea la más pequeña de las cosas que caen al alcance de su observación, una cresa. Tiene miembros, venas, sangre que circula en ellas, y lóbulos en esa sangre, humores y suero. Dentro de la cubierta de este átomo os voy á mostrar no solamente el universo visible, sino hasta la misma inmensidad de la naturaleza. Quien quiera que entregue su mente á pensamientos como éstos se aterrorizará de sí mismo temblando en donde la naturaleza le ha colocado suspendido, por decirlo así, entre lo infinito y la nada. El autor de estas maravillas las comprende, nadie sino él puede hacerlo así.

Confucio enseñaba á sus discípulos que creyeran que la conducta forma las tres cuartas partes de la vida. Ponderad la rectitud y practicad la virtud. El saber, la magnanimidad y la energía son lazos universales. La formalidad, la generosidad del alma, la sinceridad, el celo y la bondad constituyen la virtud perfecta. Estas palabras llegan hasta nosotros como el lejano eco del gran maestro de diez mil siglos. cual le llamaban sus discípulos, el santo y profético sabio Confucio.

Todas las virtudes emanan de la conciencia

Pero todas estas virtudes emanan del maestro, del instructor innato, la conciencia. De este primer principio se derivan todas las reglas de conducta. Nos ordena hacer lo que llamamos justo, y nos prohíbe hacer lo que llamamos injusto. En su completo desarrollo nos ordena que hagamos lo que hace felices á los demás, y nos prohíbe hacer lo que hace desgraciados á nuestros semejantes.

La gran lección que hay que estudiar, es que el hombre debe fortificarse para cumplir con su deber y hacer lo que es justo, buscando su felicidad y la paz interna en cosas que no se las puedan quitar. La conciencia es el combate por el cual conseguimos el dominio sobre nuestros propios defectos. Es una labor silenciosa en el hombre interno, con la cual prueba su poder peculiar de la voluntad y del espíritu de Dios.

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PDF, La ley del éxito, Paramahansa Yogananda

El motor de todos tus poderes es la fuerza de voluntad

Para triunfar en cualquier empresa, además de mantener tus pensamientos en un nivel positivo; debes emplear paralelamente el poder de la voluntad y una actividad continua. Todo el mundo de las manifestaciones externas no es sino el producto de la voluntad; mas dicho poder no siempre es empleado en forma consciente. Así como existe una voluntad consciente, existe también una voluntad mecánica. El motor de todos tus poderes es la volición, la “fuerza de voluntad”. Sin ella no puedes caminar, conversar, trabajar, pensar o sentir.

La voluntad es, pues, la fuente de donde brotan todas tus acciones. Si quisieras suspender el ejercicio de la voluntad, sería preciso que permanecieses tanto física como mentalmente en la inactividad más absoluta; ya que en el mero acto de mover una mano, por ejemplo, estas haciendo uso de la voluntad. De hecho es imposible vivir sin hacer uso de esta fuerza.

La voluntad mecánica consiste en el empleo del poder la voluntad en forma inconsciente. La voluntad consciente es una fuerza vital que se acompaña siempre de determinación y de esfuerzo; es un motor que te entrenas en ejercer la voluntad en forma consciente; y no mecánica, debes paralelamente asegurarte que los objetivos perseguidos por tal voluntad sean constructivos y valiosos.

Con el objeto de desarrollar el poder dinámico de la voluntad; es útil proponerse realizar alguna de las cosas que te hayan parecido irrealizables hasta aquí, comenzando primero por las más simples; luego, a medida que tu confianza se fortalece y tu voluntad se torna mas dinámica, puedes intentar realizaciones más difíciles. Una vez que estés seguro de haber elegido bien tu meta, no debes aceptar por ningún motivo someterte al fracaso. Ha de dedicarse toda la fuerza de la voluntad a la consecución de un solo objetivo a la vez; sin dejar jamás algo a medio acabar para emprender algo nuevo; se evita así la dispersión de energías.

Puedes controlar tu destino

La mente es la creadora de todo. Es por ello que deberías dirigir tu mente en tal forma que solo cree el bien. Si te aferras a un determinado pensamiento, aplicando en ello tu fuerza de voluntad dinámica; dicho pensamiento llegará finalmente a manifestarse en forma externa y tangible. Y es así que, cuando eres capaz de utilizar tu voluntad con fines únicamente constructivos, te conviertes en el amo de tu propio destino.

