Arte, mente y cerebro, PDF – Howard Gardner

Desarrollo cerebral, Creatividad

Veinte años atrás la psicología aparecía como un campo más bien remoto y estéril para las personas interesadas en el uso pleno y creativo de la mente. Este campo abarcaba tres especializaciones poco estimulantes.

Estaba la psicología académica, que incluía el empleo de ingeniosos aparatos de laboratorio. ara estudiar la percepción de ilusiones ópticas, o la memorización de largas listas de sílabas sin sentido.

Esa clase de estudios guarda escasa relación con la consideración de la actividad pensante del ser humano. Estaba también el conductismo, que era el enfoque surgido del trabajo con ratas y palomas. Los conductistas sostenían que los hombres actuamos del modo en que lo hacemos porque los refuerzos que recibimos nos inducen a ello.

Puesto que se centraban en la actividad manifiesta, estos estudiosos negaban la vida interior: no había pensamientos, ni fantasías, ni aspiraciones. Por último, estaba el psicoanálisis, que ofrecía no sólo un método discutido de tratamiento, sino también una teoría englobante de la naturaleza humana.

Si bien el psicoanálisis tenía una grandeza. Y una profundidad de las que carecían; tanto la psicología académica; como el conductismo pone el acento en la personalidad humana; y en la motivación inconsciente. Al tiempo que decía muy poco, acerca de los procesos del pensamiento racional; o de la resolución consciente de problemas.

La revolución cognitiva se produjo en dos etapas. Primero llegó el franco reconocimiento de que se podía y se debía tomar en serio los procesos mentales del hombre; incluyendo el pensamiento, la resolución de problemas y la creación. El estudio de la mente recobró su status científico.

Deja un comentario