Se han mencionado recientemente tres importantes vías a través de las cuales es posible activar la voluntad, tornándola verdaderamente dinámica:

  1. ) elige una tarea sencilla o alguna actividad que jamás hayas dominado bien, y proponte desarrollarla en forma exitosa.
  2. ) asegúrate de que tu elección haya recaído sobre algo factible y constructivo a la vez, rechazando toda idea de fracaso.
  3. ) concéntrate en un solo objetivo, aplicando todas tus capacidades y aprovechando cuanta oportunidad se te presente para materializar tu propósito.

Mas debes siempre procurar obtener la certeza interior; nacida de la serena profundidad de tu más intimo ser de que lo que persigues es algo correcto; que te conviene conseguir y que está de acuerdo con los designios divinos. Una vez obtenida dicha seguridad, puedes entonces aplicar toda la fuerza de tu voluntad para así alcanzar tu objetivo; pero manteniendo siempre tus pensamientos concentrados en Dios: la fuente suprema de todo poder y de toda realización.

La Mente Universal es perfecta y no conoce carencia alguna

Tal como todo poder yace en la voluntad divina, así también todo don espiritual y material fluye de la inagotable fecundidad divina. Con el objeto de capacitarte para recibir los dones de Dios, debes desterrar de tu mente toda idea de limitación y de pobreza.

La Mente Universal es perfecta y no conoce carencia alguna; si deseas ponerte en contacto con tan infalible fuente de abastecimiento, debes mantener en tu mente una conciencia de abundancia; aun cuando no sepas de donde podrá llegarte el próximo centavo, evita toda aprensión. Si realizas tu parte en la faena, confiando en que Dios realizará la suya; descubrirás que misteriosas fuerzas vienen en tu ayuda, y que tus deseos constructivos se materializan prontamente.

Semejante confianza, así como también una conciencia de abundancia, se logran por medio de la meditación. Puesto que Dios es la fuente de todo poder, paz y prosperidad; no persigas tus deseos ni te pongas en acción jamás, sin comulgar con Él primero. Al proceder de ésta forma, pondrás tanto tu voluntad como tu actividad en la disposición adecuada para conquistar las más altas metas.

Tal como no puedes transmitir ningún mensaje a través de un micrófono arruinado; tampoco es posible emitir plegaria alguna mediante un micrófono mental descompuesto por la inquietud. Repara, por lo tanto, tu micrófono mental y aumenta la receptividad de tu intuición, por medio del ejercicio de una profunda calma interior; de esta forma te capacitarás tanto para transmitirle tus mensajes a Dios de manera efectiva, como para recibir sus respuestas.

Permite que el poder de Dios guie tus esfuerzos

Pon en acción el poder que ya tienes, empleándolo en propósitos constructivos, y desarrollaras así mayor poder. Avanza en tu sendero con una actitud de inquebrantable determinación, empleando todos los atributos del éxito en tu empresa. Sintonízate con el Poder Creador del espíritu. Estarás entonces en contacto con la Inteligencia Infinita, capaz de guiarte y de resolver todos los problemas.

Antes de decidir cualquier asunto de trascendencia, siéntate en silencio, pidiéndole al Padre su bendición. Si obras así, en el fondo de tu mente, estará su Mente; y en el fondo de tu voluntad, Su Voluntad. No puedes fracasar si Dios trabaja contigo; y cuando así sucede, todas tus facultades aumentan su poder. Cada vez que realizas tu trabajo con la idea de servir a Dios, recibes sus bendiciones.

Aun cuando tu trabajo en esta vida sea humilde, no te sientas obligado a justificarte por ello; siéntete mas bien orgulloso de estar cumpliendo con la tarea que el Padre te ha dado. Mientras trabajes con el objeto de complacer a Dios, todas las fuerzas cósmicas colaborarán armoniosamente contigo.

Cuando convenzas a Dios de que le deseas a Él por encima de todo, estarás en armonía con Su Voluntad. Cuando continúas buscándole, a pesar de todos los obstáculos que surgen a tu paso para alejarte de Él; ésta es la voluntad humana en su forma más altamente constructiva. Y es en ésta forma como pondrás en acción la Ley del Éxito.

El Poder Divino está en tus manos, si realizas un decidido esfuerzo por hacer uso de el para alcanzar la salud, la felicidad y la paz. En la medida en que abarque éstas metas en tu vida, avanzarás ciertamente por el camino de la autorrealización (o realización de tu ser espiritual), hacia tu verdadera morada en el Señor…